Impuestos y democracia

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Los vicios, combinados con un abuso de la democracia, conducen a malos resultados.
Había una vez una pequeña comunidad llamada Demo que decidió darse un gobierno para que los protegiera de potenciales agresores. Los ciudadanos podían así ocupar su tiempo en asuntos productivos. El grupito gobernante, sin embargo, no creaba riqueza. Reunidos, los habitantes de Demo acordaron unánimemente sufragar su manutención con pequeñas transferencias monetarias, vistas como el pago por un servicio valioso.

Pasó el tiempo y Demo creció. Algunos ciudadanos querían endilgar a los políticos algunas responsabilidades que les resultaban cargantes. Unas almas compasivas querían ayudar a los indigentes con subsidios estatales en lugar de ejercitar la caridad. Ambos sectores propusieron rebanar otra tajada de los ingresos de los ciudadanos para financiar los nuevos gastos. A los políticos les gustó la idea de amasar dinero y poder. Se acordó tomar la decisión por mayoría, porque varias personas vociferaron en contra de la moción. Los demoltecos productivos salieron esquilados por la coalición compuesta por las minorías de vividores, altruistas y políticos. La transferencia voluntaria se convirtió en impuesto, y se decretaron castigos para quienes no pagaran.

Tristes, unos productivos demoltecos emigraron. La recaudación bajó, y los gobernantes reaccionaron subiendo aún más la carga tributaria, de plumazo. Se hizo realidad la advertencia de John Stuart Mill: “Aquellos que no pagan impuestos, disponiendo con sus votos del dinero de otras personas, tienen todo el incentivo de ser espléndidos y ningún incentivo para economizar.” No cayeron en cuenta que debilitaban la democracia empleando el poder para la expoliación.

La economía de Demo languidecía y los servicios públicos eran deficientes, incluidos los servicios de defensa y seguridad nacional. Un forastero que pasaba por Demo le contó a los angustiados demoltecos que en su país natal, Guatemala, la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) reportaba una reducida base de 704,553 contribuyentes activos. Es tan solo el 4.7 por ciento del total de los guatemaltecos, explicó el forastero, porque en Guatemala hay una economía informal gigantesca. Sería más estable y sano contar con una amplia base de contribuyentes, concluyeron los atentos demoltecos. Lo que es más, narró el chapín, la SAT no trata como evasores a los miles de trabajadores no registrados, pero sí persigue, justa o injustamente, a algunos de los contribuyentes activos. Unos enfrentan juicios y son encarcelados por evasión.

Un forastero rubio y alto se rió. Exclamó, “¡Eso no es nada!”. Concedió que la base tributaria en su país, Estados Unidos, es más amplia que en Guatemala, pero su preocupación era otra. En un estudio publicado por la Foundation for Economic Education (FEE), el estadounidense leyó que el ejército involucrado en el cobro de impuestos es tres veces más grande que las Fuerzas Armadas. Cada año, los tributarios invierten 8.9 mil millones de horas en completar formularios de impuestos; es como si 4.3 millones de personas trabajaran todo el año, tiempo completo, dedicados exclusivamente a esta tarea. Enojado, el extranjero rubio agregó que la Tax Foundation estimaba el costo anual del papeleo por impuestos federales en U.S.$ 409 mil millones.

Bastaron las historias y la experiencia para convencer a los demoltecos de enmarcar las políticas fiscales dentro de un marco constitucional. Demo adoptó la norma recomendada por Dan Mitchell, según la cual la economía privada debe crecer más que el sector público. De lo contrario, el gobierno se comporta como los peces dorados, que teniendo acceso a ilimitada comida, comen hasta morir.

Este artículo fue publicado el 29 de julio del 2016 en la revista Contra Poder y el CEES.

Falsos dioses

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Las raíces cristianas definen al Occidente. La religiosidad de un pueblo no es dañina, afirma el historiador Christopher Dawson.

Esta semana el Instituto Fe y Libertad inaugura un seminario para discutir Los dioses de la revolución, una obra por Christopher Dawson (1889-1970). Bajo dirección del especialista en derecho constitucional, Jesús María Alvarado, los asistentes dedicaremos tres sesiones a analizar el último libro publicado por el historiador inglés. De hecho, Los dioses de la revolución salió a luz pública en 1972, dos años después de su muerte.

En Guatemala sabemos poco sobre Dawson, a pesar de la relevancia de sus escritos para cualquier país cristiano. Dawson ha sido descrito como el mejor historiador católico de Inglaterra. Gerald Rusello, del Centro de Recursos para la Educación Católica, opina que “fue probablemente el estudioso más penetrante de la relación entre religión y cultura que jamás ha escrito”. Cuando se convirtió al catolicismo en 1914, ya había completado estudios de historia y economía en Oxford. Publicó su primer libro en 1928: The Age of Gods. Sus biógrafos aducen que quedó inconclusa su ambición de redactar varios tomos sobre la civilización europea, desde la antigüedad hasta la era moderna. Quizás sus libros más conocidos, traducidos al español, son Progreso y Religión (1929) y The Making of Europe (1932), obra que en castellano se titula Los orígenes de Europa o Así se hizo Europa. Fue docente universitario en Exeter, Liverpool y Edimburgo. De 1958 a 1962, ocupó el puesto de catedrático titular de estudios católicos en la Universidad de Harvard.

Una hipótesis común es que la piedad popular perpetúa el retraso socio-económico en Guatemala. Algunos asumen el antagonismo entre fe y razón, o juzgan que la religiosidad promueve actitudes conformistas. Estas posturas son reformulaciones de aquella tesis renacentista, según la cual el arranque del progreso económico en Europa coincide con la superación de la oscura Edad Media. El cristianismo forjó la civilización occidental, subraya Dawson, pero su influjo fue positivo. Explica Rusello que para Dawson, “cuando la fe cristiana penetra una cultura,…inicia una regeneración espiritual que afecta no sólo la cultura material y externa, sino la constitución interior de sus miembros.”

Christopher Dawson es un historiador de las ideas. En Los dioses de la revolución, advierte que “se podría cometer el gran error de ignorar o minimizar la importancia del factor intelectual en la Revolución, como han hecho muchos historiadores modernos…Si vamos a negar la influencia del liberalismo en la Revolución Francesa, tendríamos que negar la influencia del comunismo en la revolución en Rusia.” Según Dawson, el cristianismo predomina sobre todas las ideas que han moldeado Occidente, pues es gracias a su filosofía que concebimos la evolución social como un proceso dinámico. Existe un plan divino para la humanidad del cual podemos o no estar conscientes, pero aún así, las personas organizan su convivencia con libertad. Una sola persona, como por ejemplo San Agustín o Santo Tomás de Aquino, pueden imprimir su sello a sociedades completas. El autor pretende recordarnos que un milenio de ideas cristianas ha calado hasta lo más hondo de la cultura europea.

Aunque tienen raíces cristianas, las doctrinas racionalistas y seculares, tanto la liberal como la socialista, intentan sustituir la fe cristiana. El problema es que cuando los movimientos seculares dejan de lado, o atrás, las creencias cristianas, tienen que rellenar el vacío con otros dioses. El grave peligro para nosostros es que las nuevas religiones de la raza, el proletariado, la “libertad, igualdad, fraternidad”, u otras más actuales, terminan subordinando al individuo al Estado.

Este artículo fue publicado el 15 de julio del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

¿Qué quieren los jóvenes?

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¿Qué exige la generación del milenio en materia política?

Un 53 por ciento de los nacidos entre 1981 y 2000 ve el socialismo con buenos ojos, según una encuesta realizada en Estados Unidos por las empresas Rupe y Reason, citada por Emily Ekins y Joy Pullman en un artículo para The Federalist. En contraste, sólo un cuarto de los mayores de 55 piensa igual, en parte porque conocen los horrores de los experimentos marxistas del siglo XX. Otra encuesta, levantada por YouGov, revela que el 43 por ciento de los menores de 30 años son partidarios del socialismo.

¿Los mileniales quieren, entonces, que los gobiernos asuman el control de los factores de producción? Eso es socialismo, ¿no? Planteada así la cuestión, los jóvenes contestan que no. Pullmann y Ekins afirman que “si los jóvenes tuvieran que pagar por todos los esquemas socialistas que aparentemente apoyan, su apoyo se evaporaría rápido.” Entre más ganan los mileniales, más odian que el gobierno se quede con una parte sustancial de sus ingresos.

Quizás resolvamos la paradoja analizando los adjetivos descriptivos de los mileniales. Diversos estudios cualitativos generan una amplia lista de características: son personas que sienten que tienen derecho a muchas cosas, de mente abierta, entusiastas, optimistas, flexibles, sofisticados, pragmáticos, vacilantes, renuentes a comprometerse con una postura ideológica, amantes de redes sociales, centrados en si mismos e inclusivos. A mi entender, algunos de estos epítetos son mutuamente excluyentes. No pocos jóvenes se ofenden al leerlos.

Sin embargo, el sentido de merecer, de tener derecho, sumado al afán por ser inclusivos, se traduce en un deseo de mejorar el bienestar propio y el de los demás. Ellos han sido programados con el chip de que pueden cambiar el mundo. Les gustan las empresas solidarias, movidas no sólo por el imán de las ganancias sino por una causa noble. De hecho, los empleadores en los países desarrollados notan que los mileniales renuncian a sus trabajos si éstos carecen de un sentido más alto que traer pan a la mesa. Según la revista Forbes, los mileniales han engrosado las filas del emprendimiento social: “El creciente énfasis en el bien de la sociedad está empoderando a los mileniales a balancear sus carreras profesionales con el karma…”. Curar el cáncer, terminar con el calentamiento global, el terrorismo y la pobreza son algunas de sus aspiraciones.

Por tanto, para ellos ser socialista es más o menos igual a ser una persona empática, alguien que se preocupa por el prójimo y el planeta. En ese sentido, no son tan egoístas como se les retrata. Quieren aportar soluciones distintas, innovadoras, a los problemas de su tiempo.

¿Son distintas las perspectivas políticas de los jóvenes en América Latina, en comparación con los jóvenes en Estados Unidos? Yo esperaría que nuestros jóvenes fueran más suspicaces de los gobiernos. Nuestras experiencias con el abuso del poder y la corrupción bastan para curar a cualquiera de la ilusión según la cual los políticos populistas, demagogos y socialistas son los llamados a palear los males de la sociedad.

He allí el dilema para los jóvenes que salieron a la plaza el año pasado. Saben que también ellos serían tragados por el sistema corruptor si tomaran las riendas del gobierno; los cambios sustanciales no vendrán desde la arena política. Para alcanzar el bienestar social que tanto anhelan, deben desoír las sirenas socialistas y promover más libertad económica, confiando así en que las personas saldrán adelante con su ingenio y trabajo arduo. La plaza tiene que generar propuestas de políticas públicas para restringir, no fortalecer, el control gubernamental sobre los medios de producción.

Este artículo fue publicado el 3 de junio del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Crédito de foto para collage.

Justicia Social

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Sorprende el discurso que dirigió el magistrado afro-americano de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, Clarence Thomas, a los graduandos de Hillsdale College.

En el acto, el sábado 14 de mayo, Clarence Thomas dijo: no los motivo a luchar contra la injusticia social. En su lugar, los exhortó a ser buenos ciudadanos y a preservar la libertad. No tardan en acusar a Thomas de traicionar a su clase o a su etnia, a la luz de sus recomendaciones políticamente incorrectas. ¿Cómo osa el magistrado oponerse al mantra salvador de los marginados, dada su humilde cuna en un pueblo agrario del estado de Georgia?

Quizás Clarence Thomas ya leyó el nuevo libro por Michael Novak, Paul Adams y Elizabeth Shaw, Justicia Social no es lo que usted cree que es (2015). El filósofo Novak y sus coautores argumentan que las connotaciones modernas del concepto no coinciden con el uso original de la frase. La buena ciudadanía que recomienda el magistrado Thomas podría cuadrar con el sentido verdadero de la justicia social.

Novak afirma que la frase aparece por primera vez en un libro por el sacerdote conservador Luigi Taparelli D’Azeglio (1793-1862), quien se propuso rescatar el concepto de “justicia general” esbozado por Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Testigo de los efectos de la Revolución Industrial, Taparelli se preocupó por la unidad familiar. El sacerdote creía que la sociedad tiene su fundamento en las “pequeñas sociedades”, es decir, las familias y las organizaciones locales, y no en “la gran sociedad” o el Estado. Le inquietaba que las familias migraran, completas o desmembradas, hacia pueblos y ciudades. No sólo abandonaban la subsistencia agraria para convertirse en obreros asalariados, sino quizás también costumbres familiares importantes.

En contraste, el gobierno cobra primacía en la nueva concepción de justicia social. Ésta pretende corregir la mala distribución de los recursos en la sociedad. Crecemos en circunstancias distintas, y cosechamos resultados diferentes producto de nuestro ingenio, trabajo y entorno. El gobierno, concebido como un imparcial agente externo, capaz de asignar los bienes disponibles con más tino que la naturaleza, es requerido para nivelar el desbalance. Además, Michael Novak se lamenta que la acepción francesa de égalité ha llevado a una obsesión por una uniformidad casi aritmética, inalcanzable sin ejercer la coacción.

Sumada a la responsabilidad por la igualdad y la redistribución, recae en los gobernantes la tarea de definir qué es el “bien común”. Novak pone un ejemplo. Los ciudadanos soviéticos tenían prohibido fijar residencia en otro país, porque al hacerlo dejarían de tributar. En aras del bien común, los oficiales buscaban maximizar las contribuciones al erario manteniendo cautivos a los nacidos en el territorio bajo su control. El bien común se transforma en una peligrosa excusa para aplastar libertades personales.

Al gobierno no le compete definir el bien común ni redistribuir los bienes, escribió el Papa León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum (1891). Como Taparelli, León XIII se ocupa de la familia y la justicia social, pero se distancia de la lectura socialista de la industrialización. Se opone al totalitarismo. Clamando respeto por “la condición humana”, el pontífice declara como vana la pugna socialista contra las desigualdades naturales. “No son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna,” versa la encíclica.

Conviviendo en pueblos y ciudades, las personas emplean sus sanas y constructivas diferencias. Se asocian unos con otros para solucionar por si mismos los problemas que les atañen directamente. He allí el buen ciudadano del que habla Clarence Thomas.

Este artículo fue publicado el 20 de mayo del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La fotografía no es original; fue tomada de la publicación College Fix.

El Sexto

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La obra titulada “La libertad por medio del conocimiento”, por El Sexto, es bastante más sofisticada que un grafiti callejero.

La pared exterior del Museo Popol Vuh, en la Universidad Francisco Marroquín, luce un mural. A mí se me antoja que es un libro ilustrado, abierto. Daniel (Danilo) Maldonado, El Sexto, pintó el grafiti cuando estuvo en Guatemala con ocasión del College Freedom Forum, organizado por la Human Rights Foundation (HRF). Siguiendo con la imagen del libro, noto que la página izquierda emana tristeza mientras que la página derecha comunica alegría. Tiesas y tristes figuras atadas con cadenas, de mirada penetrante, observan a un ángel amarillo que se eleva al cielo. Su desesperanza contrasta con la felicidad de personas libres que elevan la mirada agradecida hacia unos libros gigantes suspendidos milagrosamente en el espacio, en la esquina superior derecha de la obra.

¿Qué lecturas liberaron a El Sexto de las cadenas ideológicas del marxismo? ¿Cómo comprende la libertad un joven que sólo ha vivido bajo el totalitarismo, con restricciones y censuras, y que, pasó por las aulas de escuelas públicas para el adoctrinamiento estatal?

Por las noticias, me entero que pudo leer y comprender la novela La Rebelión de la Granja, por George Orwell. El gobierno revolucionario prohíbe los libros de Orwell, junto con los de Bradbury, Miller, Joyce, Camus, Octavio Paz y otros literatos más. Ignoro cómo se agenció la lectura, pero en todo caso el inspirado artista intentó realizar un montaje artístico en Navidad del 2014: pintó los nombres “Raúl” y “Fidel” sobre el lomo de dos cerdos vivos. En la alegoría publicada en 1945, los cerdos Snowball y Napoleón lideran un golpe de estado contra el granjero Jones e imponen sus reglas, incluyendo el mal cumplido mandato número siete: “todos los animales son iguales”. Como El Sexto, Orwell quería recalcar que Stalin había pervertido el ideal comunista soviético.

La iniciativa de Maldonado le valió 10 meses de prisión sin haber sido condenado en juicio. Durante su cautiverio, realizó dos huelgas de hambre: una del 8 de septiembre al 1 de octubre, y otra que duró cuatro días, justo antes de que lo soltaran. Le hicieron firmar unos papeles que oficializaban su excarcelación incondicional.

Tras recobrar la libertad, El Sexto expresó deseos de salir de Cuba para contar al mundo cómo se vive en la isla, y para agradecer el apoyo recibido del extranjero, pues está convencido que seguiría guardando prisión si el gobierno no hubiese sentido la presión internacional. Lo debe haber ayudado ganar el Premio Internacional Vaclav Havel a la disidencia creativa, que otorga el Human Rights Foundation. El Sexto compartió la edición del 2015 con un comediante sudanés, Sakdiyah Ma’ruf, quien aboga por los derechos de las personas a través de sus rutinas artísticas.

Su paso por Guatemala debe haber sido parte de su plan. Cuando retornó a Cuba, fue arrestado el 20 de marzo, luego de unirse a una marcha contra el gobierno de Raúl Castro. La marcha, organizada por las Damas de Blanco, era más riesgosa que las habituales protestas dominicales contra la represión, aunque el régimen siempre encarcela a algunos manifestantes. En esta oportunidad, las damas tenían ilusión de magnificar su mensaje aprovechando la presencia de medios de comunicación internacionales, que llegaron a la isla con motivo de la visita del Presidente Barack Obama. Los métodos no violentos de las damas contrastan con la brutalidad policiaca, evidente en videos caseros que circulan por la red.

Los gobiernos represivos son abominables, como también lo son gobiernos que incumplen con las garantías de libertad individual. Aquí también hay presos falsamente acusados, o que pasan meses en cautiverio sin ver un tribunal y sin poder dilucidar su situación.

Este artículo fue publicado el 8 de abril del 2016 en la Revista Contra Poder.

La fotografía es propiedad de la Universidad Francisco Marroquín y aparece aquí.

Nuestro futuro, según Gianca

 

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Sumo mis gotas al caudaloso río de emotivas despedidas a Giancarlo Ibárgüen (1963-2016), pues fue un referente intelectual y un ejemplo de vida para mí, desde que trabamos amistad hace más de 35 años.

Giancarlo falleció el miércoles 9 de marzo, tras llevar con elegancia la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Muchos guatemaltecos y extranjeros le han rendido tributos, perfilando a un amigo y mentor que brilló por su inteligencia, humildad, valentía, integridad, optimismo y visión de futuro. Fue un motor incansable propulsado por el ideal de la libertad. ¿Cómo portaremos su antorcha? Ante tanto alboroto, ¿desearán las autoridades de turno ajustar su gestión a la visionaria misión de este sabio compatriota?

La última pregunta arrancaría una cariñosa mirada de desaprobación de Gianca, porque lo incomodaban los cumplidos y porque no se estilaba como asesor político o patriota, aunque amó a Guatemala. Él no creía en las fronteras políticas que separan artificialmente a las personas. Y, si al final de su vida recibió homenajes, seguramente esperaba que ellos avanzaran su misión de vida. En ese espíritu quijotesco, me atrevo a esbozar tres grandes lineamientos que Gianca nos legó para redirigir el rumbo del país (y de la humanidad).

Primero, Gianca nos pediría que confiáramos en la persona: somos capaces de elegir lo que más nos conviene a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. ¡Laissez faire, sin atropellar la dignidad humana! Las personas libres innovan, invierten, construyen, emprenden e intercambian en un juego de suma positiva. Constituye una fatal arrogancia suponer que unos pocos poseen el conocimiento suficiente para controlar las vidas de los demás.

Segundo, Gianca insistiría en el resguardo de los derechos de propiedad privada como un medio imprescindible para vivir con responsabilidad y libertad. Su propuesta de usufructuar el espectro radioeléctrico a través de subastas imparciales resultó efectivísima, porque aclara quién tiene derecho a hacer qué con el espectro. Podríamos abordar de forma similar el subsuelo, el agua y otros bienes que la Constitución pone en manos del Estado. Definir y garantizar los derechos de propiedad privada reduciría la conflictividad que ahora se vive por actividades mineras, el uso de los ríos y lagos, y más.

Tercero, Gianca creía en la competencia. Admiraba a los emprendedores que detectan oportunidades donde nadie más las ve. Gustaba hablar de las bondades de la disrupción, porque cuando estamos abiertos al cambio se puede mejorar. Recomendaba poner a competir a las unidades administrativas (municipalidades y ciudades), dejándolas ensayar con reglas particulares para atraer a diversos pobladores. La descentralización, y sobre todo la descentralización fiscal, fueron dos de sus causas en los noventa. Más recientemente, abogó por ciudades libres porque acelerarían la detección de buenas prácticas en la administración pública y la aplicación de la justicia.

Por las mismas razones, Giancarlo sugirió a las autoridades en el Ministerio de Educación facilitar un sistema plural donde coexistieran los colegios acreditados, con colegios no acreditada por el ministerio. Imaginaba una Guatemala con abundante oferta educativa para todos los gustos, cara y barata, tradicional y vanguardista, formal y de garaje. Asimismo, recomendaba abolir la colegiación obligatoria para profesionales. El mercado distingue entre la excelencia y la mediocridad más ágilmente que los burócratas.

Aplicando la libertad, la propiedad y la competencia como principios elementales, Giancarlo recomendó soluciones a otros problemas como la conservación de los recursos ambientales, la guerra contra las drogas, los sistemas de justicia y policíacos, y más.

Descansa en paz, Gianca, reconfortado en la certeza que libraste la buena batalla. Intercede por quienes seguimos luchando por todo lo que siembre la paz.

Este artículo fue publicado el 18 de marzo del 2016 por la Revista Contra Poder y el CEES.

 

Sobre la cita entre Kirill y Francisco

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No es totalmente cierto que la reunión celebrada el 12 de febrero en Cuba, entre el Patriarca Ortodoxo de Moscú y toda Rusia, Kirill, y el Papa Francisco, marcara el final de una enemistad que data del cisma de 1054.

Juan XXIII invitó a observadores ortodoxos al Concilio Vaticano II. El Patriarca Atenágoras I de Constantinopla se reunió con Su Santidad Pablo VI en 1965 y 1967: ellos dieron marcha atrás a la mutua excomunión. Reconocido como el primero entre pares, es decir, entre los patriarcas ortodoxos, Bartolomé I de Constantinopla ha forjado una relación amistosa con los tres últimos pontífices de la Iglesia Católica: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Bartolomé I firmó declaraciones conjuntas con San Juan Pablo II en 1995, 2002 y 2004, y con Benedicto XVI en el 2006. Asistió a la inauguración papal de Francisco y se reunió con él en cuatro ocasiones durante su visita a Tierra Santa. Bartolomé I y Francisco han emitido dos comunicados.

Por tanto, existen importantes acercamientos previos. Sin embargo, es la primera vez en casi mil años que un patriarca de Moscú y toda Rusia se encuentra con un papa católico. La cita se ha venido cocinando por años. De los 300 millones de cristianos ortodoxos, casi la mitad pertenecen a la autocefalía o autonomía encabezada por el Patriarca Kirill.

Los dos líderes religiosos subrayaron el hecho que sus conversaciones, y el documento firmado, son de índole pastoral y no política. “Los ortodoxos y los católicos debemos aprender a dar testimonio unánime en aquellas áreas en las cuales es posible y necesario,” afirman Francisco y Kirill. Claramente, la violencia contra los cristianos, mayormente en Medio Oriente y el norte de África, es una de estas esferas. Como lo expresó Su Santidad Francisco hace un par de años, “Cuando quienes odian a Cristo matan a un cristiano…no le preguntan antes de disparar si es luterano, u ortodoxo, o evangélico…Si el enemigo nos une en la muerte, ¿quienes somos nosotros para dividirnos en vida?”

El acercamiento en Cuba ocurrió meses antes del Gran y Santo Concilio de la Iglesia Ortodoxa, programado para junio del 2016. Allí se discutirá, entre otras cosas, la cohesión de las iglesias ortodoxas y su apertura hacia el mundo occidental. Para la iglesia rusa, el primer punto es significativo porque la mayoría de sus fieles residen en Ucrania. Aparentemente, ellos desean formar su propia iglesia autocéfala desde que su país fue intervenido militarmente por Rusia, con lo cual se convertirían en la comunidad ortodoxa más numerosa. Ni el Presidente Putin ni el patriarca Kirill quisieran que esto ocurra; se ve que debido a la relación cercana entre iglesia y estado en Rusia, es un tanto difícil separar lo pastoral de lo político. Dicho conflicto ha creado tensión entre los patriarcas de Constantinopla y Rusia.

Kirill, descendiente de una familia con fuerte arraigo ortodoxo, comparte el análisis de Benedicto XVI respecto de los riesgos que enfrenta Occidente. Habiendo experimentado la opresión comunista totalitaria, ambos líderes vieron en el secularismo y el colapso moral de la sociedad amenazas que conducen a nuevas tiranías. Esta amenaza sigue latente, pero el papa actual y el Patriarca Kirill se centran ahora principalmente en la persecución y el martirio de los cristianos de hoy, y por ello resalta el valor de la libertad religiosa.

El punto 14 lee así: “Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe.” Si sólo, parecen decir entre líneas, pudiéramos aprender a convivir en paz no sólo entre cristianos sino también con los musulmanes…

Este artículo fue publicado el 19 de febrero del 2016 en la Revista Contra Poder y el CEES.