Lecciones ciudadanas

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El caso de corrupción de La Línea fue la gota que rebalsó el vaso de la paciencia ciudadana. Queremos protegernos de futuros abusos por parte de los políticos.

De lo sucedido destilamos por lo menos 7 lecciones claras.

  1. Es importante asegurar la institucionalidad frente a la crisis, pero hay instituciones buenas y malas. Está institucionalizada la corrupción, y buscamos reducir su efecto corrosivo en la administración pública. ¿Qué instituciones concretas debemos proteger? Es pésima alternativa retornar lo antes posible a la mediocre normalidad, mandando a los pacíficos manifestantes a sus casas. Una ciudadanía indignada brinda la oportunidad de analizar desapasionadamente los cambios que urge ejecutar dentro del Organismo Judicial, en el sistema tributario y aduanero, a la Ley electoral y de partidos políticos, entre otros. Obliguemos a la clase política a fortalecer las instituciones congruentes con un verdadero Estado de Derecho y con las garantías a la libertad personal.
  2. Para reducir la corrupción en las aduanas, exijamos un arancel único y bajo, así como la eliminación de los demás obstáculos al comercio que otorgan un poder discrecional a los funcionarios. Para terminar con la corrupción, cerremos las aduanas. No seríamos el primer territorio liberado de ese yugo: el intercambio dentro de la Unión Europea, así como el comercio interestatal en Estados Unidos, se produce ordenadamente sin control aduanero. ¿Cuánto ahorraría el Gobierno de Guatemala si desmantela el oneroso y burocrático sistema aduanero?
  3. Eliminar las aduanas no nos convertiría en un país paria con criminalidad desbordada. ¡Hasta podría disminuir la inseguridad y la violencia! Las actividades lícitas, como el trasiego de alimentos, ya no serían tachadas de contrabando, ni distraerían la atención de las autoridades de crímenes serios; podrían enfocar todos sus esfuerzos en combatir el terrible tráfico de humanos y de armas, por ejemplo.
  4. Estamos hastiados de las mentiras, la demagogia y el populismo. Los partidos políticos fueron los grandes perdedores del escándalo que llevó a la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti. Comprendimos que supuestos aliados y opositores dudaron en sacrificar a un miembro de la clase política, porque ello implica que cada uno de ellos podría correr similar suerte, desde el despojo de su inmunidad hasta la cárcel.
  5. Existen personas honradas que incursionan en la arena política, pero les cuesta hacer mella en su medio. Los buenos políticos son marginados o corrompidos en el camino. Se nos cayó el velo romántico de los ojos y vimos claramente los incentivos perversos que imperan sobre los actores. Los engranajes de esta gran maquinaria pervierten. Para tener una administración pública transparente, no basta con cambiar a las personas que pueblan la arena política.
  6. Las reglas del juego deben diseñarse siguiendo las recomendaciones de David Hume: “Al definir los controles de cualquier sistema de gobierno, y fijar los varios pesos y contrapesos de la constitución, debemos asumir que cada hombre es un bellaco, cuyas acciones no obedecen a otro fin más que el de servir sus intereses privados.” Con límites al poder adecuados, tanto los gobernantes ángeles como los gobernantes demonios, serán incapaces de pasar una costosa factura a los ciudadanos.
  7. Contra mis expectativas, las redes sociales y las organizaciones cívicas incidieron sobre las decisiones tomadas por nuestras autoridades. Completan así la mínima e insuficiente información que trasladan nuestros votos válidos en las urnas. Sigamos comunicando a los políticos que nuestras preferencias están alineadas con la transparencia, la justicia, y los límites al poder arbitrario. Si se comprometen con reformas en esta línea, no sólo les irá mejor en las urnas sino harán un bien a Guatemala.

Este artículo fue publicado el 15 de mayo del 2015 en la Revista Contra Poder y en el CEES.

One thought on “Lecciones ciudadanas

  1. Gracias por este análisis Carroll. Se ve como una verdad clara y evidente la necesidad que tiene Guatemala de reinventarse como nación. Un arancel único para las importaciones da más transparencia y aún mejor quitar el impuesto de importación para evitar el doble impuesto a los productos, porque el comprador paga impuesto cuando los compra.
    El sistema de tributación también debe dirigirse a que cada departamento de la República se desarrolle. Que cada departamento sea responsable de su propio presupuesto y de la captación del impuesto sobre la renta de su población. Quedándose en el departamento el 70% de lo captado. Así tendremos departamentos compitiendo entre sí para atraer más capital. De esa manera Guatemala se desarrolla en el interior y se descentraliza. Hasta el pesado tráfico de la macrocefalia de la ciudad capital se reduciría.

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