El Sexto

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La obra titulada “La libertad por medio del conocimiento”, por El Sexto, es bastante más sofisticada que un grafiti callejero.

La pared exterior del Museo Popol Vuh, en la Universidad Francisco Marroquín, luce un mural. A mí se me antoja que es un libro ilustrado, abierto. Daniel (Danilo) Maldonado, El Sexto, pintó el grafiti cuando estuvo en Guatemala con ocasión del College Freedom Forum, organizado por la Human Rights Foundation (HRF). Siguiendo con la imagen del libro, noto que la página izquierda emana tristeza mientras que la página derecha comunica alegría. Tiesas y tristes figuras atadas con cadenas, de mirada penetrante, observan a un ángel amarillo que se eleva al cielo. Su desesperanza contrasta con la felicidad de personas libres que elevan la mirada agradecida hacia unos libros gigantes suspendidos milagrosamente en el espacio, en la esquina superior derecha de la obra.

¿Qué lecturas liberaron a El Sexto de las cadenas ideológicas del marxismo? ¿Cómo comprende la libertad un joven que sólo ha vivido bajo el totalitarismo, con restricciones y censuras, y que, pasó por las aulas de escuelas públicas para el adoctrinamiento estatal?

Por las noticias, me entero que pudo leer y comprender la novela La Rebelión de la Granja, por George Orwell. El gobierno revolucionario prohíbe los libros de Orwell, junto con los de Bradbury, Miller, Joyce, Camus, Octavio Paz y otros literatos más. Ignoro cómo se agenció la lectura, pero en todo caso el inspirado artista intentó realizar un montaje artístico en Navidad del 2014: pintó los nombres “Raúl” y “Fidel” sobre el lomo de dos cerdos vivos. En la alegoría publicada en 1945, los cerdos Snowball y Napoleón lideran un golpe de estado contra el granjero Jones e imponen sus reglas, incluyendo el mal cumplido mandato número siete: “todos los animales son iguales”. Como El Sexto, Orwell quería recalcar que Stalin había pervertido el ideal comunista soviético.

La iniciativa de Maldonado le valió 10 meses de prisión sin haber sido condenado en juicio. Durante su cautiverio, realizó dos huelgas de hambre: una del 8 de septiembre al 1 de octubre, y otra que duró cuatro días, justo antes de que lo soltaran. Le hicieron firmar unos papeles que oficializaban su excarcelación incondicional.

Tras recobrar la libertad, El Sexto expresó deseos de salir de Cuba para contar al mundo cómo se vive en la isla, y para agradecer el apoyo recibido del extranjero, pues está convencido que seguiría guardando prisión si el gobierno no hubiese sentido la presión internacional. Lo debe haber ayudado ganar el Premio Internacional Vaclav Havel a la disidencia creativa, que otorga el Human Rights Foundation. El Sexto compartió la edición del 2015 con un comediante sudanés, Sakdiyah Ma’ruf, quien aboga por los derechos de las personas a través de sus rutinas artísticas.

Su paso por Guatemala debe haber sido parte de su plan. Cuando retornó a Cuba, fue arrestado el 20 de marzo, luego de unirse a una marcha contra el gobierno de Raúl Castro. La marcha, organizada por las Damas de Blanco, era más riesgosa que las habituales protestas dominicales contra la represión, aunque el régimen siempre encarcela a algunos manifestantes. En esta oportunidad, las damas tenían ilusión de magnificar su mensaje aprovechando la presencia de medios de comunicación internacionales, que llegaron a la isla con motivo de la visita del Presidente Barack Obama. Los métodos no violentos de las damas contrastan con la brutalidad policiaca, evidente en videos caseros que circulan por la red.

Los gobiernos represivos son abominables, como también lo son gobiernos que incumplen con las garantías de libertad individual. Aquí también hay presos falsamente acusados, o que pasan meses en cautiverio sin ver un tribunal y sin poder dilucidar su situación.

Este artículo fue publicado el 8 de abril del 2016 en la Revista Contra Poder.

La fotografía es propiedad de la Universidad Francisco Marroquín y aparece aquí.

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O’Grady: periodista amante de la libertad

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Yo admiro a Mary Anastasia O’Grady por su honestidad intelectual, su sentido de ética y su gran corazón. Tiende a levantar olas todos los lunes a través de su columna, publicada en el prestigioso medio The Wall Street Journal.

El sábado 9 de mayo, Mary O’Grady se convirtió en la cuarta mujer en recibir un doctorado honoris causa de la Universidad Francisco Marroquín. Su nombre se suma así al de Bettina Bien Greaves, Jean Kirkpatrick y Deirdre McCloskey, quienes ya recibieron la distinción. La trayectoria de O’Grady demuestra a los estudiantes graduandos que los ideales de la libertad pueden moldear una carrera profesional exitosa.

Cada semana, Mary analiza la compleja situación económica y política de América Latina y Canadá. Consciente del impacto que pueden tener sus escritos en la región, es a la vez prudente y valiente. Evita simplificar la realidad, se esfuerza por comprender nuestras idiosincrasias y examina críticamente incluso las confesiones de los presidentes y de otros personajes poderosos a quienes tiene acceso directo.

Tres ejemplos concretos ilustran su estilo investigativo. Cuando el ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya, violó la ley  y fue destituido por la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior Electoral, O’Grady fue una de las pocas voces estadounidenses que no etiquetó el suceso de golpe de estado. De hecho, criticó duramente a su propio gobierno por colocarse del lado de la impunidad en ese caso. Más recientemente, señaló cómo fondos malversados de Petrobras se invirtieron en la campaña presidencial de la reelecta Dilma Rousseff. El tercer ejemplo actual tiene que ver con su osado cuestionamiento de los intransigentes métodos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) en las negociaciones con el gobierno: teme que la institucionalidad democrática en Colombia esté en peligro.

Cubrir el continente entero le brinda a Mary una panorámica visión de conjunto. De sus escritos emanan lecciones importantes. El Estado de Derecho es frágil. Se puede construir o destruir. Tienden a prosperar y a ser menos corruptos aquellos países que optan por respetar las garantías individuales y participar del comercio libre. Para Mary, es inaudito que alguien admire el modelo cubano-venezolano, porque el mismo ha acarreado pobreza, violencia y desesperanza para los habitantes de esas naciones, al tiempo que provoca estragos en los países vecinos que reproducen algunas políticas públicas socialistas. Acusa a los funcionarios de Estados Unidos de anteponer su interés personal y partidista a los intereses de los latinoamericanos, y consecuentemente cargarnos altos costos, a raíz de la guerra contra las drogas, la imposición de estrictas leyes anti-adopciones, y el trato a los migrantes, entre otras medidas.

Poco sorprende que Mary irrite a funcionarios y reporteros de izquierda, quienes la tildan dramáticamente de fascista, oligarca y conservadora. ¡No! Curiosamente, O’Grady llegó al periodismo por la puerta trasera. De Assumption College y Pace University recibió títulos en Inglés y Administración Financiera, respectivamente. Tras completar su maestría, invirtió más de diez años en el sector financiero, prestando sus servicios en las empresas Advest, Thomson McKinnon Securities y Merrill Lynch. Abandonó ese mundo en 1995 para incorporarse a The Wall Street Journal (WSJ), y tan sólo cuatro años más tarde fue ascendida a redactora de las páginas editoriales. Se ha hecho acreedora de varios premios a lo largo de su carrera periodística, entre ellos el Premio Thomas Jefferson de la Association of Private Enterprise Education (2009) y el Premio de la Libertad Walter Judd de The Fund of American Studies (2012). Mary es miembro de la Sociedad Mont Pelerin y del consejo directivo de Liberty Fund.

Hoy tenemos oportunidad de agradecer a Mary O’Grady los beneficios visibles e invisibles que ha generado para la región gracias a su trabajo.

Este artículo fue publicado el 8 de mayo del 2015 en Contra Poder y en CEES.

La foto es original de New Media, UFM.

 

 

 

 

 

 

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Corrupción en Guatemala y Venezuela

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La visita de empresarios venezolanos a Guatemala coincidió con el anuncio de las capturas por corrupción en la SAT y las aduanas. ¿Qué une estos eventos?

La compleja red de defraudación aduanera que involucra a funcionarios públicos nos sorprendió menos que la captura de veintiún personas por su presunta vinculación con La Línea, como se llama la organización criminal. No esperábamos ver a figuras como Omar Franco y Carlos Muñoz en esposas, pero todos sabíamos que dentro de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y las aduanas había corrupción. La Administración Pérez anunció que la combatiría. Se aprobó una nueva Ley Nacional de Aduanas en el 2013 y se ordenó a miembros del ejército y la PNC que vigilaran las operaciones en dichas entidades. Estas publicitadas medidas no obstante, millones de quetzales destinados al erario público se han desviado a cuentas personales; Acción Ciudadana describió la corrupción como una “enfermedad viral” a principios de año.

En paralelo, los venezolanos Marcel Granier y Luis Alfonso Herrera hablaron sobre la podredumbre dentro de su gobierno y la erosión de las libertades civiles de las cuales han sido testigos. En un panel foro organizado por la Universidad Francisco Marroquín, advirtieron que el trágico deterioro experimentado por Venezuela puede repetirse en cualquier nación latinoamericana. Granier, presidente y Gerente General de Radio Caracas Televisión (RCTV) y 1BC, ha vivido en carne propia la censura contra los medios de comunicación independientes por parte del represivo régimen bolivariano. Herrera, abogado y filósofo asociado al tanque de pensamiento CEDICE, describió cómo al irrespetar los derechos de propiedad privada, se violan también las otras libertades individuales.

Si en Venezuela falta papel de baño y otros insumos básicos, es realmente debido a la destrucción del mercado, así como a la lenta muerte de las instituciones republicanas y del Estado de Derecho. Herrera comentó que en Venezuela no hay expropiaciones enmarcadas por el derecho, sino expoliación antojadiza. Al identificar la democracia con programas redistributivos populistas, los gobiernos de Chávez y Maduro destruyeron la institucionalidad.

Explicaron los expositores que en un principio, la ciudadanía no se percató del peligro que corría. Unos permanecían apáticos a los abusos contra otros. Se adaptaban para mantener su estilo de vida. El viciado modus operandi va atrapando nuevos cómplices que por tener la cola machucada y por proteger sus intereses, no denuncian lo que ocurre ni promueven reformas. Además, las autoridades hacen gala de la legalidad de su ilegítimo actuar, ya que han ido cambiando la constitución y las leyes para hacer caber sus desmanes, al tiempo que criminalizan actos cotidianos, antes libres, como vender, comprar, opinar y educar.

Es famosa la frase de Lord Acton sobre la corrupción asociada con el poder absoluto, pero casi nunca se cita la oración siguiente: “Los grandes hombres casi siempre son malos hombres, aún cuando ejercen influencia y no autoridad; todavía más cuando agregas la tendencia de la certeza de la corrupción por la autoridad”. Mientras las complejas burocracias y los reglamentos permitan a las autoridades tomar posesión de bienes ajenos, no importa quién asuma el poder. Con probabilidad se corromperá. Los excesos en la SAT, las aduanas y en los despachos del gobierno revolucionario bolivariano no cesarán cuando los cargos sean ocupados por personas éticas. Hace falta implantar reglas que prohíban los abusos inclusive a los pícaros.

A mayor libertad, menos corrupción. Entre más sencillos y claros sean los impuestos y los trámites aduaneros, menos corrupción. ¿Porqué? Porque es más fácil fiscalizar a las autoridades y porque el poder está disperso.

Este artículo fue publicado en la edición electrónica de la Revista Contra Poder el 20 de abril del 2015.

Tomé la fotografía que acompaña este artículo en el Auditorio Juan Bautista Gutiérrez de la Universidad Francisco Marroquín, el miércoles 15, durante el Foro de Libertad de Expresión y Propiedad Privada organizado por el Centro Henry Hazlitt. Los panelistas que aparecen en la foto son Marcel Granier y Luis Alfredo Herrera, ambos de Venezuela.

Necesaria defensa

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Luis Figueroa, columnista de el Periódico, le pidió una vez a Álvaro Velásquez, columnista de Siglo 21, que “jugara limpio”. Jugar sucio es como desenfundar una filuda navaja en un pleito callejero, cuando se ha acordado combatir a puñetazos. Victoria pírrica.

En la columna “Rescatar la academia y la universidad”, publicada el 25 de septiembre, Álvaro Velásquez blande su navaja contra tres víctimas: la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos (Usac), el Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (Cadep) de la Universidad Francisco Marroquín, y el análisis económico de las decisiones públicas o Public Choice. El autor también critica a otros, pues señala que las comisiones de postulación involucraron a las universidades guatemaltecas en un proceso político de buscadores de renta y corrupción, perjudicándolas gravemente. Comparto este criterio, pero rechazo su apreciación del proyecto organizado conjuntamente por Cadep y diversas universidades del país, el Seminario Interuniversitario.

Velásquez critica a la decanatura de Ciencias Económicas de la Usac por desaprovechar convenios internacionales, “mientras que convenios como el de la Universidad Francisco Marroquín (UFM) cobran prioridad…Se trata de los Seminarios Interuniversitarios con el Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (Cadep-UFM) (sic), donde la Usac presta instalaciones y alumnado para discutir la agenda de la teoría de la public-choice (sic), pero sin reciprocidad alguna.”

Debatimos sobre el análisis de las decisiones públicas con Álvaro Velásquez en el IX Seminario Interuniversitario “Economía para la Política” (2011). Mese antes, Álvaro había publicado “Public Choice, o la Opción Racional de Clase en la Reforma Política en Guatemala” en la revista Diálogo. Yo respondí en el Tópicos de Actualidad del Centro de Estudios Económico-Sociales. Él sabe que es falsa su caracterización de la disciplina y del seminario, que dicho sea de paso no tiene rango de convenio.

Desde que arrancó el Seminario Interuniversitario en el 2003, las facultades involucradas, principalmente las de derecho, economía, periodismo y ciencias políticas, fueron involucradas en el diseño del programa, así como en la selección de los conferenciantes y los estudiantes participantes. Han sido anfitrionas varias universidades, no solamente la Usac; prestan generosamente sus instalaciones aquellas que pueden acomodar grupos grandes. Cada día del evento visitábamos un diferente campus. Los estudiantes de la Usac, como los demás participantes, han aprovechado estas oportunidades. En las hojas de retroalimentación, aprueban de la metodología de rotar de sede y facilitar mesas de trabajo para discusiones entre pares. Por tanto, la reciprocidad define al Seminario Interuniversitario a diferentes niveles.

Los encuentros auspiciados por Cadep han rendido frutos académicos y forjado relaciones valiosas entre personas intelectualmente inquietas. Comentamos con el ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Usac, Eduardo Velásquez C., quien merece un aplauso y no una puñalada por ser cofundador de este evento, que las nuevas generaciones no portan las cicatrices de la Guerra Fría y dialogan con mayor soltura. Eso es bueno para Guatemala.

Adicionalmente, Álvaro define maliciosamente el programa de investigación de Public Choice, pues afirma que “enseña que la democracia debe tener límites constitucionales que garanticen la soberanía de la minoría, caso contrario al mercado que no debe tenerlos”. ¡Vaya definición! Aunque estoy tentada a abordar los límites al mercado, me limitaré a aclarar que Public Choice analiza la forma en que tomamos decisiones colectivas. Ello abarca las instancias en las que mayorías, minorías o dictadores abusan del poder de decisión. Abusos como los que Álvaro detecta en la politización de las comisiones de postulación. Irónicamente, hace un análisis de Public Choice y luego lo trivializa.

Este artículo fue publicado el viernes 10 de octubre del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Guatemala recibe a George Gilder

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George Gilder, apasionado del avance tecnológico, economista, inversionista y autor, recibirá el doctorado honoris causa de la Universidad Francisco Marroquín el 3 de mayo.

El último libro por George Gilder, Knowledge and Power (Conocimiento y Poder, 2013), causó revuelo por reivindicar al conocimiento como el protagonista de la economía. “La riqueza es esencialmente conocimiento,” afirma categóricamente el autor. Gilder saltó a la fama en los años ochenta tras publicar Riqueza y Pobreza. Su endoso de la teoría de la economía del lado de la oferta (Supply-side economics) gustó a la Administración Reagan. Gilder ha explorado la tensión latente entre el cambio y la estabilidad, así como la coerción y la libertad. Dos cosas me atrajeron cuando revisaba artículos sobre su obra. Primero, Gilder experimentó una revelación que transmite con sencillez a otros, respecto de la creación del conocimiento enriquecedor. Segundo, no tiene empacho en desafiar la corrección política del momento para resaltar la importancia de la familia.

George Gilder explica que cada transacción económica equivale a un intercambio de conocimientos diferenciados. Cuando Jorge le compra un frasco de aspirinas a su farmaceuta Juan, consciente e inconscientemente ambos hacen acopio de muchísimos datos que los llevan al acuerdo. Nos distingue del humano neandertal, no la mayor disponibilidad de recursos naturales, sino la acumulación y el acceso a la información. Con el tiempo aprendemos a hacer las cosas con mayor eficiencia, abaratando los costos e innovando.

Para Gilder, el conocimiento más valioso es aquel que nos sorprende y redirige la economía en direcciones insospechadas. Usa adjetivos como desordenada, disruptiva, sorpresiva e indeterminada para describir la información. “Y la entropía es libertad para elegir,” subraya. “Este discernimiento está en el centro de la teoría de información del capitalismo.”

Ahora bien, el conocimiento requiere de un canal o conductor confiable para ser diseminado y transformado. ¿Alguna vez fabricó Usted un teléfono con dos latas unidas por una pita? Cuando nos colocábamos la lata sobre el oído, escuchábamos ruidos distorsionantes pero también la voz del amigo que se comunicaba con nosotros. El empresario sabe distinguir entre los datos sorprendentes y valiosos, los ruidos distractores, y el aparato mismo. Dicho en otras palabras, para generar conocimientos disruptivos, es necesario un transmisor poco disruptivo.

Tanto la espontaneidad como el orden confluyen en el mercado para capitalizar el conocimiento. Son portadores instituciones como los límites constitucionales, los derechos de propiedad y la disciplina personal. Al igual que James M. Buchanan, Gilder opina que dichos portadores o reglas de tránsito no surgieron espontáneamente en la historia, sino que derivan de un liderazgo político inspirado y auto-restrictivo. Pero, haciendo eco de Friedrich Hayek, advierte que cualquier esfuerzo por centralizar o predeterminar el conocimiento son vanos y retardan la innovación y la creación de riqueza.

Eso nos trae a la segunda idea que me impresionó. Gilder opina que la familia tradicional es uno de los pilares estables, uno de los conductores de “baja entropía”, de los cuales brota el conocimiento creador de riqueza. La paternidad nos hace virtuosos y nos obliga a ser confiables. Los hijos nos dan un sentido de futuro y de largo plazo. Cuando la familia se destruye, nos volvemos cortoplacistas. En una entrevista que concedió al Instituto Acton, Gilder reconoce las raíces religiosas de la institución. Una cultura cimentada en raíces cristianas pone al centro a la familia y aspira a “lo bello, lo bueno, lo verdadero”, en tanto a juicio de Gilder, la cultura secular es corrupta y depravada.

¡Bienvenido a Guatemala, George Gilder! Sus discernimientos académicos son bien recibidos aquí.

Este artículo fue publicado el 2 de mayo del 2014 en la Revista Contra Poder y en CEES.

Foto del sitio New Media donde puede encontrar la conferencia dictada por Gilder.

 

 

Curando la pobreza

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Tener un corazón para los pobres no basta. Debemos acompañar la compasión con una reflexión económicamente sensata sobre cómo se genera prosperidad y bienestar.

La serie titulada Poverty Cure se lanzó formalmente en Guatemala ayer. Esta serie consta de seis documentales  que exploran a fondo las causas de la pobreza, así como las soluciones más eficaces. Es un material audiovisual de alta calidad técnica producido por Acton Media, una división del Instituto Acton para el estudio de la religión y la libertad. El lanzamiento fue coauspiciado por la Universidad Francisco Marroquín y el Instituto Acton Argentina,  el cual estuvo representado por dos de sus directivos, el Dr. Gabriel Zanotti y la Licda. Cecilia de Vásquez Ger.

Han surgido innumerables iniciativas para paliar la pobreza a lo largo de los años. Miles de ONGs y agrupaciones religiosas y seculares tienden una mano a los indigentes. Los gobiernos buscan atender a sus ciudadanos necesitados, y los países desarrollados mantienen millonarios programas de cooperación internacional. Organismos multinacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU) administran estudios y proyectos. Se estima que la ayuda humanitaria global asciende a más de U.S.$ 17 millardos anuales, sin contar la cooperación bilateral y multilateral para el desarrollo. A la luz de este activismo, conviene formular preguntas serias: ¿Hemos acertado en el diagnóstico del mal? ¿Estamos ganando la batalla?

Poverty Cure nos invita a replantearnos la pobreza y a confrontar realidades duras. Algunas iniciativas que nacen de magníficas intenciones realmente empeoran la condición de los pobres. El donante se siente bien consigo mismo al realizar una obra de caridad, y por ello no verifica el impacto de sus acciones. Por ejemplo, luego del genocidio de Ruanda, los feligreses de unas iglesias protestantes de Atlanta empezaron a enviar huevos gratis a una comunidad afuera de Kigali. Inundaron la comunidad de huevos y quebraron al empresario local que había invertido sus escasos ahorros en gallinas ponedoras. Cuando los bienhechores de Atlanta descontinuaron el envío de huevos, los ruandeses estaban peor que antes porque ya no contaban con una producción local. Así, debemos resistir el impulso de hacer algo por el mero hecho de actuar, ya que nuestros proyectos pueden tener consecuencias imprevistas negativas.

El documental también rebate el estereotipo del pobre como un ser irremediablemente desvalido y  limitado. Andreas Widmer, cofundador de una entidad empresarial no lucrativa, SEVEN Fund, admite en el cuarto video: “Me frustra la idea de que pobreza significa vivir con menos de $1.00 ó $2.00 dólares diarios.” Agrega Herman Chinery-Hesse, un emprendedor de Ghana, que los africanos no son estúpidos. Lo que ocurre es que no logran poner sus talentos al servicio de los mercados mundiales porque se les excluye de las redes de intercambio, productividad, crédito, Internet, educación y más.  Los pobres se superan cuando las instituciones políticas y económicas en sus respectivos países son abiertas. Al menesteroso no hay que abandonarlo, marginarlo ni sobreprotegerlo; más bien, debe poder conectarse con otros en círculos productivos.

Esta colección de audiovisuales es útil para académicos, líderes religiosos, políticos, periodistas y empresarios interesados en promover el desarrollo. El sitio www.povertycure.org también es un invaluable recurso, pues Poverty Cure es más que un documental: es una red que aglutina a más de 200 socios individuales y corporativos de 143 países.  Estos socios ya estaban convencidos que los pobres son personas dotadas de dignidad, más que objetos o experimentos, y ahora, gracias a la plataforma que les provee Acton, pueden explorar cómo dar rienda suelta al espíritu de emprendimiento en el mundo.

Este artículo fue publicado el 7 de marzo del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

Un emprendedor académico

Con Giancarlo   septiembre 03

“Sólo los instruidos son libres,” dijo Epícteto.   Giancarlo Ibárgüen es una persona decididamente instruida y libre, pero además se parece al filósofo estoico en que su vocación de maestro le ha permitido enseñar a cientos de personas a ser instruidas y libres como él.

Giancarlo Ibárgüen se entregó de cuerpo y alma a la Universidad Francisco Marroquín (UFM).   Empezó dando clases de economía y pronto fue nombrado secretario, cargo que desempeñó de 1995 al 2003.  Durante los siguientes diez años, ocupó la rectoría.  Hace dos días, pasó la estafeta a Gabriel Calzada luego de un año transicional.  Oportunamente, el Banco Industrial le rendirá un homenaje el lunes 19 de agosto, pues su legado incide positivamente en el país y el mundo.  Por eso ha sido reconocido también por el Instituto Acton, el Instituto Juan de Mariana y Hillsdale College, entre otras prestigiosas organizaciones.

Éramos aún adolescentes cuando identifiqué en Giancarlo a un mentor intelectual, además de un amigo.  Ya Armando De la Torre, Luis Figueroa, Marta Yolanda Díaz Durán y otros han esbozado acertados retratos en sus columnas.  Intentaré evitar la repetición y responder una interesante pregunta: ¿cuál es el sello que Giancarlo imprimió en la UFM?  Apenas redacto la frase y me parece escucharlo decir, con característica humildad, que él no hizo más que dar continuidad al proyecto fundacional y que las metas alcanzadas son producto del trabajo de un maravilloso equipo de personas comprometidas con la UFM y la excelencia.  Es cierto, pero también lo es que él delineó, en su discurso inaugural, una visión a la vez futurista y humanística de la educación, tomó firmemente el timón y pisó fuertemente el acelerador.

Giancarlo cree en la educación para la libertad, en libertad.  Aboga por procesos pedagógicos que emulen la aventura empresarial, que no sólo respeten, sino pulan y potencien los irrepetibles talentos y las pasiones de individuos.  Asigna al estudiante el papel protagónico.  Quiere que nos aproximemos al estudio con un entusiasmo desbordante y un alto sentido de responsabilidad.   Ofrecemos al pupilo oportunidades para la exploración y el descubrimiento, no le llenamos la cabeza de información desde una plataforma autoritaria.  En sus ojos, los muros que separan las facultades y las disciplinas pueden entorpecer el aprendizaje.  También constituyen barreras la soberbia y nuestro temor a equivocarnos.  Nos recuerda que quien no se equivoca, no acierta; quien no emprende y fracasa, tampoco cosecha éxitos.

Los avances tecnológicos son herramientas que viabilizan este paradigma educativo, pues abren las aulas al mundo y ponen a nuestra disposición el conocimiento disperso en inmensas reservas electrónicas.   La metodología socrática también es un vehículo necesario.   Giancarlo se anticipó a su tiempo e implementó lo que hoy empieza a ponerse de moda: el campus Wi-fi, las mesas redondas, las bibliotecas con espacios para socializar, la interdisciplinariedad, la revalorización de la historia y la literatura, y el espíritu emprendedor.

Una educación liberal también implica cultivar un ambiente plural.   Durante la última década, en la UFM se han intensificado las discusiones entre los seguidores de Ludwig von Mises, Milton Friedman, Friedrich von Hayek, Ayn Rand y tantos otros, así como entre creyentes, ateos y agnósticos.   Estas discusiones pueden resultar incómodas, pero nos hacen crecer.  Giancarlo modela el tono humano que hace posible airear diferencias y detectar puntos de encuentro.   Nos une el amor por la libertad, pero no por ello existe una fórmula única para ser libertario.

¡Gracias, Gianca! ¡Qué alegría saber que el sello que imprimiste en la UFM ya dio y seguirá dando frutos, y que seguirás embarcándote en prometedoras aventuras que nos acerquen a esa anhelada sociedad de personas libres y responsables!

Este artículo fue publicado el viernes 16 de agosto en CEES y la revista Contra Poder.

La fotografía es tomada de la colección de fotografías de la UFM.