Jóvenes protagonistas

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Los jóvenes universitarios que convocaron y participaron en las manifestaciones pacíficas fueron los protagonistas del 2015.

Tres figuras que combatieron la corrupción durante el 2015 son Todd Robinson, embajador de Estados Unidos en Guatemala, Iván Velásquez, comisionado de la CICIG, y Thelma Aldana, Fiscal General de Guatemala. Robaron cámara dando un golpe al modus operandi de los gobernantes, colaborando en la captura y encarcelamiento del binomio presidencial, de otros altos funcionarios públicos y algunos empresarios. Quizás tuvieron más que ver con alterar el resultado previsto de las elecciones generales que los ciudadanos manifestantes, pero yo quisiera resaltar el rol de los jóvenes que salieron a las calles e inundaron las redes sociales con sus mensajes anti-corrupción, porque se perfilan como una fuerza innovadora.

Liderazgo difuso, prontitud de acción, honestidad y un impacto más allá de las fronteras nacionales son cuatro características que describen a estos protagonistas. Las palabras movimiento, organización o conspiración no cuadran con este fenómeno, porque lo ocurrido en Guatemala no es un asunto formal, con jerarquía y caudillos. Algunos nombres nos suenan: Phillip Chiccola, Paulina Aris, Lucía Mendizabal, el equipo de Libertópolis, Jóvenes por Guatemala, Guatemala Visible, Primero Guatemala, Anonymous, Movimiento Ciudadanos Contra la Corrupción, Guatemala Activa, grupos de estudiantes universitarios y más. Hay liderazgo, pero es compartido. Los líderes deliberadamente evitan usar su activismo para provecho personal. La actitud de “hacer y desaparecer” contrasta con el afán de lucirse, propio de un político en campaña. Contra toda expectativa, por la desconfianza del guatemalteco, esta actitud hizo creíbles las invitaciones a manifestar. Gustó a los participantes de toda edad que el canto del himno nacional se convirtiera en el gesto unificador, sustituyendo los fogosos discursos ideológicos.

Asociamos con la juventud su veloz y eficaz comunicación, pues arriba del 80% de los cibernautas son menores de 34 años. Hay más de 2 millones de cuentas de Facebook en el país y un número mayor es usuario de internet; 9 de cada 10 ciudadanos tiene celular. La consultora Findanse estima que se enviaron 66,000 invitaciones para asistir a la primera manifestación del 25 de abril. Todos conocen el hashtag #Renuncia Ya. El día con más conversaciones en redes sociales en el 2015 fue el 27 de agosto, día del Paro Nacional. La dimisión de Otto Pérez Molina fue conocida en poquísimas horas luego de efectuarse. Las redes sirven para difundir rumores falsos, pero sobre todo sirven para proveer información veraz, no censurada, evocar una indignación colectiva y medir la reacción ciudadana.

El grito anti-corrupción es, sin lugar a dudas, el común denominador de los jóvenes manifestantes. No son de izquierda ni de derecha, subrayaron varias veces, pero todos condenan el abuso del poder, el robo y el despilfarro por parte de sus representantes electos. Piden gobernantes probos y procesos administrativos transparentes. De allí que la honestidad sea el valor que más asociamos con los jóvenes ciudadanos. No pueden exigir a otros conductas que ellos mismos no se esfuerzan por vivir. Y tienen la solvencia moral de exigir precisamente porque no pesa sobre sus hombros una reputación manchada.

Finalmente, no cabe duda que las plazas públicas repletas de jóvenes manifestantes tuvieron repercusiones internacionales. No sólo porque guatemaltecos en el exterior se unieron a las protestas desde la distancia, sino porque sus homólogos salvadoreños, hondureños y argentinos, entre otros, ahora ejecutan esfuerzos parecidos. Por el bien que estos jóvenes pueden hacer en Guatemala en el futuro cercano, merecen ser reconocidos como actores protagonistas del 2015.

Este artículo fue publicado el 1 de enero del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

¿Y ahora?

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¿Hacia dónde debe orientar su atención la ciudadanía?

Los memes y los mensajes breves, chistosos y sesudos, jugaron un papel determinante en estas elecciones generales. La frase #No le toca, por ejemplo, se convirtió en una auténtica cantaleta que caló en la opinión pública, contribuyendo a torpedear la candidatura presidencial de Manuel Baldizón. Los memes acompañaron la labor del Ministerio Público y las investigaciones de la CICIG; unificaron criterio respecto de la necesidad de pedir la renuncia del binomio compuesto por Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina y motivaron la participación ciudadana en las protestas pacíficas. Los ciudadanos que ríen con los mensajes y los comparten con sus amistades se sienten empoderados y victoriosos, y creo que con razón. Luce ser una operación casera y descentralizada, un fenómeno espontáneo sin dirección central ni agenda oculta.

Entre los mensajes que celebran los logros cosechados, se eleva implícita, o explícita, la pregunta: ¿y ahora qué? Se me viene a la mente uno que decía algo así como: “ahora que ya fregamos a Roxana, Otto y Manuel, ¿a quién le toca?” El tono es crudo y un tanto agresivo, pero creo que encapsula una duda bastante generalizada: ¿hacia qué causas debe canalizarse esta energía ciudadana? ¿Qué hemos de promover de aquí en adelante? La dinámica consiste en lanzar globitos al aire para ver cuáles cautivan la imaginación y se popularizan, pero pienso que hay por lo menos tres temas prioritarios que merecen atención.

Primero, vale la pena subrayar el realismo frente al sistema político participativo. Los memes nos quitaron el velo romántico respecto del juego democrático. Es importante no pedir peras al olmo: la administración pública jamás funcionará como un perfecto relojito suizo ni estará siempre poblada por heroicos, desinteresados y omni-competentes ángeles. Tampoco se transformará de la noche a la mañana. Las expectativas ciudadanas deben mantenerse dentro del marco de lo factible. Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) tienen que partir de premisas realistas para que realmente constituyan mejoras, para que impidan que los seres humanos imperfectos que incursionan en la arena política nos hagan daño desde sus posiciones de poder.

Segundo, la ciudadanía puede ser propositiva respecto del combate a la corrupción. Debemos mantener el dedo en la yaga y seguir presionando a la clase política para transparentar la gestión pública, para que nuestros representantes y funcionarios electos rindan cuentas de una forma regular y eficiente. Por ejemplo, para gobiernos locales existen proyectos como www.opengov.com, una empresa que lleva la contabilidad a municipalidades y les permite acceder a las redes sociales para entablar una relación más directa con la ciudadanía. Chapinizar esta fórmula, y buscar otras innovaciones similares, puede agilizar el proceso de limpiar la casa gubernamental.

Tercero, el futuro o la futura presidente de Guatemala debe sentirse en deuda con el votante en la mediana, más que con grupos de interés, ideologías radicales o financistas. Ninguna otra elección en nuestra historia ha hecho tan visible al votante. Si el futuro presidente siente que se debe en primer lugar a una ciudadanía cuya prioridad es la lucha contra la corrupción, entonces quizás tenga miedo de operar turbiamente. Medirá sus decisiones según el barómetro de esa multitudinaria opinión pública que se ofende al ver cómo se rellenan los bolsillos con los tributos del pueblo y exige justicia para quienes abusan del poder temporal que nosotros les delegamos.

Una versión levemente modificada de este artículo fue publicada el 25  de septiembre del 2015 en la Revista Contra Poder y en el CEES.