El Cambray y la familia

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El trágico deslave en El Cambray II, Santa Catarina Pinula, enlutó a Guatemala. ¿Podemos sacar un propósito de esta tragedia para nuestras familias?

La mayoría de guatemaltecos sentimos impotencia ya que es poco lo que podemos hacer por las víctimas del alud, más allá de rezar y donar muestro tiempo y algunos víveres.

Quienes batallan con una enfermedad grave o la muerte, o con la tensa espera para conocer el paradero de sus parientes, quedan como suspendidos en el tiempo. Pasan a un segundo plano las cosas a las que usualmente asignamos alta prioridad. Como un zumbido lejano nos llegan las noticias de las últimas andanzas de nuestros políticos, las pretendidas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el engaño de Volkswagen y las últimas fechorías del Estado Islámico. No importa si dejamos de acudir a una cita o si la alacena está vacía. No sabemos ni qué hora o fecha es, aunque nos percatamos cuando oímos un bocinazo o miramos por la ventana que el reloj sigue marcando el ritmo al resto de la humanidad. Nos embarga una especie de silencio reduccionista que nos pone en contacto con nuestras emociones, y con lo verdaderamente importante: la familia.

Quienes atraviesan hondas penas tejen una compleja telaraña de emociones y reacciones. Y compartimos el dolor por las pérdidas comunes con los seres más cercanos, así como aquellos que hacemos “nuestros” mediante la amistad. Nos brindamos unos a otros amor y paciencia sin importar la forma en que encaramos lo acontecido. Algunos padecen insomnio mientras otros quieren dormir. Algunas personas se sienten atontadas o insensibles; otros se tornan hipersensibles. Algunos encuentran consuelo en su fe; otros se pelean con Dios. Unos comen más y otros pierden el apetito. Unos prefieren estar rodeados de gente; otros solos. Para cada reacción habrá un abrazo comprensivo suministrado por un ser querido.

Por tanto, El Cambray II puede servirnos de acicate para meterle cabeza a nuestras relaciones familiares y amistosas. No esperemos que se derrumbe una montaña para tomar acción. El Papa Francisco lo expresa con elegancia: “La sabiduría de los afectos que no se compran ni se venden es la mejor dote de la esencia familiar. Es precisamente en la familia dónde aprendemos a crecer en una atmosfera de sabiduría de los afectos. Su “gramática” se aprende allí, de lo contrario es muy difícil aprenderla. Y este es el lenguaje a través del cual Dios se hace comprender por todos”.

La perfección no existe, pero el ideal arranca con un sólido matrimonio contraído por un hombre y una mujer que buscan el bien del otro, son fieles y respetuosos en su trato, están abiertos a la vida, y se disponen a luchar el resto de sus vidas por sacar adelante su proyecto familiar. Aunque Guatemala tiene una de las tasas de divorcio más baja del mundo, últimamente nos afirman que dicho modelo es inalcanzable. Pero es falso: las personas de carne y hueso sí somos capaces de fundar familias sanas, estables y felices. Cuando nos equivocamos, podemos pedir perdón por nuestras faltas y procurar tratar a los nuestros con mayor delicadeza.

Que El Cambray II nos sirva para hacer propósito de acumular vivencias y memorias que unan los corazones de los miembros de nuestras familias. Las memorias son nuestra posesión más valiosa. Pueden ser eventos planificados cuidadosamente por los padres, o pueden ser sucesos accidentales: el rezo cada noche de la oración favorita de mamá, un buen chiste, una esmerada vacación, o una tradición particular. En cualquier caso, debemos atrapar y celebrar nuestras memorias. “¿Te recuerdas aquella vez…?” dirán agradecidos nuestros hijos, recordando, viendo fotografías o leyendo un diario, en medio de lágrimas o sonrisas.

Vida eterna para los difuntos y fortaleza para los sobrevivientes, te rogamos Señor.

Este artículo fue publicado el 9 de octubre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

 

 

 

Bolas mediáticas y realidad: el sínodo

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Debemos mantener la calma y formar criterio analizando las fuentes primarias, sin caer en las trampas que nos colocan reporteros tendenciosos.

“El Vaticano cancela su terremoto” es el titular de un artículo por Damian Thompson en un periódico inglés. Según Thompson, el Papa Francisco sufrió un revés porque los obispos emitieron unas propuestas menos sísmicas de las que él y muchos reporteros esperaban, al concluir el Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la Familia. Numerosos periodistas repiten que los obispos conservadores trajeron a pique la progresista ambición del pontífice por redefinir la familia. Amigos en Facebook critican a los obispos por ser “más papistas que el Papa”. Por su parte, algunos fieles católicos se preocupan por la supuesta confrontación al seno de la Iglesia. Las expectativas de unos y los temores de otros son infundadas.

Somos testigos, no de una foto instantánea, sino de un proceso que aún no termina. El director de la oficina de prensa del Vaticano, Padre Federico Lombardi, se refirió al texto como un paseo. De hecho, la palabra sínodo deriva de dos palabras griegas que significan ruta, camino o viaje, y encuentro o reunión. El paseo inició con un cuestionario enviado a las conferencias episcopales de todo el mundo hace un año. En mayo de este año, el Consejo Ordinario del Sínodo de Obispos elaboró un instrumento de trabajo. Los partícipes del Sínodo Extraordinario recién celebrado se dividieron en diez grupos o círculos menores para dialogar con base en dicho borrador. En sus palabras inaugurando la reunión, el Papa Francisco pidió a los convocados “hablar claro”, “sin respeto humano, sin timidez”. El Relatio post disceptationem es el documento preliminar que resume los debates. Sirvió para las votaciones, punto por punto, que culminarían en el texto-paseo o Relatio Synodi. El Papa Francisco pidió publicar los dos textos e incluso el número de votos que recibió cada uno de los 62 puntos aprobados por dos terceras partes. Pero el Relatio Synodi no es un documento disciplinar o magisterial. Constituye un paso más hacia la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos que abordará el tema “Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia”, y se llevará a cabo en el 2015.

Los periodistas, acostumbrados a cubrir eventos puntuales, quizás no comprenden el prudente ritmo de trabajo que se impone la Iglesia. Quizás no tengan la paciencia de navegar páginas y páginas de textos tentativos. Sumamos a esto su propensión a hacer lecturas a través de sus lentes ideológicos; cuando la realidad no les agrada, la rechazan. El proceso que llevó al Relatio Synodi pone en evidencia sus equívocos: el Papa Francisco no es un revolucionario y los obispos no son insensibles frente a los retos que encara la familia moderna. El debate abierto y la razón no son fenómenos ajenos a la Iglesia.

Como señala con humor Jennifer Roback Morse del Ruth Institute: “¡El Papa Francisco definitivamente es católico!” En la última sesión del sínodo, el pontífice advirtió sobre la tentación de transformar la piedra en pan y el pan en piedra. Nuestros pastores no quieren, ni pueden, modificar la doctrina ni descuidar su rol como custodios de la fe. “Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte está contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia” agregó el Papa.

El propósito del proceso no es aguar las enseñanzas sobre el matrimonio y la familia, sino hacerlas más atractivas. La tarea pastoral de la Iglesia es motivarnos a vivir conforme a la fe católica, porque constituye una roca sólida sobre la cual construir nuestras relaciones amorosas. Es un medio para acceder a la felicidad terrenal.

Este artículo se publicó el viernes 24 de octubre del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.