Olas mediáticas

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Contrastan los dos documentos que hicieron olas gigantes a nivel mundial la semana pasada: los Panama Papers y la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco.

Los Panama Papers se elaboraron a partir de bases de datos y archivos filtrados, obtenidos ilegalmente. Es un saco roto armado por varios periodistas y huele a conspiración, chismorreo y voyerismo. Es controversial hasta el oculto financista de la investigación: señalan al gobierno de Estados Unidos, a George Soros, o al ministro de finanzas de Alemania… Dado que en la mayoría de países es perfectamente legal constituir empresas off shore, la tarea pendiente es detectar la cizaña entre el trigo sano: identificar a los gobernantes y sujetos corruptos que esconden dinero mal habido. Sin embargo, se aborda con tanto alarmismo el asunto que arroja sospecha sobre todo lo financiero y comercial. Los “expertos” y los mismos políticos no tardaron en demandar más regulaciones y prohibiciones, entre ellos el fin del secreto bancario. En última instancia, empobrecerán aún más a los ciudadanos comunes.

Además de coincidir en el tiempo, los Panama Papers se parecen a Amoris Laetitia en tres aspectos. Primero, la exhortación apostólica es producto de una colaboración que abarca dos Sínodos de Obispos sobre la familia, realizados en el Vaticano en el 2014 y 2015, y deliberaciones locales. Segundo, diagnostica la corrupción, en este caso de la familia en la sociedad moderna. La tercera similitud tiene que ver con el manejo de la noticia. Al fijar su atención en polémicas como las uniones del mismo sexo y el divorcio, los reporteros generan malos entendidos y lagunas de información, provocando reacciones contraproducentes.

Los parecidos palidecen frente a las diferencias. El Papa Francisco refrenda el trabajo de cientos de pastores informados por sus estudios y vivencias. El tono de Amoris Laetitia es comprensivo, conciliatorio y esperanzador, no acusatorio. El documento reitera las claras enseñanzas magisteriales sobre el matrimonio y la familia, y recomienda un seguimiento pastoral para cada matrimonio concreto, tomando en cuenta factores culturales particulares.

La familia enfrenta desafíos, afirma el Papa Francisco a lo largo de nueve capítulos y 300 párrafos. La violencia y el abuso de menores, la migración, la cultura pro aborto y eutanasia, la ideología de género y la “descomposición jurídica” de la familia son solamente algunos de los peligros listados. Y es que las familias están compuestas por personas falibles que aman y sufren. Cuando aprehendemos a la familia como un núcleo dinámico y complejo, desdeñamos los impulsos contrapuestos de extinguir la institución natural, por un lado, o de someterla a inflexibles reglas, por el otro.

Jesucristo “proponía un ideal exigente”, subraya el pontífice, pero “nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera.” La Sagrada Familia no es la única capaz del ideal, porque nosotros contamos con la gracia y los sacramentos que nos fortalecen, así como con el acompañamiento de la Iglesia. Las familias que exhiben problemas y carencias pueden cultivar el amor profundo, el respeto y la estabilidad.

La comparación entre Amoris Laetitia y los Panama Papers puede ofender, pero me extiendo en esta osadía otro rato. Nosotros, a la vez receptores de las noticias, miembros de familias, y empresarios o trabajadores, aprendimos algo del embravecido mar de la opinión pública. Al confrontar noticias como éstas, podemos emular a la Iglesia en su amor a la verdad, prudencia y empatía. Podemos leer directamente los documentos y escarbar más, para no caer en engañosas o precipitadas conclusiones. Además, debemos dimensionar las consecuencias de mediano y largo plazo, intencionadas y no intencionadas, de nuestras opiniones y de nuestros actos.

Este artículo fue publicado el 15 de abril del 2016 en la Revista Contra Poder y CEES.

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¿Qué es un Jubileo?

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Asociamos la paz y la amistad con las fiestas navideñas, pero este año el sentimiento dominante debe ser la alegría, subrayada por el inició del Año de la Misericordia el pasado 8 de diciembre.

Este artículo intenta explicar en qué consiste un año santo o un jubileo, y qué beneficios podemos cosechar de dicha celebración. En una bula emitida el 11 de abril, el Papa Francisco anunció la convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El pontífice nos invita a reflexionar con mayor intensidad sobre las implicaciones de un Dios que es Amor, como lo resumió Juan el evangelista. El Dios cristiano es amoroso, y “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”, escribe Francisco. Nos debe impulsar a ser mejores personas la gratitud y el amor que inspira Dios-Amor.

Grito de alegría es lo que significa la raíz latina de la palabra jubileo, iubilum. También se traza una línea etimológica del término hebreo yobel, un macho cabrío. Los judíos solían anunciar el año jubilar sonando un shofar, o cuerno de cordero, en Yom Kipur, el día de la expiación y del perdón. Cada cincuenta años, los judíos celebraban un año jubilar o sabático: se dejaba sin arar la tierra, se restituían propiedades a quienes las habían perdido y se liberaba a los esclavos, entre otras cosas. El Papa Bonifacio VIII convocó al primer año jubilar en la Iglesia Católica en 1300, y resolvió celebrar jubileos ordinarios cada siglo. Años más tarde, pretendiendo que cada generación viviera por lo menos un año jubilar, se determinó que fueran cada 25 años. Los jubileos constituyen una invitación a retornar a la vida de fe mediante el perdón y la reconciliación.

El año santo recién inaugurado es el número 65 de los jubileos extraordinarios celebrados por la Iglesia Católica al día de hoy. El anterior tuvo lugar en el 2000. El 24 de diciembre de 1999, San Juan Pablo II se arrodilló para rezar en el umbral de la Puerta Santa recién abierta, inaugurando el Gran Jubileo que conmemoró los dos mil años (más o menos) de la venida de Jesucristo al mundo.

La apertura y el cierre de la Puerta Santa en San Pedro, y luego en las designadas basílicas y catedrales alrededor del mundo, se ha convertido en el acto simbólico de los años jubilares. Quienes libremente atravesemos estas puertas, aceptamos conscientemente a Dios y buscamos el auxilio de Su gracia. Pasamos del peligro al lugar seguro. Al abrir la puerta Francisco pronunció las siguientes palabras: “Es esta la puerta del Señor: Por ella entrarán los justos. Abridme las puertas de la justicia: Entraré para dar gracias al Señor. Por tu gran misericordia, entraré en tu casa, Señor: Me postraré hacia tu templo santo”.

El Papa Francisco ha expresado su temor de que ciertos sucesos violentos, como los atentados terroristas en París, son “piezas” de una tercera guerra mundial que se da por pedazos. Un mundo sacudido por la confrontación puede tomar fuerzas de recentrar la vista en el mensaje y ejemplo de vida de Jesucristo. Obviamente, siendo Dios y Hombre, Jesús lo hizo todo bien, como dice San Marcos. Heridos por el pecado, a nosotros nos cuesta mucho más obrar como debemos, pero no por ello dejamos de esforzarnos por imitar a Jesucristo. Alegra saber que Dios no nos rechaza; nos recibe con brazos abiertos cada vez que corremos de vuelta a buscarlo. La reconciliación con Dios a través del sacramento de la penitencia o la confesión nos permite recomenzar una y otra vez. Nuestro paso por esta tierra es, en resumidas cuentas, una continua lucha por alcanzar la perfección. Además, aprendemos a perdonar a quienes nos han hecho daño.

Aún los no creyentes sacarán provecho de leer detenidamente los escritos alusivos al año santo, porque el mensaje de perdón, reconciliación y misericordia pueden ayudar a familias, amigos y sociedades enteras a vivir en paz.

Este artículo fue publicado el 18 de diciembre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto es el logotipo oficial del Jubileo de la Misericordia.

El Cambray y la familia

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El trágico deslave en El Cambray II, Santa Catarina Pinula, enlutó a Guatemala. ¿Podemos sacar un propósito de esta tragedia para nuestras familias?

La mayoría de guatemaltecos sentimos impotencia ya que es poco lo que podemos hacer por las víctimas del alud, más allá de rezar y donar muestro tiempo y algunos víveres.

Quienes batallan con una enfermedad grave o la muerte, o con la tensa espera para conocer el paradero de sus parientes, quedan como suspendidos en el tiempo. Pasan a un segundo plano las cosas a las que usualmente asignamos alta prioridad. Como un zumbido lejano nos llegan las noticias de las últimas andanzas de nuestros políticos, las pretendidas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el engaño de Volkswagen y las últimas fechorías del Estado Islámico. No importa si dejamos de acudir a una cita o si la alacena está vacía. No sabemos ni qué hora o fecha es, aunque nos percatamos cuando oímos un bocinazo o miramos por la ventana que el reloj sigue marcando el ritmo al resto de la humanidad. Nos embarga una especie de silencio reduccionista que nos pone en contacto con nuestras emociones, y con lo verdaderamente importante: la familia.

Quienes atraviesan hondas penas tejen una compleja telaraña de emociones y reacciones. Y compartimos el dolor por las pérdidas comunes con los seres más cercanos, así como aquellos que hacemos “nuestros” mediante la amistad. Nos brindamos unos a otros amor y paciencia sin importar la forma en que encaramos lo acontecido. Algunos padecen insomnio mientras otros quieren dormir. Algunas personas se sienten atontadas o insensibles; otros se tornan hipersensibles. Algunos encuentran consuelo en su fe; otros se pelean con Dios. Unos comen más y otros pierden el apetito. Unos prefieren estar rodeados de gente; otros solos. Para cada reacción habrá un abrazo comprensivo suministrado por un ser querido.

Por tanto, El Cambray II puede servirnos de acicate para meterle cabeza a nuestras relaciones familiares y amistosas. No esperemos que se derrumbe una montaña para tomar acción. El Papa Francisco lo expresa con elegancia: “La sabiduría de los afectos que no se compran ni se venden es la mejor dote de la esencia familiar. Es precisamente en la familia dónde aprendemos a crecer en una atmosfera de sabiduría de los afectos. Su “gramática” se aprende allí, de lo contrario es muy difícil aprenderla. Y este es el lenguaje a través del cual Dios se hace comprender por todos”.

La perfección no existe, pero el ideal arranca con un sólido matrimonio contraído por un hombre y una mujer que buscan el bien del otro, son fieles y respetuosos en su trato, están abiertos a la vida, y se disponen a luchar el resto de sus vidas por sacar adelante su proyecto familiar. Aunque Guatemala tiene una de las tasas de divorcio más baja del mundo, últimamente nos afirman que dicho modelo es inalcanzable. Pero es falso: las personas de carne y hueso sí somos capaces de fundar familias sanas, estables y felices. Cuando nos equivocamos, podemos pedir perdón por nuestras faltas y procurar tratar a los nuestros con mayor delicadeza.

Que El Cambray II nos sirva para hacer propósito de acumular vivencias y memorias que unan los corazones de los miembros de nuestras familias. Las memorias son nuestra posesión más valiosa. Pueden ser eventos planificados cuidadosamente por los padres, o pueden ser sucesos accidentales: el rezo cada noche de la oración favorita de mamá, un buen chiste, una esmerada vacación, o una tradición particular. En cualquier caso, debemos atrapar y celebrar nuestras memorias. “¿Te recuerdas aquella vez…?” dirán agradecidos nuestros hijos, recordando, viendo fotografías o leyendo un diario, en medio de lágrimas o sonrisas.

Vida eterna para los difuntos y fortaleza para los sobrevivientes, te rogamos Señor.

Este artículo fue publicado el 9 de octubre del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

 

 

 

Que no se multipliquen los pobres

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Desde sus oficinas en Washington, D.C. o Paris, funcionarios planifican cómo reducir la pobreza eliminando a los pobres, a través de programas estatales de control de la natalidad. ¿Hacen bien?

No, afirmó categóricamente el economista Julian Simon hace ya treinta y cinco años: “los datos no demuestran que una tasa más alta de crecimiento de la población haga disminuir la tasa de crecimiento económico, sea en los países subdesarrollados o sea en los países desarrollados.”

Históricamente, aduce Simon, períodos de rápido crecimiento poblacional antecedieron épocas de crecimiento económico. El ingreso per cápita a nivel global se multiplicó rápidamente entre 1900 y el 2000, más de lo que jamás hubiera agrandado, justo cuando la población mundial se incrementó notablemente. Lo mismo aconteció más recientemente en Taiwan y Corea del Sur. En “5 mitos sobre la sobrepoblación”, Tony Daly relata que entre 1960 y 1980, la economía de Corea del Sur prosperó a una tasa promedio de 6.2% y la de Taiwán creció a 7%. Este sorprendente ritmo acelerado y sostenido de enriquecimiento, se precedió de un alza poblacional también notorio.

Por otra parte, los territorios más densamente poblados del mundo son relativamente ricos. Macao tiene 21,190 habitantes por kilómetro cuadrado y un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita por encima de US$ 91 mil. Le sigue Mónaco, con 18,475 habitantes por kilómetro cuadrado y un PIB per cápita de US$ 163 mil. La lista de los espacios densamente poblados continúa con Singapur, Hong Kong, Gibraltar y el Vaticano: en ninguno el ingreso promedio es mísero. Por contraste, hay países despoblados que reportan un ingreso per cápita paupérrimo, como es el caso de Somalia, Zimbabue, Liberia y la República Democrática del Congo.

En dos platos, los países pobres no son pobres porque están excesivamente poblados, sino porque han adoptado un marco institucional poco conducente al crecimiento económico. Las personas necesitan oportunidades de trabajo y ventanas para el emprendimiento, una mayor inversión, así como justicia y seguridad, antes que reducir el tamaño de sus familias.

Todo apunta a que debemos dibujar la flecha causal en la dirección opuesta. Naturalmente disminuye el número de niños nacidos a cada mujer conforme mejoran tanto el nivel de vida de las personas como el índice de mortalidad infantil. Explica Julian Simon que “cuando la gente ve que son necesarios menos nacimientos para conseguir un tamaño determinado de familia, ajustan su fertilidad disminuyéndola.”

Por otra parte, el invierno demográfico es una preocupación global: la tasa de fertilidad ha decrecido en los países en vías de desarrollo tanto como en los países desarrollados. La tasa promedio de fertilidad en los países menos desarrollados, agregados, bajó de 5.7 en 1970, a 2.6 niños por mujer en edad de procrear en el 2013. En este espacio de tiempo, en África, América y Asia también bajaron las tasas de fertilidad: de 6.7,4 y 5.4, respectivamente, a 4.7, 2.1 y 2.2 bebés por mujer en el 2013. Para el año 2060, se estima que la tasa de fertilidad en casi todos los continentes se aproxime a 1.9 hijos por mujer, exceptuando a África, donde la tasa será de aproximadamente 2.5. Dado que la tasa de reposición es de 2.1 hijos por mujer, esto significa una despoblación sin precedentes.

La ironía revelada por estos datos es que los planes para controlar coercitivamente el crecimiento poblacional no sólo son inmorales, sino además resultan innecesarios. La política represiva de un hijo por mujer practicada en la China no es el único ejemplo abominable: se documentan casos de esterilizaciones involuntarias alrededor del mundo, sobre todo entre campesinos y minorías étnicas. En lugar de jugar a Dios, arrebatando a selectas personas la libertad de decidir el tamaño de su familia en pareja, deberíamos estar pensando cómo generar más riqueza.

Este artículo se publicó el 30 de enero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

Bolas mediáticas y realidad: el sínodo

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Debemos mantener la calma y formar criterio analizando las fuentes primarias, sin caer en las trampas que nos colocan reporteros tendenciosos.

“El Vaticano cancela su terremoto” es el titular de un artículo por Damian Thompson en un periódico inglés. Según Thompson, el Papa Francisco sufrió un revés porque los obispos emitieron unas propuestas menos sísmicas de las que él y muchos reporteros esperaban, al concluir el Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la Familia. Numerosos periodistas repiten que los obispos conservadores trajeron a pique la progresista ambición del pontífice por redefinir la familia. Amigos en Facebook critican a los obispos por ser “más papistas que el Papa”. Por su parte, algunos fieles católicos se preocupan por la supuesta confrontación al seno de la Iglesia. Las expectativas de unos y los temores de otros son infundadas.

Somos testigos, no de una foto instantánea, sino de un proceso que aún no termina. El director de la oficina de prensa del Vaticano, Padre Federico Lombardi, se refirió al texto como un paseo. De hecho, la palabra sínodo deriva de dos palabras griegas que significan ruta, camino o viaje, y encuentro o reunión. El paseo inició con un cuestionario enviado a las conferencias episcopales de todo el mundo hace un año. En mayo de este año, el Consejo Ordinario del Sínodo de Obispos elaboró un instrumento de trabajo. Los partícipes del Sínodo Extraordinario recién celebrado se dividieron en diez grupos o círculos menores para dialogar con base en dicho borrador. En sus palabras inaugurando la reunión, el Papa Francisco pidió a los convocados “hablar claro”, “sin respeto humano, sin timidez”. El Relatio post disceptationem es el documento preliminar que resume los debates. Sirvió para las votaciones, punto por punto, que culminarían en el texto-paseo o Relatio Synodi. El Papa Francisco pidió publicar los dos textos e incluso el número de votos que recibió cada uno de los 62 puntos aprobados por dos terceras partes. Pero el Relatio Synodi no es un documento disciplinar o magisterial. Constituye un paso más hacia la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos que abordará el tema “Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia”, y se llevará a cabo en el 2015.

Los periodistas, acostumbrados a cubrir eventos puntuales, quizás no comprenden el prudente ritmo de trabajo que se impone la Iglesia. Quizás no tengan la paciencia de navegar páginas y páginas de textos tentativos. Sumamos a esto su propensión a hacer lecturas a través de sus lentes ideológicos; cuando la realidad no les agrada, la rechazan. El proceso que llevó al Relatio Synodi pone en evidencia sus equívocos: el Papa Francisco no es un revolucionario y los obispos no son insensibles frente a los retos que encara la familia moderna. El debate abierto y la razón no son fenómenos ajenos a la Iglesia.

Como señala con humor Jennifer Roback Morse del Ruth Institute: “¡El Papa Francisco definitivamente es católico!” En la última sesión del sínodo, el pontífice advirtió sobre la tentación de transformar la piedra en pan y el pan en piedra. Nuestros pastores no quieren, ni pueden, modificar la doctrina ni descuidar su rol como custodios de la fe. “Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte está contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia” agregó el Papa.

El propósito del proceso no es aguar las enseñanzas sobre el matrimonio y la familia, sino hacerlas más atractivas. La tarea pastoral de la Iglesia es motivarnos a vivir conforme a la fe católica, porque constituye una roca sólida sobre la cual construir nuestras relaciones amorosas. Es un medio para acceder a la felicidad terrenal.

Este artículo se publicó el viernes 24 de octubre del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

 

Niños viajando con niños

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Nuestra promesa, nuestro futuro, camina hacia el norte en busca de mejores oportunidades. ¿Vale la pena asumir tantos riesgos?

Es contrario a la naturaleza humana desamparar a un hijo. Nuestros hijos son nuestro mayor tesoro. Por eso, chocan las imágenes de niños cruzando la frontera solos. Dichos reportajes revelan ya no sólo a adolescentes devenidos adultos por una vida dura, sino niños de aproximadamente diez años de edad, y aún menores. Abandonados en la frontera por el coyote, esperan ser detectados por agentes estadounidenses y llevados a un centro de detención. Según algunas fuentes, el número de guatemaltecos menores que viajan al norte se incrementó en 1,200% en pocos meses; se estima que entre 35,000 y 42,000 niños de Guatemala, El Salvador y Honduras han migrado recientemente. Los centros de detención están sobrepoblados; han habilitado bases navales y escuelas para albergarlos.

El reportero de Fox News, Charles Krauthammer, señala con razón que la pobreza y la violencia no explican este nuevo fenómeno porque en los tres países centroamericanos los índices de pobreza y violencia han sido constantemente mayores que los de Estados Unidos. Las mediciones tendrían que reseñar un significativo repunte en la delincuencia como para explicar la oleada de niños, expuestos a múltiples riesgos en su trayecto hacia el norte. Según Charles Parkinson de www.insightcrime.org, las estadísticas sí muestran un alza moderada en la violencia, principalmente en Honduras, pero este aumento no es abrupto ni masivo. Además, al ser encuestados, los niños no señalan de forma abrumadora que vengan huyendo de agresiones terribles ni de la indigencia.

Entonces, ¿qué otras hipótesis podemos formular? Una poderosa motivación es reunificar a familias largamente separadas. Es el caso de Elva Marroquín, relatado en un artículo publicado por CNN.** Ella y su esposo llevan seis años trabajando ilegalmente en Estados Unidos, sin ver a sus hijos de 10 y 7 años. Los chicos emprendieron el viaje sin compañía adulta cuando sus papás los mandaron a llamar. Elva sufrió angustia porque les perdieron el rastro, hasta que recibieron una llamada de un supuesto oficial de migración de Texas. La llamada se cortó y no han vuelto a saber de ellos. Elva se alegró de saberlos con vida, pero está asustada porque intuye que pudieran estar en manos de personas inescrupulosas.

La circulación de mala información también explica este fenómeno. Guisela Roldán, de la Asociación Pro Migrantes Centroamericanos (AMI), me contó que algunas familias creen, erróneamente, que será más fácil conseguir un estatus legal si tienen hijos viviendo en Estados Unidos. Por eso, quienes viven indocumentados en Estados Unidos mandan a llamar a sus niños, y quienes anhelan irse, los mandan de avanzada. Adicionalmente, los coyotes cobran más por transportar a menores porque los chicos centroamericanos no son deportados automáticamente. En efecto, la legislación creó un limbo para los pequeños porque ni los deportan ni los entregan a sus parientes que se encuentran laborando allá ilegalmente.

Esta crisis pone de relieve una realidad nacional: la desintegración familiar no siempre se debe a maldad, ignorancia o negligencia. A veces se desarticula el núcleo por amor al hijo, porque migrar se considera superior a las alternativas. Considerando el valor que tiene para un niño crecer en un hogar unido, junto a su padre y su madre, duele el hecho que muchas familias guatemaltecas apuesten por la separación. ¿Cuán responsables son las legislaciones guatemaltecas y estadounidenses de provocar estos antinaturales incentivos? ¿Qué podríamos estar haciendo para cambiar la ecuación de costo-beneficio para estas familias, para que pudieran permanecer unidas y prosperar económicamente en el lugar de su escogencia?

Este artículo fue publicado el 27 de junio del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

**Según el Nuevo Herald, Elva Marroquín y su esposo ya están reunidos con sus hijos Angel y Dulce.

 

¿Por qué marchar por la vida y la familia?

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¡Vamos a la marcha el 11 de mayo!

La familia es una institución ancestral que hoy es cuestionada y atacada, pese a servir como pilar de la sociedad. Platón y otros han propuesto eliminar o sustituir a la familia, encargando al Estado la planificación de nacimientos y la tutela de los niños. Durante la época soviética, autores rusos teorizaban que su gobierno convertiría en obsoleta a la familia cuando llegara a orquestar la reproducción de humanos incubados, así como controlaban la producción de la industria y el armamento militar. En Guatemala pocos respaldarían semejantes extremos, pero sí vivimos una especie de paradoja. Por un lado se reconoce los nocivos efectos sociales de la desintegración familiar, pero por el otro lado desvalorizamos a la familia.

Los psicólogos y psiquiatras, investigadores y académicos, policías y jueces, trabajadores sociales y carceleros, maestros y confesores: todos coinciden en que la desintegración familiar provoca un abanico de problemas sociales, que abarcan desde la deserción escolar hasta las guerras callejeras entre maras. Lo intuye hasta un pandillero salvadoreño que fue entrevistado durante el período de tregua pactada con el gobierno. “En nosotros está todavía la naturaleza humana,” explicó al reportero este tosco hombre tatuado, cuyo irónico apodo es “Baby”. Baby es un padre que quiere y vela por sus hijos, de la misma forma que su madre se preocupa por él. Debido a su violento estilo de vida, no logra crear para sus descendientes un hogar estable, pero lo añora y reconoce que la familia es connatural al ser humano.

Concretamente en Guatemala, la Dra. María Sophia Aguirre encontró que la familia constituida por hombre y mujer unidos en matrimonio es la estructura que mejores resultados obtiene en pro de sus miembros, seguida de las uniones de hecho o matrimonios de facto. Como factor determinante del bienestar económico, es más importante la estructura familiar que otros factores, como por ejemplo, diferencias étnicas, la recepción de remesas, o si se vive en el área rural o urbana. (Determinantes del Crecimiento Económico, Población y Familia: El Caso Guatemala (2007)) Sus resultados son un espejo de estudios realizados en otros países, pero tales discernimientos son hechos a un lado. Es políticamente incorrecto señalar las estadísticas que demuestran que los niños criados dentro de la estructura familiar tradicional tienden a tener cubiertas sus necesidades básicas, rinden mejor en la escuela, son más estables emocionalmente, y cometen menos crímenes. Nos inhibimos de afirmar que dichos infantes tienen mejores prospectos de florecer y llegar a ser ciudadanos sanos, productivos y emprendedores.

Lo que es más, numerosas caricaturas, libros, canciones y Memes de Internet inducen a la juventud a rechazar a la familia. Algunos jóvenes opinan que casarse por amor es imposible o ridículo; serán felices si permanecen solteros y “libres”, y miserables si contraen matrimonio. Se minusvalora la maternidad. Los defensores de la familia tradicional son tildados de ignorantes, intolerantes o absolutistas, y son acusados de querer imponer sus prejuicios retrógrados a otros.

Quizás quienes quieren destruir a la familia, se rebelan también contra la naturaleza humana; erróneamente conciben las fronteras naturales como limitantes de su libertad. Es contraproducente obligar a las personas a contraer matrimonio y formar una familia, pero también es tristísimo que algunos se priven de los gozos de la vida familiar debido a este clima social.

Una marcha por la vida y la familia comunicará a la juventud que mucho depende de la permanencia de la institución ancestral y que vale la pena luchar por ella.

Este artículo fue publicado el 9 de mayo del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Foto propia.