Corrupción en Guatemala y Venezuela

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La visita de empresarios venezolanos a Guatemala coincidió con el anuncio de las capturas por corrupción en la SAT y las aduanas. ¿Qué une estos eventos?

La compleja red de defraudación aduanera que involucra a funcionarios públicos nos sorprendió menos que la captura de veintiún personas por su presunta vinculación con La Línea, como se llama la organización criminal. No esperábamos ver a figuras como Omar Franco y Carlos Muñoz en esposas, pero todos sabíamos que dentro de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y las aduanas había corrupción. La Administración Pérez anunció que la combatiría. Se aprobó una nueva Ley Nacional de Aduanas en el 2013 y se ordenó a miembros del ejército y la PNC que vigilaran las operaciones en dichas entidades. Estas publicitadas medidas no obstante, millones de quetzales destinados al erario público se han desviado a cuentas personales; Acción Ciudadana describió la corrupción como una “enfermedad viral” a principios de año.

En paralelo, los venezolanos Marcel Granier y Luis Alfonso Herrera hablaron sobre la podredumbre dentro de su gobierno y la erosión de las libertades civiles de las cuales han sido testigos. En un panel foro organizado por la Universidad Francisco Marroquín, advirtieron que el trágico deterioro experimentado por Venezuela puede repetirse en cualquier nación latinoamericana. Granier, presidente y Gerente General de Radio Caracas Televisión (RCTV) y 1BC, ha vivido en carne propia la censura contra los medios de comunicación independientes por parte del represivo régimen bolivariano. Herrera, abogado y filósofo asociado al tanque de pensamiento CEDICE, describió cómo al irrespetar los derechos de propiedad privada, se violan también las otras libertades individuales.

Si en Venezuela falta papel de baño y otros insumos básicos, es realmente debido a la destrucción del mercado, así como a la lenta muerte de las instituciones republicanas y del Estado de Derecho. Herrera comentó que en Venezuela no hay expropiaciones enmarcadas por el derecho, sino expoliación antojadiza. Al identificar la democracia con programas redistributivos populistas, los gobiernos de Chávez y Maduro destruyeron la institucionalidad.

Explicaron los expositores que en un principio, la ciudadanía no se percató del peligro que corría. Unos permanecían apáticos a los abusos contra otros. Se adaptaban para mantener su estilo de vida. El viciado modus operandi va atrapando nuevos cómplices que por tener la cola machucada y por proteger sus intereses, no denuncian lo que ocurre ni promueven reformas. Además, las autoridades hacen gala de la legalidad de su ilegítimo actuar, ya que han ido cambiando la constitución y las leyes para hacer caber sus desmanes, al tiempo que criminalizan actos cotidianos, antes libres, como vender, comprar, opinar y educar.

Es famosa la frase de Lord Acton sobre la corrupción asociada con el poder absoluto, pero casi nunca se cita la oración siguiente: “Los grandes hombres casi siempre son malos hombres, aún cuando ejercen influencia y no autoridad; todavía más cuando agregas la tendencia de la certeza de la corrupción por la autoridad”. Mientras las complejas burocracias y los reglamentos permitan a las autoridades tomar posesión de bienes ajenos, no importa quién asuma el poder. Con probabilidad se corromperá. Los excesos en la SAT, las aduanas y en los despachos del gobierno revolucionario bolivariano no cesarán cuando los cargos sean ocupados por personas éticas. Hace falta implantar reglas que prohíban los abusos inclusive a los pícaros.

A mayor libertad, menos corrupción. Entre más sencillos y claros sean los impuestos y los trámites aduaneros, menos corrupción. ¿Porqué? Porque es más fácil fiscalizar a las autoridades y porque el poder está disperso.

Este artículo fue publicado en la edición electrónica de la Revista Contra Poder el 20 de abril del 2015.

Tomé la fotografía que acompaña este artículo en el Auditorio Juan Bautista Gutiérrez de la Universidad Francisco Marroquín, el miércoles 15, durante el Foro de Libertad de Expresión y Propiedad Privada organizado por el Centro Henry Hazlitt. Los panelistas que aparecen en la foto son Marcel Granier y Luis Alfredo Herrera, ambos de Venezuela.

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¿Para qué sirven las Cumbres de las Américas?

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Los ciudadanos perdemos más de lo que ganamos cuando se convocan estas reuniones regionales.

Atribuyen la idea a Simón Bolívar, pero él convocó una reunión en 1826 que contrasta con lo acontecido en Panamá. También fue distinta la Conferencia Internacional de los Estados Americanos (1889-90), realizada en Washington, D.C., que duró seis meses y abordó una limitada agenda: promover el comercio y establecer un mecanismo para dirimir conflictos entre los países de la región.

La semana pasada, Raúl Castro y Barack Obama se dieron un histórico apretón de manos. Eso fue tan solo la punta del iceberg. Un estimado de 12 mil asistentes, entre ellos 30 jefes de estado, paralizaron la capital panameña. Miles de reporteros y agentes de seguridad rondaron a los políticos. Sesionaron días antes cientos de representantes del sector empresarial y grupos de jóvenes y movimientos sociales. Entre anomalías, exclusiones y reclamos, se enfrentaron a golpes y gritos, en la vía pública y las mesas de trabajo oficiales.

Ésta fue la séptima bacanal desde que Bill Clinton convocó la I Cumbre de las Américas en 1994. Extensos planes de acción son elaborados y discutidos meses antes, para ser suscritos durante el encuentro, probablemente excediendo los fines para los que fue creada la OEA.

¿Benefician las cumbres a los habitantes de la región? ¿Se justifica erogar millones de dólares a la luz de los resultados? Listo cinco posibles razones que motivan a los organizadores y a los actores principales.

1. Oportunidad fotográfica: Los presidentes latinoamericanos, cuya imagen naturalmente se desgasta en el ejercicio del poder, gustan de publicidad halagadora. Obviamente, prefieren retratarse con sus homólogos más populares.

2. Distractores útiles: ¿Qué mejor que empezar una televisada pelea con representantes de países vecinos, para incendiar pasiones nacionalistas y hacernos olvidar los problemas que enfrentamos diariamente por culpa de una gobernanza deslucida?

3. Imponer la agenda privada del Secretario General: Quien controla la agenda impone su particular ideología. Si José Miguel Insulza lo hizo, Luis Almagro, también de izquierda, sin duda lo hará. Él y sus funcionarios pueden ensalzar las causas con las cuales simpatizan, y dejar fuera de las discusiones los enfoques que les irritan.

4. Politiza e internacionaliza asuntos económicos y civiles: Cuesta comprender porqué los políticos insisten en forjar consensos sobre asuntos privados para imponernos un único criterio. Temas como la eutanasia y el aborto son incendiarios. El concepto de “derechos humanos” hoy carece de sentido porque es un bolsón que todo lo atrapa, como evidenciaron los pleitos callejeros entre los supuestos activistas de derechos humanos a favor y en contra de los hermanos Castro y Chávez. Además, resulta contradictorio que la libertad de comerciar requiera cientos de páginas de regulaciones. El meollo del problema puede ser la obstinación por colectivizar cuestiones que podríamos dirimir en círculos familiares, comunitarios o locales, en lugar de luchar por alcanzar un artificial criterio unánime al nivel regional.

5. Fomenta la búsqueda de rentas: Deberíamos medir el altísimo gasto en que incurren los grupos de presión para esgrimir sus intereses en estos foros regionales. Algunos son agresivos buscadores de rentas, mientras que otros grupos se ven en la necesidad de defenderse frente a los embates de sus opositores. Unos promueven tratados proteccionistas, otros tratan de evitarlos. En la arena política, la ganancia de uno es la pérdida de otro. La sociedad civil se agremia y se organiza, desviando recursos de actividades productivas para destinarla a esta empobrecedora dinámica.

Ganaríamos si ya no se organizaran más cumbres.

Este artículo fue publicado el 17 de abril del 2015 en la Revista Contra Poder y en el CEES.

La foto es un collage hecho a partir de fotos tomadas de internet, con créditos incluidos en las mismas.

El populismo y la corrupción

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Abramos los ojos: las incoherencias en el discurso, la falta de transparencia y los vínculos de Podemos podrían ser emulados por políticos guatemaltecos.

El partido Podemos de España es una encarnación reciente del populismo. El partido se convirtió en la segunda agrupación política por número de afiliados al poco tiempo de su fundación. Hoy cuenta con más de 348 mil miembros y captó el 8% del voto en las elecciones para diputados al Parlamento Europeo. Su discurso de izquierda parece cautivar a la porción de la juventud española desempleada y desmotivada por la situación económica de Europa. Muchos se sienten defraudados por la oferta política de partidos establecidos, como el conservador Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Aprovecha el espacio esta irreverente alternativa, hábil en el manejo de las redes.

El fundador, Pablo Iglesias Turrión, militante de la Unión de Juventudes Comunistas de España, porta el mismo nombre que quien fundó el PSOE en 1879. Sorprende que el nuevo Pablo adquiera compromisos tan radicales, habiendo sido profesor de ciencias políticas de la Complutense. Debido a su preparación, debería saber que los gobiernos difícilmente pueden aliviar la pobreza, menos aún si ahuyentan la creación de riqueza e inversión aumentando la carga tributaria. Retroceder a una economía agraria prácticamente autárquica, liderada por pequeños y medianos agricultores, suena romántico pero en la práctica empobrece a todos. Y si estas verdades escapan a Iglesias, quizás no deberían escapar a su mano derecha, Juan Carlos Monedero, también politólogo y ensayista.

Curiosamente, el ideario socialista suena refrescante cuando ofrece “convertir la indignación en cambio político” y reclama la manutención del Estado Benefactor como una cuestión de derechos humanos. Sin embargo, quizás el gancho más atractivo de Podemos fue su promesa de combatir la corrupción. Llegaron a ofrecer tal transparencia que, si Podemos no triunfaba en las elecciones, invertirían las donaciones recibidas para financiar sus campañas en diferentes movimientos sociales.

El escándalo de corrupción que desde hace semanas envuelve a Podemos cobra relevancia por este antecedente. El diario ABC publicó que Juan Carlos Monedero recibió 250,000 bolívares (35,000 euros) por asesorar al venezolano Hugo Chávez en el 2010; también trascendió que recibió 425,150 euros a finales del 2013. De hecho, El País estima que en el transcurso de 10 años, desde el 2002, el gobierno de Chávez pagó 3.7 millones de euros a la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), encabezada por dirigentes de Podemos. Si esto es cierto, los aportes de Venezuela constituyeron la principal fuente de financiamiento para CEPS en algunos años.

Cuando Esperanza Aguirre, Presidenta de Madrid del PP, acusó el año pasado a directivos de Podemos de ser castristas, chavistas y pro-ETA, Iglesias y Monedero amenazaron con demandarla por calumnia. Pero es una verdad escandalosa, y por tres motivos. Primero, porque cobraron jugosas sumas por consultorías cuando el pueblo venezolano moría de hambre. Segundo, porque aparentemente Monedero evadió impuestos dada la fórmula que usó para reportar (o no) sus ingresos. La Universidad Complutense inició una investigación “reservada” porque siendo profesor prestó asesorías a gobiernos latinoamericanos por montos no reportados. Y tercero, porque Iglesias y Monedero hicieron enojar a la Administración de Nicolás Maduro: negar sus vínculos a la revolución bolivariana luce como una traición a sus ojos. Como si para aclarar la estrecha amistad, según ABC, Maduro amenazó con expropiar propiedades españolas en Venezuela si no cesan las indagaciones respecto de Podemos.

Moraleja: si los políticos no son transparentes antes y durante la campaña, entonces poco harán para combatir la corrupción una vez en el poder.

Este artículo fue publicado el 20 de febrero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

 

 

Totalitarismo, fascismo y violencia en Venezuela

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La censura es el primer paso del totalitarismo. Un gobierno que ambiciona controlar la información que llega a sus ciudadanos cercena los derechos humanos y la libertad. 

Nicolás Maduro tan sólo perpetúa las restricciones a la liberta de prensa iniciadas por Hugo Chávez en Venezuela. El último zarpazo del gobierno bolivariano es haber sacado del aire la señal del canal colombiano NTN24 mientras éste cubría la noticia de las multitudinarias protestas callejeras llevadas a cabo la semana pasada. No emitió previamente un aviso oficial. Simplemente, Maduro dispuso que NTN24 es un canal “anti-bolivariano” y “fascistoide” que promueve un golpe de estado en Venezuela.  Acusó al expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, de apoyar financieramente a quienes lo quieren derrocar.

Venezuela ocupa el lugar 118 de 180 países en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, y el puesto 168 de 196 en el índice generado por Freedom House. Éste último declara al país “no libre”, en tanto Reporteros sin Fronteras sentencia: “El espacio audiovisual nacional está sometido casi por completo al Poder Ejecutivo y a sus cadenas.” Las autoridades sostienen que la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (Resorte), reformada en el 2010, es garante de la libertad de expresión, pero los comunicadores opinan que propicia la autocensura y otorga al gobierno el poder de juzgar la idoneidad de los contenidos. Con descaro, el director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, William Castillo, afirmó que existe libertad de prensa siempre y cuando no se publiquen críticas al gobierno.

El mundo se enteró de la realidad venezolana a través de videos caseros que circulan en las redes sociales. La represión violenta de la policía y los grupos paramilitares  contra manifestantes universitarios quedó grabada. ¿Pueden verse estas noticias dentro del país? ¿Tomarán represalias contra quienes divulgan estas escenas?

La retórica del totalitarismo es irónica. Nicolás Maduro usa el insulto “fascista” contra sus críticos, pero a él le calza mejor la etiqueta. El fascismo suele definirse como un nacionalismo autoritario que recurre a la militarización de la sociedad, promueve la veneración del estado y enfatiza el ultra-nacionalismo.

Debemos retomar las advertencias que nos hicieron George Orwell, Hannah Arendt y Karl Jaspers, entre otros autores, sobre el totalitarismo.  Sus mensajes siguen siendo pertinentes aunque escribieron en un contexto histórico distinto.  El engaño posibilitó el triunfo del totalistarismo en Alemania, reflexionó Jaspers en 1963. El totalitarismo “promete todas las cosas a todos los hombres”, afirma Jaspers. Formalmente se apega a las leyes y a la Constitución pero las vacía de contenido. Aprovecha luego el rompimiento con el orden para ofrecerse como la salvación.

Además, afirma Jaspers, es difícil de detectar pues luce muchas máscaras ideológicas, como el comunismo, el socialismo y el fascismo, sin ser ninguna de ellas.  “Es como una maquinaria que se arranca a sí misma sin que sus operadores estén plenamente conscientes de lo que están poniendo en marcha.” Muchos observadores confiaban que el pueblo alemán era demasiado inteligente y culto como para caer en el totalitarismo, pero no fue así.  Advierte Jaspers que todos los pueblos deben librarse de ese auto-engaño:  lo ocurrido en muchos países europeos puede pasar en cualquier lugar.

Se resiste el totalitarismo con información veraz y persuasión pacífica. Se empieza por respetar la libertad de prensa, porque como bien dijo Ludwig von Mises: “Es vano luchar contra el totalitarismo adoptando métodos totalitarios…el primer requisito para un orden social mejor es el retorno a la irrestricta libertad de pensamiento y expresión.”

Este artículo se publicó el 21 de febrero del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

 

 

Un Kruschev para Chávez, por favor…

Las noticias desde Venezuela son cantinflescas.  El presidente Nicolás Maduro afirmó que Hugo Chávez influyó en la elección del Papa Francisco, desde el Cielo.  No bromeaba: mírele usted la cara en el video.  Además, una señora de 53 años, Lourdes Alicia Ortega, quien tuiteó que “convertido en muñeco de cera está [Chávez]”, fue encarcelada por “desestabilizar el régimen”.   No sólo Lourdes sospecha que hubo engaño durante el apoteósico entierro; se especula sobre la fecha verdadera de muerte, y si yace expuesto el cadáver real.   Quizás algunas verdades permanezcan ocultas, pero la burda estrategia para crear un culto a la persona del líder de la revolución bolivariana es innegable.

 

Prometieron embalsamar su cuerpo, elevando así al autoritario latinoamericano al plano de Vladimir Lenin, Mao Zedong y  Ho Chi Minh.  Otro dictador embalsamado fue Iosif (José) Stalin, con quien curiosamente Hugo Chávez comparte la fecha de muerte oficial, 5 de marzo, aunque con 60 años de por medio.  No cabe en la cabeza que quisieran fomentar la comparación con el mandatario ruso, responsable de millones de muertes y de la represión conocida como la Gran Purga.  Pero el régimen chavista está siguiendo el guión del régimen estalinista en lo que respecta a la exaltación del caudillo.

 

El poder no cansa de repetir consignas como “yo soy Chávez”, y “viva Chávez siempre”.  Abundan los epítetos como padre del pueblo, profeta del socialismo del Siglo XXI, superhombre nietzscheano,  Robin Hood, Simón Bolívar reencarnado, benefactor, “mi comandante”, “corazón de mi patria”, huracán y más.  Escribieron canciones para él; pintaron idealistas retratos suyos.  Un bloguero dijo sentirse tan desolado como cuando murió su padre biológico y exclama: “’¡No moriste, te volviste inmortal!”, tan inmortal como el “otro” comandante Ché Guevara.  Agrega: “siempre invicto, ahora invencible”.   ¿Será que los manifestantes guatemaltecos pronto se pintarán al mitológico Ché en un cachete, y a Chávez en el otro?

 

En vida, el mismo Hugo Chávez cultivó su imagen.   Enfundado en la bandera, con Bolívar sobre su hombro, equiparó cualquier amenaza a su persona con una amenaza a la patria.  Humillaba y silenciaba a sus críticos, incluso violentamente.  Tapizó Venezuela con su retrato y sus eslóganes.  Nada era culpa suya: le achacaron al imperialismo yankee, o a otras causas externas, incluso el haberlo inoculado de cáncer.

 

Entra en escena Nikita Kruschev y su famoso “discurso secreto” de 1956.  Ya había terminado el XX congreso del partido comunista cuando Kruschev reunió a selectos gobernantes a media noche para hablarles sobre las consecuencias del culto a la personalidad de Stalin.  “Es ajeno al espíritu del Marxismo-Leninismo, e inadmisible, elevar a una persona o transformarlo en un superhombre poseído de características supernaturales como las de un dios.”  Miembros de la cúpula se enfermaron al oír sus palabras, pero ellas provocaron el proceso de des-estalinización de la Unión Soviética.  En 1961, el cuerpo embalsamado de Stalin fue enterrado.   A Venezuela le urge su Kruschev.

Publicado el 20 de marzo de 2013 en Siglo 21.