Cambio en Venezuela

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Después de la euforia, viene la reflexión realista. ¿Qué podrá hacer la oposición del chavismo con su victoria en las elecciones parlamentarias?

El domingo 6 de diciembre los venezolanos votaron contundentemente a favor del cambio. Días antes, el presidente Nicolás Maduro prometió bravuconamente salir a las calles si perdía el oficialismo. Las masivas manifestaciones en contra del régimen dejaron como saldo muertos y encarcelados políticos: la amenaza de Maduro era creíble. La Conferencia Episcopal de Venezuela emitió un comunicado rogando que se respetara la vida y la integridad física de los ciudadanos en vista de “los últimos hechos de violencia”. Un 60% de los venezolanos creía que el Consejo Nacional Electoral (CNE) era parcial al Gobierno. La oposición emitió alertas durante la jornada electoral, sobre todo cuando las urnas permanecieron abiertas pasada la hora prevista y se retrasó el anuncio oficial de los resultados.

Al final, el “tenemos que ganar como sea” de Maduro se transformó en “esto es una bofetada para despertar”. El castigado mandatario atribuye el revés a una “guerra económica” sin conceder que simboliza el fracaso del socialismo del siglo XXI. Pero es fácil explicar el sentir popular, según Chris Wright de la revista Forbes. Hasta los correligionarios del chavismo pasan hambre por desabastecimientos crónicos, en un país rico en reservas petroleras y recursos naturales. Las personas forman larguísimas colas intentando pescar escasos alimentos y medicinas. Estimados colocan la inflación entre 200-600 por ciento. Junto con Corea del Norte y Cuba, Venezuela ocupa los últimos lugares al nivel mundial en el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage y The Wall Street Journal. Es una de las cuatro peores economías del mundo según Forbes: el PIB se encogió 4% en el año, las exportaciones cayeron y el desempleo empieza a crecer. Como acota la bloguera cubana Yoani Sánchez, “el hartazgo llegó”.

¿Puede la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) hacer cambios en la economía con una mayoría en la Asamblea Nacional? Depende del número de escaños ganados y de la cohesión entre los diputados de la coalición. La MUD engloba a una variedad de tendencias ideológicas. El secretario general de la Mesa, Jesús Torrealba, perteneció al partido comunista; Henrique Capriles, candidato presidencial y fundador de Primero Justicia, se autodefine como “humanista”; Voluntad Popular de Leopoldo López se identifica como progresista y centrista. La plataforma ha evitado pronunciamientos sobre la economía precisamente por carecer de unidad de criterio. El barco venezolano virará de rumbo, pero no sabemos a ciencia cierta si los políticos electos lucharán por la libertad.

Escribo esta nota estando pendientes de anunciar los resultados para 2 de los 167 escaños en la asamblea, la cual fue completamente renovada en estos comicios. A partir del 5 de enero, los diputados tendrán cinco años para implementar reformas dentro del marco establecido por la bolivariana Constitución de 1999. Habiendo superado los 101 escaños, los diputados de MUD suman por primera vez en 17 años, una mayoría calificada o más del 69 por ciento de las plazas en el parlamento. Eso quiere decir que pueden aprobar o no el presupuesto, autorizar el enjuiciamiento del presidente o diputados, aprobar un estado de excepción o una reforma constitucional. También pueden sancionar leyes habilitantes y remover o vetar a ministros o al vicepresidente. Si hubiesen logrado 112 curules, podrían haber revisado tratados internacionales como Petrocaribe e incluso promover una asamblea constituyente.

La zozobra en Venezuela es tal que la sola posibilidad de provocar un impasse en la asamblea genera optimismo. Por el bien del país, espero que la oposición logre además revertir los daños provocados por el socialismo.

Este artículo fue publicado el 11 de diciembre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

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Totalitarismo, fascismo y violencia en Venezuela

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La censura es el primer paso del totalitarismo. Un gobierno que ambiciona controlar la información que llega a sus ciudadanos cercena los derechos humanos y la libertad. 

Nicolás Maduro tan sólo perpetúa las restricciones a la liberta de prensa iniciadas por Hugo Chávez en Venezuela. El último zarpazo del gobierno bolivariano es haber sacado del aire la señal del canal colombiano NTN24 mientras éste cubría la noticia de las multitudinarias protestas callejeras llevadas a cabo la semana pasada. No emitió previamente un aviso oficial. Simplemente, Maduro dispuso que NTN24 es un canal “anti-bolivariano” y “fascistoide” que promueve un golpe de estado en Venezuela.  Acusó al expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, de apoyar financieramente a quienes lo quieren derrocar.

Venezuela ocupa el lugar 118 de 180 países en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, y el puesto 168 de 196 en el índice generado por Freedom House. Éste último declara al país “no libre”, en tanto Reporteros sin Fronteras sentencia: “El espacio audiovisual nacional está sometido casi por completo al Poder Ejecutivo y a sus cadenas.” Las autoridades sostienen que la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (Resorte), reformada en el 2010, es garante de la libertad de expresión, pero los comunicadores opinan que propicia la autocensura y otorga al gobierno el poder de juzgar la idoneidad de los contenidos. Con descaro, el director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, William Castillo, afirmó que existe libertad de prensa siempre y cuando no se publiquen críticas al gobierno.

El mundo se enteró de la realidad venezolana a través de videos caseros que circulan en las redes sociales. La represión violenta de la policía y los grupos paramilitares  contra manifestantes universitarios quedó grabada. ¿Pueden verse estas noticias dentro del país? ¿Tomarán represalias contra quienes divulgan estas escenas?

La retórica del totalitarismo es irónica. Nicolás Maduro usa el insulto “fascista” contra sus críticos, pero a él le calza mejor la etiqueta. El fascismo suele definirse como un nacionalismo autoritario que recurre a la militarización de la sociedad, promueve la veneración del estado y enfatiza el ultra-nacionalismo.

Debemos retomar las advertencias que nos hicieron George Orwell, Hannah Arendt y Karl Jaspers, entre otros autores, sobre el totalitarismo.  Sus mensajes siguen siendo pertinentes aunque escribieron en un contexto histórico distinto.  El engaño posibilitó el triunfo del totalistarismo en Alemania, reflexionó Jaspers en 1963. El totalitarismo “promete todas las cosas a todos los hombres”, afirma Jaspers. Formalmente se apega a las leyes y a la Constitución pero las vacía de contenido. Aprovecha luego el rompimiento con el orden para ofrecerse como la salvación.

Además, afirma Jaspers, es difícil de detectar pues luce muchas máscaras ideológicas, como el comunismo, el socialismo y el fascismo, sin ser ninguna de ellas.  “Es como una maquinaria que se arranca a sí misma sin que sus operadores estén plenamente conscientes de lo que están poniendo en marcha.” Muchos observadores confiaban que el pueblo alemán era demasiado inteligente y culto como para caer en el totalitarismo, pero no fue así.  Advierte Jaspers que todos los pueblos deben librarse de ese auto-engaño:  lo ocurrido en muchos países europeos puede pasar en cualquier lugar.

Se resiste el totalitarismo con información veraz y persuasión pacífica. Se empieza por respetar la libertad de prensa, porque como bien dijo Ludwig von Mises: “Es vano luchar contra el totalitarismo adoptando métodos totalitarios…el primer requisito para un orden social mejor es el retorno a la irrestricta libertad de pensamiento y expresión.”

Este artículo se publicó el 21 de febrero del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.