Una elección es una elección

Elections

Los actores en un proceso electoral actuarán conforme a los incentivos que enfrentan, incluso cuando se trate de elegir a los magistrados que integran la Corte de Constitucionalidad.

¡La campaña de Guatemala Visible acertó! Los guatemaltecos no queremos candidatos (o magistrados) mafiosos, partidarios, influenciables, nepotistas, negociadores y con vínculos al narcotráfico. ¿Cómo alcanzamos ese resultado? A veces esperamos que si los involucrados poseen una información completa y obran con inteligencia, racionalidad y altruismo, cosecharemos el deseado desenlace.

Algunos auto-proclamados fiscalizadores de los procesos en el Congreso, el Colegio de Abogados, la Universidad de San Carlos, la Corte Suprema de Justicia y el Organismo Ejecutivo, están insatisfechos con ciertos finalistas. Hasta el imprudente embajador de Estados Unidos, Todd Robinson, mostró desprecio por la selección de unos magistrados. ¿Cabría concluir, entonces, que los electores de las entidades mencionadas son tontos, apáticos o corruptos, porque los candidatos favorecidos no coinciden con el perfil ideal?

Eso parece opinar Iván Velásquez de la CICIG, si uno analiza las entrevistas que concedió a Siglo 21. Él esperaba que los votantes asumieran “con compromiso el papel que les corresponde”. ¿Cómo sabemos cuando alguien está comprometido? ¿Debe lealtad al proceso mismo, a unos principios enunciados o implícitos, a la línea programática de la CICIG, o a otro criterio? No podemos meternos en las cabezas ajenas para calificar sus mecanismos de toma de decisión. Podría lucir más sensato el plumazo impulsivo de Pablo que la deliberación estudiada de Fito. Adicionalmente, las elecciones agregan las preferencias disimiles de los electores, y no es cierto que las mayorías sean inadvertidamente sabias.

Velásquez ve estas dinámicas a través de unos lentes románticos, porque criticó el “gran derroche de recursos que de pronto se ven en las campañas” para los puestos llenados por el Colegio de Abogados. El jefe de la CICIG cree que “debía ser el acto democrático de elección, simple y pura de los abogados que se acercan a su colegio a depositar el voto por su candidato, sin más parafernalia…” Sólo gana una elección democrática quien saca la mayoría de votos. Si dos o más personas compiten por acceder a un único puesto, lógicamente harán campaña. Las reglas del juego obligan a los candidatos a preocuparse por su popularidad e imagen. Por otra parte, años de estudios universitarios y experiencia profesional no transforma a los abogados y juristas en votantes superiores. Como cualquier mortal, los abogados tienen mil cosas que hacer que rivalizan con un escudriño exhaustivo de la trayectoria de los contendientes. Se dejarán persuadir por frases, promesas y vallas. Lo que es más, serán “partidarios” al elegir al postulado que estudió en la misma universidad que ellos, o que comparte su ideología.

Es de esperar la conformación de facciones que compiten por hacerse del poder, precisamente porque el poder sirve para atender los intereses de los miembros de la propia facción. La búsqueda de rentas es producto de las reglas: cada magistrado titular y suplemente “representa” a un grupo o facción. Cuando la Fiscal General Thelma Aldana pide a sus magistrados electos que se separen de quienes les apoyaron para responder únicamente a la Constitución Política, demuestra que entiende las presiones que se ciernen sobre los magistrados electos.

En otras palabras, la forma en que organizamos la elección de magistrados a la Corte de Constitucionalidad adolece de incentivos perversos y otros incentivos connaturales a las carreras competidas, definidas por la agregación de votos. ¿Existirán reglas para conformar la Corte de Constitucionalidad más adecuadas para institucionalizar el anhelado Estado de Derecho?

Este artículo fue publicado el 11 de marzo del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

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Corrupción, cultura y diplomacia

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La corrupción es un crimen que daña a la sociedad. Así opina el nuevo embajador de Estados Unidos en Guatemala, Todd Robinson, quien se comprometió a apoyar esfuerzos por combatir este fenómeno.

La anterior afirmación aparece en una entrevista que le hizo Prensa Libre (3-XI-14) al Embajador Robinson. Él tiene experiencia conviviendo con dicho mal, pues residió en países con un posicionamiento poco halagador en el Índice de Percepción de Corrupción, el cual analizó 177 países en el 2013: Italia (69), El Salvador (83), Colombia (94), Bolivia (106), Albania (116), y República Dominicana (123). Además, ya laboró en Guatemala, empatada en el puesto 123 con República Dominicana. Lamentablemente Robinson no especifica cómo solucionaría el flagelo de la corrupción.

¿Están conectados el bienestar, la corrupción y la cultura? Recientemente, abordamos la cuestión durante la presentación del sexto episodio del documental Poverty Cure. Las sociedades poseen capital cultural, según Poverty Cure. Las personas exhiben conductas virtuosas, ahorran, innovan y emprenden, en contextos sociales donde existe la confianza mutua y se respetan los contratos, la propiedad privada y el imperio de la Ley, entre otros. Las culturas cerradas y desconfiadas, o con mentalidad de víctima pordiosera, tienden a permanecer subdesarrolladas. Es lógico asumir que habrá más corrupción en las segundas.

Pero el Barómetro Global de Corrupción, una encuesta levantada a 114,000 personas en 107 países, muestra que la corrupción aumenta en todas partes del mundo, aún en países libres, con un Estado de Derecho mejor cimentado y economías prósperas. Alejandro Chafuen, columnista de Forbes y experto en estos temas, escribe que desde hace años Estados Unidos y la Europa Occidental están creciendo a un ritmo menor que países con peores indicadores de corrupción. Chafuen advierte que esta tendencia “está afectando varias de las instituciones esenciales para construir el Estado de Derecho en una sociedad libre.”

Algunos lectores pensarán que la tendencia mundial imita la historia guatemalteca, en cuya cultura arraiga la corrupción desde hace décadas. Tanta evidencia negativa nos podría sumir en la desesperanza determinista, o bien llevar a la fatal conclusión que poco nos beneficiaría fortalecer el Estado de Derecho o promover la libertad económica. El documental de Poverty Cure nos presenta una cara de la moneda más alentadora: las personas (y las culturas) cambian. Quizás sean más las historias de horror que las historias de éxito, pero existen organizaciones, comunidades y despachos públicos que se han vuelto más transparentes. Individuos y agrupaciones, sobre todo de índole religiosa, han motivado a otras personas para que salgan adelante haciendo gala de laboriosidad, esfuerzo, perseverancia y honradez.

Es preciso además reorientar las políticas públicas. Estamos tan acostumbrados a pensar que el Gobierno es la madre de todas las soluciones a nuestros problemas, que perdemos de vista los males que emanan de él. Las instituciones más desprestigiadas al nivel mundial son precisamente aquellas asociadas con el ejercicio del poder. El Barómetro Global revela que los partidos políticos y los policías son los peor percibidos, seguidos de los jueces, los diputados y los burócratas. Más de la mitad de los entrevistas consideran que estos cuerpos se han vuelto más corruptos en dos años.

Cabría recordar la advertencia que hacía el economista Gary Becker: la criminalidad es cuestión incentivos. A veces excesivos trámites y regulaciones, y la prevalencia de entes estatales corruptos, invitan en lugar de desalentar conductas turbias entre los ciudadanos. Tirarle más fondos al sistema perverso no resolverá la cuestión al menos que se opere un cambio tal que los premios de ser corrupto palidezcan ante los castigos, y que los castigos sean certeros.

Este artículo fue publicado el viernes 7 de noviembre del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La fotografía es una imagen tomada del sitio de la organización Transparencia Internacional e ilustra los países con problemas de percepción de corrupción en los partidos políticos, según la encuesta Barómetro Global del 2013. (Ver enlace arriba)