Olas mediáticas

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Contrastan los dos documentos que hicieron olas gigantes a nivel mundial la semana pasada: los Panama Papers y la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco.

Los Panama Papers se elaboraron a partir de bases de datos y archivos filtrados, obtenidos ilegalmente. Es un saco roto armado por varios periodistas y huele a conspiración, chismorreo y voyerismo. Es controversial hasta el oculto financista de la investigación: señalan al gobierno de Estados Unidos, a George Soros, o al ministro de finanzas de Alemania… Dado que en la mayoría de países es perfectamente legal constituir empresas off shore, la tarea pendiente es detectar la cizaña entre el trigo sano: identificar a los gobernantes y sujetos corruptos que esconden dinero mal habido. Sin embargo, se aborda con tanto alarmismo el asunto que arroja sospecha sobre todo lo financiero y comercial. Los “expertos” y los mismos políticos no tardaron en demandar más regulaciones y prohibiciones, entre ellos el fin del secreto bancario. En última instancia, empobrecerán aún más a los ciudadanos comunes.

Además de coincidir en el tiempo, los Panama Papers se parecen a Amoris Laetitia en tres aspectos. Primero, la exhortación apostólica es producto de una colaboración que abarca dos Sínodos de Obispos sobre la familia, realizados en el Vaticano en el 2014 y 2015, y deliberaciones locales. Segundo, diagnostica la corrupción, en este caso de la familia en la sociedad moderna. La tercera similitud tiene que ver con el manejo de la noticia. Al fijar su atención en polémicas como las uniones del mismo sexo y el divorcio, los reporteros generan malos entendidos y lagunas de información, provocando reacciones contraproducentes.

Los parecidos palidecen frente a las diferencias. El Papa Francisco refrenda el trabajo de cientos de pastores informados por sus estudios y vivencias. El tono de Amoris Laetitia es comprensivo, conciliatorio y esperanzador, no acusatorio. El documento reitera las claras enseñanzas magisteriales sobre el matrimonio y la familia, y recomienda un seguimiento pastoral para cada matrimonio concreto, tomando en cuenta factores culturales particulares.

La familia enfrenta desafíos, afirma el Papa Francisco a lo largo de nueve capítulos y 300 párrafos. La violencia y el abuso de menores, la migración, la cultura pro aborto y eutanasia, la ideología de género y la “descomposición jurídica” de la familia son solamente algunos de los peligros listados. Y es que las familias están compuestas por personas falibles que aman y sufren. Cuando aprehendemos a la familia como un núcleo dinámico y complejo, desdeñamos los impulsos contrapuestos de extinguir la institución natural, por un lado, o de someterla a inflexibles reglas, por el otro.

Jesucristo “proponía un ideal exigente”, subraya el pontífice, pero “nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera.” La Sagrada Familia no es la única capaz del ideal, porque nosotros contamos con la gracia y los sacramentos que nos fortalecen, así como con el acompañamiento de la Iglesia. Las familias que exhiben problemas y carencias pueden cultivar el amor profundo, el respeto y la estabilidad.

La comparación entre Amoris Laetitia y los Panama Papers puede ofender, pero me extiendo en esta osadía otro rato. Nosotros, a la vez receptores de las noticias, miembros de familias, y empresarios o trabajadores, aprendimos algo del embravecido mar de la opinión pública. Al confrontar noticias como éstas, podemos emular a la Iglesia en su amor a la verdad, prudencia y empatía. Podemos leer directamente los documentos y escarbar más, para no caer en engañosas o precipitadas conclusiones. Además, debemos dimensionar las consecuencias de mediano y largo plazo, intencionadas y no intencionadas, de nuestras opiniones y de nuestros actos.

Este artículo fue publicado el 15 de abril del 2016 en la Revista Contra Poder y CEES.

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Sobre la cita entre Kirill y Francisco

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No es totalmente cierto que la reunión celebrada el 12 de febrero en Cuba, entre el Patriarca Ortodoxo de Moscú y toda Rusia, Kirill, y el Papa Francisco, marcara el final de una enemistad que data del cisma de 1054.

Juan XXIII invitó a observadores ortodoxos al Concilio Vaticano II. El Patriarca Atenágoras I de Constantinopla se reunió con Su Santidad Pablo VI en 1965 y 1967: ellos dieron marcha atrás a la mutua excomunión. Reconocido como el primero entre pares, es decir, entre los patriarcas ortodoxos, Bartolomé I de Constantinopla ha forjado una relación amistosa con los tres últimos pontífices de la Iglesia Católica: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Bartolomé I firmó declaraciones conjuntas con San Juan Pablo II en 1995, 2002 y 2004, y con Benedicto XVI en el 2006. Asistió a la inauguración papal de Francisco y se reunió con él en cuatro ocasiones durante su visita a Tierra Santa. Bartolomé I y Francisco han emitido dos comunicados.

Por tanto, existen importantes acercamientos previos. Sin embargo, es la primera vez en casi mil años que un patriarca de Moscú y toda Rusia se encuentra con un papa católico. La cita se ha venido cocinando por años. De los 300 millones de cristianos ortodoxos, casi la mitad pertenecen a la autocefalía o autonomía encabezada por el Patriarca Kirill.

Los dos líderes religiosos subrayaron el hecho que sus conversaciones, y el documento firmado, son de índole pastoral y no política. “Los ortodoxos y los católicos debemos aprender a dar testimonio unánime en aquellas áreas en las cuales es posible y necesario,” afirman Francisco y Kirill. Claramente, la violencia contra los cristianos, mayormente en Medio Oriente y el norte de África, es una de estas esferas. Como lo expresó Su Santidad Francisco hace un par de años, “Cuando quienes odian a Cristo matan a un cristiano…no le preguntan antes de disparar si es luterano, u ortodoxo, o evangélico…Si el enemigo nos une en la muerte, ¿quienes somos nosotros para dividirnos en vida?”

El acercamiento en Cuba ocurrió meses antes del Gran y Santo Concilio de la Iglesia Ortodoxa, programado para junio del 2016. Allí se discutirá, entre otras cosas, la cohesión de las iglesias ortodoxas y su apertura hacia el mundo occidental. Para la iglesia rusa, el primer punto es significativo porque la mayoría de sus fieles residen en Ucrania. Aparentemente, ellos desean formar su propia iglesia autocéfala desde que su país fue intervenido militarmente por Rusia, con lo cual se convertirían en la comunidad ortodoxa más numerosa. Ni el Presidente Putin ni el patriarca Kirill quisieran que esto ocurra; se ve que debido a la relación cercana entre iglesia y estado en Rusia, es un tanto difícil separar lo pastoral de lo político. Dicho conflicto ha creado tensión entre los patriarcas de Constantinopla y Rusia.

Kirill, descendiente de una familia con fuerte arraigo ortodoxo, comparte el análisis de Benedicto XVI respecto de los riesgos que enfrenta Occidente. Habiendo experimentado la opresión comunista totalitaria, ambos líderes vieron en el secularismo y el colapso moral de la sociedad amenazas que conducen a nuevas tiranías. Esta amenaza sigue latente, pero el papa actual y el Patriarca Kirill se centran ahora principalmente en la persecución y el martirio de los cristianos de hoy, y por ello resalta el valor de la libertad religiosa.

El punto 14 lee así: “Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe.” Si sólo, parecen decir entre líneas, pudiéramos aprender a convivir en paz no sólo entre cristianos sino también con los musulmanes…

Este artículo fue publicado el 19 de febrero del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

¿Qué es un Jubileo?

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Asociamos la paz y la amistad con las fiestas navideñas, pero este año el sentimiento dominante debe ser la alegría, subrayada por el inició del Año de la Misericordia el pasado 8 de diciembre.

Este artículo intenta explicar en qué consiste un año santo o un jubileo, y qué beneficios podemos cosechar de dicha celebración. En una bula emitida el 11 de abril, el Papa Francisco anunció la convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El pontífice nos invita a reflexionar con mayor intensidad sobre las implicaciones de un Dios que es Amor, como lo resumió Juan el evangelista. El Dios cristiano es amoroso, y “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”, escribe Francisco. Nos debe impulsar a ser mejores personas la gratitud y el amor que inspira Dios-Amor.

Grito de alegría es lo que significa la raíz latina de la palabra jubileo, iubilum. También se traza una línea etimológica del término hebreo yobel, un macho cabrío. Los judíos solían anunciar el año jubilar sonando un shofar, o cuerno de cordero, en Yom Kipur, el día de la expiación y del perdón. Cada cincuenta años, los judíos celebraban un año jubilar o sabático: se dejaba sin arar la tierra, se restituían propiedades a quienes las habían perdido y se liberaba a los esclavos, entre otras cosas. El Papa Bonifacio VIII convocó al primer año jubilar en la Iglesia Católica en 1300, y resolvió celebrar jubileos ordinarios cada siglo. Años más tarde, pretendiendo que cada generación viviera por lo menos un año jubilar, se determinó que fueran cada 25 años. Los jubileos constituyen una invitación a retornar a la vida de fe mediante el perdón y la reconciliación.

El año santo recién inaugurado es el número 65 de los jubileos extraordinarios celebrados por la Iglesia Católica al día de hoy. El anterior tuvo lugar en el 2000. El 24 de diciembre de 1999, San Juan Pablo II se arrodilló para rezar en el umbral de la Puerta Santa recién abierta, inaugurando el Gran Jubileo que conmemoró los dos mil años (más o menos) de la venida de Jesucristo al mundo.

La apertura y el cierre de la Puerta Santa en San Pedro, y luego en las designadas basílicas y catedrales alrededor del mundo, se ha convertido en el acto simbólico de los años jubilares. Quienes libremente atravesemos estas puertas, aceptamos conscientemente a Dios y buscamos el auxilio de Su gracia. Pasamos del peligro al lugar seguro. Al abrir la puerta Francisco pronunció las siguientes palabras: “Es esta la puerta del Señor: Por ella entrarán los justos. Abridme las puertas de la justicia: Entraré para dar gracias al Señor. Por tu gran misericordia, entraré en tu casa, Señor: Me postraré hacia tu templo santo”.

El Papa Francisco ha expresado su temor de que ciertos sucesos violentos, como los atentados terroristas en París, son “piezas” de una tercera guerra mundial que se da por pedazos. Un mundo sacudido por la confrontación puede tomar fuerzas de recentrar la vista en el mensaje y ejemplo de vida de Jesucristo. Obviamente, siendo Dios y Hombre, Jesús lo hizo todo bien, como dice San Marcos. Heridos por el pecado, a nosotros nos cuesta mucho más obrar como debemos, pero no por ello dejamos de esforzarnos por imitar a Jesucristo. Alegra saber que Dios no nos rechaza; nos recibe con brazos abiertos cada vez que corremos de vuelta a buscarlo. La reconciliación con Dios a través del sacramento de la penitencia o la confesión nos permite recomenzar una y otra vez. Nuestro paso por esta tierra es, en resumidas cuentas, una continua lucha por alcanzar la perfección. Además, aprendemos a perdonar a quienes nos han hecho daño.

Aún los no creyentes sacarán provecho de leer detenidamente los escritos alusivos al año santo, porque el mensaje de perdón, reconciliación y misericordia pueden ayudar a familias, amigos y sociedades enteras a vivir en paz.

Este artículo fue publicado el 18 de diciembre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto es el logotipo oficial del Jubileo de la Misericordia.

Bolas mediáticas y realidad: el sínodo

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Debemos mantener la calma y formar criterio analizando las fuentes primarias, sin caer en las trampas que nos colocan reporteros tendenciosos.

“El Vaticano cancela su terremoto” es el titular de un artículo por Damian Thompson en un periódico inglés. Según Thompson, el Papa Francisco sufrió un revés porque los obispos emitieron unas propuestas menos sísmicas de las que él y muchos reporteros esperaban, al concluir el Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la Familia. Numerosos periodistas repiten que los obispos conservadores trajeron a pique la progresista ambición del pontífice por redefinir la familia. Amigos en Facebook critican a los obispos por ser “más papistas que el Papa”. Por su parte, algunos fieles católicos se preocupan por la supuesta confrontación al seno de la Iglesia. Las expectativas de unos y los temores de otros son infundadas.

Somos testigos, no de una foto instantánea, sino de un proceso que aún no termina. El director de la oficina de prensa del Vaticano, Padre Federico Lombardi, se refirió al texto como un paseo. De hecho, la palabra sínodo deriva de dos palabras griegas que significan ruta, camino o viaje, y encuentro o reunión. El paseo inició con un cuestionario enviado a las conferencias episcopales de todo el mundo hace un año. En mayo de este año, el Consejo Ordinario del Sínodo de Obispos elaboró un instrumento de trabajo. Los partícipes del Sínodo Extraordinario recién celebrado se dividieron en diez grupos o círculos menores para dialogar con base en dicho borrador. En sus palabras inaugurando la reunión, el Papa Francisco pidió a los convocados “hablar claro”, “sin respeto humano, sin timidez”. El Relatio post disceptationem es el documento preliminar que resume los debates. Sirvió para las votaciones, punto por punto, que culminarían en el texto-paseo o Relatio Synodi. El Papa Francisco pidió publicar los dos textos e incluso el número de votos que recibió cada uno de los 62 puntos aprobados por dos terceras partes. Pero el Relatio Synodi no es un documento disciplinar o magisterial. Constituye un paso más hacia la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos que abordará el tema “Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia”, y se llevará a cabo en el 2015.

Los periodistas, acostumbrados a cubrir eventos puntuales, quizás no comprenden el prudente ritmo de trabajo que se impone la Iglesia. Quizás no tengan la paciencia de navegar páginas y páginas de textos tentativos. Sumamos a esto su propensión a hacer lecturas a través de sus lentes ideológicos; cuando la realidad no les agrada, la rechazan. El proceso que llevó al Relatio Synodi pone en evidencia sus equívocos: el Papa Francisco no es un revolucionario y los obispos no son insensibles frente a los retos que encara la familia moderna. El debate abierto y la razón no son fenómenos ajenos a la Iglesia.

Como señala con humor Jennifer Roback Morse del Ruth Institute: “¡El Papa Francisco definitivamente es católico!” En la última sesión del sínodo, el pontífice advirtió sobre la tentación de transformar la piedra en pan y el pan en piedra. Nuestros pastores no quieren, ni pueden, modificar la doctrina ni descuidar su rol como custodios de la fe. “Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte está contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia” agregó el Papa.

El propósito del proceso no es aguar las enseñanzas sobre el matrimonio y la familia, sino hacerlas más atractivas. La tarea pastoral de la Iglesia es motivarnos a vivir conforme a la fe católica, porque constituye una roca sólida sobre la cual construir nuestras relaciones amorosas. Es un medio para acceder a la felicidad terrenal.

Este artículo se publicó el viernes 24 de octubre del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.