Olas mediáticas

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Contrastan los dos documentos que hicieron olas gigantes a nivel mundial la semana pasada: los Panama Papers y la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco.

Los Panama Papers se elaboraron a partir de bases de datos y archivos filtrados, obtenidos ilegalmente. Es un saco roto armado por varios periodistas y huele a conspiración, chismorreo y voyerismo. Es controversial hasta el oculto financista de la investigación: señalan al gobierno de Estados Unidos, a George Soros, o al ministro de finanzas de Alemania… Dado que en la mayoría de países es perfectamente legal constituir empresas off shore, la tarea pendiente es detectar la cizaña entre el trigo sano: identificar a los gobernantes y sujetos corruptos que esconden dinero mal habido. Sin embargo, se aborda con tanto alarmismo el asunto que arroja sospecha sobre todo lo financiero y comercial. Los “expertos” y los mismos políticos no tardaron en demandar más regulaciones y prohibiciones, entre ellos el fin del secreto bancario. En última instancia, empobrecerán aún más a los ciudadanos comunes.

Además de coincidir en el tiempo, los Panama Papers se parecen a Amoris Laetitia en tres aspectos. Primero, la exhortación apostólica es producto de una colaboración que abarca dos Sínodos de Obispos sobre la familia, realizados en el Vaticano en el 2014 y 2015, y deliberaciones locales. Segundo, diagnostica la corrupción, en este caso de la familia en la sociedad moderna. La tercera similitud tiene que ver con el manejo de la noticia. Al fijar su atención en polémicas como las uniones del mismo sexo y el divorcio, los reporteros generan malos entendidos y lagunas de información, provocando reacciones contraproducentes.

Los parecidos palidecen frente a las diferencias. El Papa Francisco refrenda el trabajo de cientos de pastores informados por sus estudios y vivencias. El tono de Amoris Laetitia es comprensivo, conciliatorio y esperanzador, no acusatorio. El documento reitera las claras enseñanzas magisteriales sobre el matrimonio y la familia, y recomienda un seguimiento pastoral para cada matrimonio concreto, tomando en cuenta factores culturales particulares.

La familia enfrenta desafíos, afirma el Papa Francisco a lo largo de nueve capítulos y 300 párrafos. La violencia y el abuso de menores, la migración, la cultura pro aborto y eutanasia, la ideología de género y la “descomposición jurídica” de la familia son solamente algunos de los peligros listados. Y es que las familias están compuestas por personas falibles que aman y sufren. Cuando aprehendemos a la familia como un núcleo dinámico y complejo, desdeñamos los impulsos contrapuestos de extinguir la institución natural, por un lado, o de someterla a inflexibles reglas, por el otro.

Jesucristo “proponía un ideal exigente”, subraya el pontífice, pero “nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera.” La Sagrada Familia no es la única capaz del ideal, porque nosotros contamos con la gracia y los sacramentos que nos fortalecen, así como con el acompañamiento de la Iglesia. Las familias que exhiben problemas y carencias pueden cultivar el amor profundo, el respeto y la estabilidad.

La comparación entre Amoris Laetitia y los Panama Papers puede ofender, pero me extiendo en esta osadía otro rato. Nosotros, a la vez receptores de las noticias, miembros de familias, y empresarios o trabajadores, aprendimos algo del embravecido mar de la opinión pública. Al confrontar noticias como éstas, podemos emular a la Iglesia en su amor a la verdad, prudencia y empatía. Podemos leer directamente los documentos y escarbar más, para no caer en engañosas o precipitadas conclusiones. Además, debemos dimensionar las consecuencias de mediano y largo plazo, intencionadas y no intencionadas, de nuestras opiniones y de nuestros actos.

Este artículo fue publicado el 15 de abril del 2016 en la Revista Contra Poder y CEES.

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Sobre la cita entre Kirill y Francisco

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No es totalmente cierto que la reunión celebrada el 12 de febrero en Cuba, entre el Patriarca Ortodoxo de Moscú y toda Rusia, Kirill, y el Papa Francisco, marcara el final de una enemistad que data del cisma de 1054.

Juan XXIII invitó a observadores ortodoxos al Concilio Vaticano II. El Patriarca Atenágoras I de Constantinopla se reunió con Su Santidad Pablo VI en 1965 y 1967: ellos dieron marcha atrás a la mutua excomunión. Reconocido como el primero entre pares, es decir, entre los patriarcas ortodoxos, Bartolomé I de Constantinopla ha forjado una relación amistosa con los tres últimos pontífices de la Iglesia Católica: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Bartolomé I firmó declaraciones conjuntas con San Juan Pablo II en 1995, 2002 y 2004, y con Benedicto XVI en el 2006. Asistió a la inauguración papal de Francisco y se reunió con él en cuatro ocasiones durante su visita a Tierra Santa. Bartolomé I y Francisco han emitido dos comunicados.

Por tanto, existen importantes acercamientos previos. Sin embargo, es la primera vez en casi mil años que un patriarca de Moscú y toda Rusia se encuentra con un papa católico. La cita se ha venido cocinando por años. De los 300 millones de cristianos ortodoxos, casi la mitad pertenecen a la autocefalía o autonomía encabezada por el Patriarca Kirill.

Los dos líderes religiosos subrayaron el hecho que sus conversaciones, y el documento firmado, son de índole pastoral y no política. “Los ortodoxos y los católicos debemos aprender a dar testimonio unánime en aquellas áreas en las cuales es posible y necesario,” afirman Francisco y Kirill. Claramente, la violencia contra los cristianos, mayormente en Medio Oriente y el norte de África, es una de estas esferas. Como lo expresó Su Santidad Francisco hace un par de años, “Cuando quienes odian a Cristo matan a un cristiano…no le preguntan antes de disparar si es luterano, u ortodoxo, o evangélico…Si el enemigo nos une en la muerte, ¿quienes somos nosotros para dividirnos en vida?”

El acercamiento en Cuba ocurrió meses antes del Gran y Santo Concilio de la Iglesia Ortodoxa, programado para junio del 2016. Allí se discutirá, entre otras cosas, la cohesión de las iglesias ortodoxas y su apertura hacia el mundo occidental. Para la iglesia rusa, el primer punto es significativo porque la mayoría de sus fieles residen en Ucrania. Aparentemente, ellos desean formar su propia iglesia autocéfala desde que su país fue intervenido militarmente por Rusia, con lo cual se convertirían en la comunidad ortodoxa más numerosa. Ni el Presidente Putin ni el patriarca Kirill quisieran que esto ocurra; se ve que debido a la relación cercana entre iglesia y estado en Rusia, es un tanto difícil separar lo pastoral de lo político. Dicho conflicto ha creado tensión entre los patriarcas de Constantinopla y Rusia.

Kirill, descendiente de una familia con fuerte arraigo ortodoxo, comparte el análisis de Benedicto XVI respecto de los riesgos que enfrenta Occidente. Habiendo experimentado la opresión comunista totalitaria, ambos líderes vieron en el secularismo y el colapso moral de la sociedad amenazas que conducen a nuevas tiranías. Esta amenaza sigue latente, pero el papa actual y el Patriarca Kirill se centran ahora principalmente en la persecución y el martirio de los cristianos de hoy, y por ello resalta el valor de la libertad religiosa.

El punto 14 lee así: “Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe.” Si sólo, parecen decir entre líneas, pudiéramos aprender a convivir en paz no sólo entre cristianos sino también con los musulmanes…

Este artículo fue publicado el 19 de febrero del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

¿Qué es un Jubileo?

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Asociamos la paz y la amistad con las fiestas navideñas, pero este año el sentimiento dominante debe ser la alegría, subrayada por el inició del Año de la Misericordia el pasado 8 de diciembre.

Este artículo intenta explicar en qué consiste un año santo o un jubileo, y qué beneficios podemos cosechar de dicha celebración. En una bula emitida el 11 de abril, el Papa Francisco anunció la convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El pontífice nos invita a reflexionar con mayor intensidad sobre las implicaciones de un Dios que es Amor, como lo resumió Juan el evangelista. El Dios cristiano es amoroso, y “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”, escribe Francisco. Nos debe impulsar a ser mejores personas la gratitud y el amor que inspira Dios-Amor.

Grito de alegría es lo que significa la raíz latina de la palabra jubileo, iubilum. También se traza una línea etimológica del término hebreo yobel, un macho cabrío. Los judíos solían anunciar el año jubilar sonando un shofar, o cuerno de cordero, en Yom Kipur, el día de la expiación y del perdón. Cada cincuenta años, los judíos celebraban un año jubilar o sabático: se dejaba sin arar la tierra, se restituían propiedades a quienes las habían perdido y se liberaba a los esclavos, entre otras cosas. El Papa Bonifacio VIII convocó al primer año jubilar en la Iglesia Católica en 1300, y resolvió celebrar jubileos ordinarios cada siglo. Años más tarde, pretendiendo que cada generación viviera por lo menos un año jubilar, se determinó que fueran cada 25 años. Los jubileos constituyen una invitación a retornar a la vida de fe mediante el perdón y la reconciliación.

El año santo recién inaugurado es el número 65 de los jubileos extraordinarios celebrados por la Iglesia Católica al día de hoy. El anterior tuvo lugar en el 2000. El 24 de diciembre de 1999, San Juan Pablo II se arrodilló para rezar en el umbral de la Puerta Santa recién abierta, inaugurando el Gran Jubileo que conmemoró los dos mil años (más o menos) de la venida de Jesucristo al mundo.

La apertura y el cierre de la Puerta Santa en San Pedro, y luego en las designadas basílicas y catedrales alrededor del mundo, se ha convertido en el acto simbólico de los años jubilares. Quienes libremente atravesemos estas puertas, aceptamos conscientemente a Dios y buscamos el auxilio de Su gracia. Pasamos del peligro al lugar seguro. Al abrir la puerta Francisco pronunció las siguientes palabras: “Es esta la puerta del Señor: Por ella entrarán los justos. Abridme las puertas de la justicia: Entraré para dar gracias al Señor. Por tu gran misericordia, entraré en tu casa, Señor: Me postraré hacia tu templo santo”.

El Papa Francisco ha expresado su temor de que ciertos sucesos violentos, como los atentados terroristas en París, son “piezas” de una tercera guerra mundial que se da por pedazos. Un mundo sacudido por la confrontación puede tomar fuerzas de recentrar la vista en el mensaje y ejemplo de vida de Jesucristo. Obviamente, siendo Dios y Hombre, Jesús lo hizo todo bien, como dice San Marcos. Heridos por el pecado, a nosotros nos cuesta mucho más obrar como debemos, pero no por ello dejamos de esforzarnos por imitar a Jesucristo. Alegra saber que Dios no nos rechaza; nos recibe con brazos abiertos cada vez que corremos de vuelta a buscarlo. La reconciliación con Dios a través del sacramento de la penitencia o la confesión nos permite recomenzar una y otra vez. Nuestro paso por esta tierra es, en resumidas cuentas, una continua lucha por alcanzar la perfección. Además, aprendemos a perdonar a quienes nos han hecho daño.

Aún los no creyentes sacarán provecho de leer detenidamente los escritos alusivos al año santo, porque el mensaje de perdón, reconciliación y misericordia pueden ayudar a familias, amigos y sociedades enteras a vivir en paz.

Este artículo fue publicado el 18 de diciembre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto es el logotipo oficial del Jubileo de la Misericordia.

Francisco y la política

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El barullo que provocó la visita de Francisco a Cuba y Estados Unidos tomó matices decididamente políticos.

El histórico viaje del Su Santidad Francisco a Cuba y Estados Unidos fue noticia de primera plana. Los medios de comunicación detallaron el apretado programa en cada ciudad, así como los desvíos del itinerario. Las redes sociales se saturaron de fotos y reflexiones subidas por testigos de los sucesos.

Las insinuaciones políticas obedecen a por lo menos cinco factores. El papa eligió como destino dos países que recién reanudaron relaciones diplomáticas después de más de medio siglo de enemistad. De hecho, las partes atribuyen a Francisco el rol de mediador en las negociaciones encaminadas a normalizar el trato diplomático y liberalizar el flujo de personas y bienes entre las naciones. Segundo, para Raúl Castro y Barack Obama, el pontífice es un homólogo estadista, jefe de la Santa Sede. Se desdeñaron estirados protocolos a favor de un comportamiento relajado: Francisco fue recibido en la Base de la Fuerza Aérea Andrews por una banda que tocaba la liviana canción “Happy”, por Pharrell Williams, por ejemplo. Tercero, es la primera vez que un papa da un discurso ante el Congreso de Estados Unidos. Cuarto, un número récord de presidentes y primer ministros escucharon su intervención ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Y finalmente, Estados Unidos vive una acalorada campaña para las elecciones primarias, de las cuales surgirán los candidatos que competirán por la presidencia en el 2016.

Los diferentes grupos quieren llevar agua a su molino aprovechando el carisma del Papa Francisco: quieren estar de su lado. Los ambientalistas aplauden cuando el papa atribuye el calentamiento global a la actividad humana depredadora del ambiente. Los progresistas celebran cuando el pontífice lamenta la brecha económica entre ricos y pobres y condena el consumismo. Hacen caras largas y arrugan la nariz, sin embargo, cuando Su Santidad pide respetar la vida desde la concepción y defiende a la familia tradicional.

Matt Taibbi de The Rolling Stone, pregunta: ¿porqué nos importa de qué lado está el papa? Taibbi, quien abandonó la religión de su infancia, concluye sarcásticamente que “esto es una lata. La izquierda estadounidense siempre es más desagradable cuando intenta ser piadosa…Si agregamos una auténtica piedad a la ecuación, …le quitaremos el gusto a no ser republicanos.” Es probable que el Papa Francisco alegre y defraude a todos un poquito, y que nos rete a todos un poquito, pero eso no es necesariamente malo. Él desafía las etiquetas y los “ismos”. Como buen latino, gusta del debate, improvisa, recurre a expresiones coloquiales, y se comunica constantemente.

Realmente, durante los dos años desde que Francisco asumió el cargo de Vicario de Cristo, he sido interpelada varias veces. ¿Cómo puedes seguir siendo católica, después de ver que el Papa estrechó la mano al dictador criminal, Fidel Castro, condenó al capitalismo excluyente y se volvió eco-histérico?

Estoy convencida que mis preferencias económicas y políticas no me impiden ser una buena católica porque acepto los dogmas de la fe. Es un error atribuir la misma solemnidad a todo lo que emana del Vaticano, pues una encíclica papal no es igual que una homilía o un mensaje en Twitter. Nuestros líderes eclesiásticos intentan guiarnos en cuestiones terrenales, sin restringir nuestra libertad de criterio, sobre todo en lo que refiere a políticas públicas o propuestas puntuales. Además, siempre conviene verificar si el Papa realmente dijo lo que dicen que dijo, leyendo los textos originales en sitios confiables como Vatican.va, Zenit o Rome Reports. Así constatamos que Su Santidad no ha entrado en contradicción con sus antecesores ni con el magisterio.

Este artículo fue publicado el 2 de octubre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Francisco y el ambiente

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Los 246 párrafos de la encíclica Laudato Si reclaman un estudio pausado, pero podemos empezar respondiendo a algunas apremiantes inquietudes.

¿Es Francisco ahora miembro honorario de Greenpeace? Unas partes de la encíclica hacen eco de la retórica de Greenpeace y de otras organizaciones ambientalistas: hay condenas al impacto negativo que tenemos las personas sobre la naturaleza, ya sea por el uso inconsciente de tecnologías, el consumismo u otras actividades. El Papa parece endosar la agenda del movimiento ecologista radical sobre todo respecto del cambio climático. Sin embargo, el pontífice no odia al ser humano. Tampoco convierte el ambientalismo en una religión. Al contrario, exalta el valor de cada ser humano: “¡Qué maravillosa certeza es que la vida de cada persona no se pierde en un desesperante caos, en un mundo regido por la pura casualidad o por ciclos que se repiten sin sentido!” (65) El punto de partida de Francisco para despertar una conciencia ecológica es el hecho de que Dios nos creó cuando culminaba su obra, que es por definición buena.

¿Sólo los ambientalistas pueden ser buenos católicos? Que nadie permanezca indiferente al prójimo y al entorno es el deseo claro de Francisco. Alude al planeta como la “casa común” de la humanidad, que es a su vez una “familia”. Los familiares velamos unos por otros y nos ocupamos del bienestar de nuestros descendientes. Las personas de fe debemos entrar en un diálogo paciente y generoso con “los diferentes movimientos ecologistas, donde no faltan las luchas ideológicas.” (201) Es decir, no nos obliga a suscribir una ideología en particular, sino más a buscar la verdad a través de la discusión. La encíclica es una invitación a un debate cándido y constructivo, mas no ofrece soluciones únicas y específicas para problemas ambientales concretos.

¿Rompe Francisco un largo divorcio entre la Iglesia y la ciencia? Afirmar este extremo es una tontería. ¡Cuántos gozan contraponiendo el discernimiento de la ciencia al obscurantismo irracional de la religión! La Iglesia condenó equivocadamente a Galileo, pero jamás se opuso rotundamente al conocimiento. La fe y la ciencia son conocimientos complementarios, enseñó el Concilio Vaticano I, lo ratificó Juan Pablo II en su encíclica Fe y Razón, y lo repite ahora Francisco. (62) Lo que es más, Francisco aboga por un intercambio interdisciplinar para enriquecer los avances de cada rama científica, que además abarque los aportes de la filosofía, el arte y la ética. Advierte Francisco que debemos contemplar las consecuencias éticas de ciertas prácticas. Avances científicos han hecho posibles las bombas destructivas y la clonación, pero su uso puede ser inmoral.

¿Ve Francisco al hombre con un mero destructor? Francisco escribe que “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse….”(204) Francisco no ve al hombre como la especie más depredadora y destructiva sobre la faz de la Tierra. Tampoco nos ve como animalitos presos de nuestros bajos instintos. Somos hijos de Dios, dignos, capaces de cometer errores, arrepentirnos, cambiar y acertar. En este sentido, la economía bien entendida puede ser un efectivísimo aliado para lograr las aspiraciones ambientales del pontífice.

¿Quiere Francisco que meditemos y contemplemos sin trabajar? Una postura ecológica “integral” tiene que reconocer el valor del trabajo. El trabajo es vocacional: nos dignifica y santifica. Mediante nuestro trabajo transformamos los recursos naturales en bienes y servicios. El Papa Francisco no pide que nos sentemos a contemplar la naturaleza hasta desfallecer, aunque sí nos invita a recuperar ese sentido de maravilla y asombro frente a la bella Creación.

Este artículo fue publicado el 26 de junio del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto es propia.

 

 

 

 

 

La postura católica frente al ambiente

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Hace meses se anunció que el Papa Francisco publicaría un documento sobre el medio ambiente, quizás una encíclica. ¿En qué consistiría un ambientalismo cristiano?

El aporte principal del cristianismo a los debates ambientales es afirmar el valor de la vida humana. Ningún ser humano que viene al mundo sale sobrando o es rechazado por Dios. Por ende, la protección y conservación del medio ambiente no justifica políticas coercitivas de control de la natalidad.

Una mentalidad antinatalista embarga el movimiento ambientalista. Arranca de la premisa que las personas dejan una huella permanente en la naturaleza, deteriorándola sin remedio. Todos los actos humanos producen externalidades, a juicio de los ambientalistas. Al respirar emitimos más dióxido de carbono que oxígeno, nuestras ruidosas voces distorsionan el entorno auditivo, y nuestros actos estropean lo que nos rodea. Nos retratan como la especie animal más depredadora que puebla la Tierra, consumidores insaciables de flora y fauna.

El mito de la sobrepoblación se acuerpa con el ambientalismo incluso desde antes que Thomas Robert Malthus escribiera su Ensayo sobre el principio de la población en 1798. Si producimos alimentos en insuficiente cantidad para alimentar a una creciente población, eventualmente se producirán terribles calamidades. Autores como Harrison Brown, Garrett Hardin, John Paul Holdren, y los esposos Paul y Anne Ehrlich agregaron leña al fuego. Por ejemplo, el geoquímico Brown abogó por el control de los armamentos y de la natalidad, siendo su libro más conocido El reto del futuro del hombre (1954). Escribió: “Los de mente débil, los retrasados, los tontos y lentos, y las personas por debajo del promedio en nuestra sociedad se reproducen a un ritmo mayor que las personas superiores en el tiempo presente…¿Hay algo que podamos hacer para evitar la degeneración de los genes humanos en el largo plazo? Desafortunadamente, ahora hay poco que podamos hacer, excepto prevenir que se reproduzcan las personas con evidentes deficiencias que son peligrosas a la sociedad y que son de sabida naturaleza hereditaria.”

Brown recomendó la esterilización por medio de un programa eugenésico, evidentemente involuntario. Pero existe también un Movimiento para la Extinción Voluntaria de los Humanos cuyo lema es “vivamos muchos años y muramos todos.” Dicho grupo propone que dejemos de tener hijos, dado que ya se rebasó la capacidad de carga del planeta, para así despoblar el mundo.

El Papa Francisco podría infundir al ambientalismo un tono menos lúgubre. Puede recordar al mundo que los demógrafos serios rebaten la tesis de la sobrepoblación, y se preocupan ahora por el envejecimiento poblacional y las bajas tasas de fertilidad. Desde la década de los setenta, los europeos se reproducen a tasas por debajo de la tasa de reemplazo de 2.1 hijos por mujer. Los pobres no lo son porque sean demasiados, sino porque sus instituciones políticas y económicas impiden el crecimiento económico.

El conocimiento de la economía—de cómo se crea riqueza—es una poderosa herramienta para conservar y restaurar ecosistemas. Se necesitan recursos e ingenio humano para idear soluciones eficaces.

La Iglesia Católica predica el destino universal de los bienes, es decir, que Dios confía la administración de los recursos a los hombres. Gozamos legítimamente de los frutos de nuestro trabajo, el cual transforma los bienes disponibles. El derecho a la propiedad privada es el medio idóneo para administrar la Creación, porque los dueños son conscientes guardianes que se preocupan por la conservación de los recursos en el largo plazo.

No sé qué dirá el Papa Francisco. Pero sinceramente espero que su pluma esté cargada de sabiduría económica y esperanza respecto de los seres humanos, y que haga eco de la cultura de la vida que tan enérgicamente promovió San Juan Pablo II.

Este artículo fue publicado el 16 de enero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

Sin tamales, sin fe

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Nuestras tradiciones navideñas son entrañables. Los guatemaltecos que viven fuera extrañan las posadas, los fantásticos nacimientos, el ponche y los tamales.

La Navidad fuera de Guatemala tiene un olor y sabor distinto. Sienten nostalgia por la intensidad de nuestras fiestas incluso los guatemaltecos que radican en países con arraigadas costumbres navideñas, que incluyen a Santa Claus, paisajes nevados y villancicos. Desde la Quema del Diablo hasta la venida de los Reyes Magos, los guatemaltecos vivimos una transformación exterior e interior. Es tiempo, ante todo, de amar. Nos volcamos en obras de caridad, así como en posadas y convivios, derrochando cariño hacia aquellas personas que con su amistad enriquecen nuestras vidas.

Para muchos, es tiempo de introspección espiritual. Delante del Niño Dios, acurrucado en el pesebre, reflexionamos sobre nuestra vida de piedad. Pedimos perdón por nuestras ofensas y gracia para ser mejores personas; pedimos que nos aumente la fe y el amor a Dios. Inventariamos las bendiciones que recibimos durante el año, incluyendo por los sucesos que a primera vista parecían pruebas dolorosas pero que nos hicieron crecer. Rogamos por la paz para Guatemala. Cobran un valor trascendente el tiempo de Adviento y las fiestas de fin de año cuando los abordamos con visión sobrenatural.

En estos días, la alegría ha sido el tema central de sermones y homilías, así como de los mensajes del Papa Francisco. No hay santo triste, nos recuerda Su Santidad. “El corazón del hombre desea alegría. Cada familia, cada pueblo, aspira a la felicidad,” dijo el pontífice el domingo 14 de diciembre a las más de 50 mil personas reunidas en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras. Exhortó a los cristianos a ser “misioneros de la alegría”. La intensa y profunda alegría de sabernos hijos de Dios, amados infinitamente por Él. Tanto nos amó que se hizo Hombre y nació de la Virgen María. ¿Cómo no dar testimonio de este particular júbilo a través de nuestras obras y palabras?

Les propongo que agreguemos a nuestra lista de agradecimientos el poder demostrar nuestro gozo en público, con naturalidad y sencillez. Agradezcamos que la hostilidad secularista aún no haya logrado infectar a nuestra sociedad. Algunos grupos, sobre todo organizaciones ateas progresistas, alegan que les ofenden las muestras públicas de fe. Se empeñan por criminalizar la exposición de arbolitos, crucifijos y nacimientos. Un ejemplo muy sonado fue la colocación de una escultura abstracta metálica en Bélgica, en el 2012, en sustitución del tradicional árbol natural de Bruselas. Ante la protesta de miles de belgas, un oficial del ayuntamiento dijo que únicamente deseaban “modernizar los placeres de invierno”. Las autoridades dieron marcha atrás en años sucesivos.

Pese a el sentir popular, la guerra contra la Navidad persiste. Un juez ordenó que se desmantelara un nacimiento elaborado por empleados municipales en el pueblo francés La Roche-Sur-Yon, aduciendo que el emblema religioso es incompatible con el principio francés de “neutralidad religiosa en espacios públicos”. Grupos ateos demandaron a una estación de bomberos en Utica, Nueva York, por colocar un rótulo que dice “Feliz cumpleaños, Jesús, te amamos”. En una escuela de primaria en Massachusetts, el director decidió eliminar la aparición de Santa Claus de su “concierto de invierno”. Nada respecto del espectáculo musical puede aludir a la temporada. La decisión del director fue criticada incluso por padres de familia musulmanes y no creyentes, pues dijeron que les gusta celebrar distintas tradiciones culturales, y que Santa Claus ya no es necesariamente un símbolo cristiano.

Es un tiempo propicio para crecer espiritualmente, aferrarnos a nuestras tradiciones y dar gracias por la libertad religiosa que vivimos en Guatemala.

Este artículo fue publicado el 19 de diciembre del 2014 en la Revista Contra Poder y CEES.