La solución es emprender

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Aceptemos el reto: lograr que un mayor número de los guatemaltecos soñando con emprender, se lancen al agua y creen negocios estables.
Guatemala es un país de emprendedores, y eso es bueno. El emprendedor identifica con ojo clínico las necesidades insatisfechas de los demás. Detecta en ellas una oportunidad de crecimiento, y a pesar de la incertidumbre, invierte arduas horas de trabajo, así como ahorros propios y ajenos. Es usual que este personaje persevere sin desfallecer ante el fracaso, y sigua innovando hasta triunfar. Lo admiramos porque su productividad crea riqueza y mejora la sociedad. La pregunta clave es: ¿Cómo logramos que más emprendimientos fructifiquen y prendan el motor de la economía?
Dos estudios distintos pero coincidentes nos brindan algunas luces: el Reporte Nacional de Emprendimiento GEM para el 2014-2015 y la serie Poverty Cure. El GEM ofrece una radiografía de la situación actual en Guatemala. Permite evaluar los avances conquistados por el país en comparación con otros países y a través del tiempo, dado que el estudio se ha realizado por seis años consecutivos. Al igual que GEM, la documental Poverty Cure reconoce el valor del emprendimiento para aliviar la pobreza mundial. Poverty Cure analiza las instituciones socio-económicas y políticas que estimulan o desalientan la actividad económica.
Según el GEM, Guatemala tiene una alta tasa de emprendimiento temprano si se le compara con el resto de la región latinoamericana. Los guatemaltecos menores de 35 años protagonizan el 60% de los emprendimientos en etapa temprana. De estos, 43% arranca con menos de Q. 10 mil quetzales de capital. La mayoría de iniciativas se orientan al consumo: su producción demanda una reducida inversión en tecnología y no transforma significativamente el producto ofertado. El emprendimiento en Guatemala tiende a ser auto-empleo. Algunas personas cierran el negocio cuando acceden a un puesto seguro en el mercado laboral formal, o emprenden para complementar un salario. Desde el 2009, más de la mitad de los nuevos negocios son puestos en marcha por mujeres. Idealmente, un negocio se establece y crece con el paso de los años, generando empleos e ingresos constantes, pero no todos los nuevos negocios en Guatemala llegan a esta etapa.
Un discernimiento medular de la investigación elaborada por el equipo del GEM queda plasmado en una gráfica que revela una tasa mayor de emprendimiento en economías en vías de desarrollo que en economías desarrolladas. Se retrata así a quienes emprenden por necesidad, desde la pobreza y a veces desde la informalidad, porque otras vías alternas de subsistencia les resultan menos accesibles.
Leer el estudio del GEM trae a la memoria un mensaje subyacente a la serie Poverty Cure: es un mito que los pobres son perezosos, dependientes y poco creativos. Al contrario, el verdadero problema reside en las reglas del juego paternalistas que desestiman sus potenciales aportes a los mercados globales.
Más que clamar por caridad o subsidios, los guatemaltecos deberíamos exigir la posibilidad de trabajar con libertad de entrada y salida en mercados dinámicos, tanto nacionales como internacionales. Ello implica derrumbar barreras, simplificar regulaciones y mejorar el acceso al crédito. Segundo, necesitamos una adecuada protección de nuestras vidas y propiedad. El estudio del GEM corrobora las conclusiones de otros estudios: la corrupción, las extorsiones y una defectuosa y lenta defensa de nuestros más básicos derechos en las cortes del sistema obstaculizan y encarecen el desarrollo de la empresarialidad. Finalmente, requerimos una cultura que reivindique y premie la innovación, el ahorro, la laboriosidad, la responsabilidad, la honestidad y todas las demás virtudes necesarias para prosperar en un mercado libre.

Este artículo fue publicado el viernes 17 de julio del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La ilustración es propiedad de la UFM y muestra un detalle del Lienzo Q que narra la conquista de Guatemala.  El lienzo contiene escenas de comercio.

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¿Somos millonarios, como Santa Claus?

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“Mama, ¿Santa Claus es millonario?” Mi hijo menor me miró atento, esperando una respuesta. Afortunadamente, sonreí y guardé silencio un rato, porque sus posteriores elucubraciones me deleitaron.

Mi hijo razonó que sólo un millonario podría adquirir y fabricar regalos para todos los niños del mundo en Nochebuena. Esta deducción deja bien parado a Papá Noel. Si asumimos según la tradición que Santa es mágico, entonces el acto de producir y distribuir regalos no conlleva costos de oportunidad, pues Santa puede hacer lo que se le antoje, prácticamente sin costo. Su gesto es generoso pero no tanto como lo sería si fuera millonario. Dado que Santa es reconocido por sus virtudes, sólo llegaría a amasar una fortuna a través de actividades económicas lícitas, satisfaciendo necesidades ajenas. Haría un doble bien como empresario y como filántropo. Y valdría más el gesto de repartir juguetes, porque encajaría con la verdadera definición de generosidad. La noción de un Papá Noel empresario enseñaría a los niños que cuesta trabajo conseguir y conservar nuestros ingresos, y que únicamente podemos disponer de los bienes que nos pertenecen.

Entretenida con estas fantasiosas reflexiones, revisé los periódicos y leí sobre la veloz aprobación de un abultado presupuesto gubernamental de Q70 mil 600 millones para el 2015. He aquí, pensé, una tercera y menos loable forma de ser “Santa”: financiar diversidad de gastos tras despojar a unos de sus bienes cobrando impuestos y contrayendo deuda pública. ¿Qué mérito hay en este tipo de transferencias? No son fruto de un trabajo productivo; los gobernantes no reparten sus propios ahorros. Se distribuyen “derechos”, no regalos, reclamados por beneficiarios despistados y poco agradecidos. La mística de gana-pierde bajo la cual opera la maquinaria estatal dista mucho del mágico gana-gana del Polo Norte, así como del positivo escenario dentro del cual transacciones libres de coacción generan riqueza.

Sin embargo, pareciera que un espíritu mágico invadió el Congreso el pasado 27 de noviembre. Tomó únicamente cuatro horas a los partidos opositores, usualmente en pugna, aprobar el Presupuesto del 2015. De ejecutarse completo, el gobierno gastará en un año el equivale a la totalidad del salario mínimo anual de casi 2 millones de guatemaltecos. ¿Estaremos los guatemaltecos tan embobados por el encanto navideño, que nos es indiferente el precio pagado por cada voto favorable al contubernio? Ascendió a Q. 500 mil por diputado, según Prensa Libre, ¿y dónde está la indignación generalizada? ¿Qué fórmulas matemáticas hechiceras permitirán a las autoridades cubrir el incremento presupuestario? ¿Realmente se recaudará más si se cobran nuevos impuestos a la telefonía fija y móvil, al cemento y la minería? ¿Será conveniente crecer la deuda pública emitiendo bonos y prestando más plata a organismos internacionales?

El saco de juguetes de Santa-Gobierno crece inexorablemente. El presupuesto gubernamental se duplicó en ocho años: del 2001 al 2009. En el 2009, nos alarmó la aprobación del presupuesto más grande de nuestra historia hasta entonces: Q 49 mil 713 millones. El ritmo de crecimiento del presupuesto se aceleró pues únicamente transcurrieron cinco años desde entonces.

Este fenómeno no es exclusivo a Guatemala o a esta era. En 1609, un sorprendido Juan de Mariana, sacerdote español, notaba que el presupuesto de la corte española era cuatro veces mayor que el de 1429, y que se había triplicado en 45 años, desde 1564. William Niskanen (1971) muestra que existe una tendencia al crecimiento del gobierno, y consecuentemente, del gasto público.

Si Guatemala fuera el Polo Norte y los gobernantes fueran Santa, sería innecesario limitar el gasto público. En la vida real, tanto gobernantes como gobernados debemos guardar mesura y detener esta tendencia al alza mediante una clara y funcional constitución fiscal.

Este artículo fue publicado el 5 de diciembre en la Revista Contra Poder y en CEES.

La foto fue adaptada de https://openclipart.org/image/800px/svg_to_png/1956/johnny-automatic-santa-and-his-bag.png