Mujeres libres y responsables

 

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Este año, la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora puso en evidencia posturas feministas dañinas para las guatemaltecas.

La Organización para las Naciones Unidas (ONU) es protagonista en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora porque tiene la capacidad de replicar un lema mundialmente. Usualmente, pone el énfasis en el Gobierno: los políticos deben salvarnos de la desigualdad de género, y las mujeres tenemos que gobernar. Pero, ¿porqué el poder político define nuestro éxito? ¿Cuándo se divorció el feminismo de la libertad y la responsabilidad individual?

La ONU asumió la fecha en 1975, y en 1995 logró que representantes de 189 países suscribieran una extensa plataforma de acción que lista múltiples formas de empoderarnos y avanzar el lenguaje de género. Muchas mujeres que en el presente celebran “su día” ignoran que realmente es una iniciativa de origen socialista. Fue en 1910 cuando, en una conferencia de mujeres socialistas, la política marxista Clara Zetkin propuso que se reconociera a la obrera cada 8 de marzo. Al año siguiente, se llevaron a cabo mítines en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

La prioridad de Zetkin era despertar la conciencia de clase en la mujer, para que enarbolara la lucha proletaria contra el capitalismo, la propiedad privada y la familia. El feminismo marxista evolucionó un feminismo radical que veía la raíz de la opresión en el hombre como individuo y en las instituciones patriarcales. En “Feminismo Radical y Radicalismo Feminista” (1984), Ellen Willis afirma que el movimiento de los años sesenta buscaba “radicalizar aún más a la izquierda, expandiendo la definición de radical”.

Las corrientes feministas liberales quedaron opacadas. Según Joan Kennedy-Taylor, autora de Tópicos de mujeres: Feminismo, liberalismo clásico y el futuro (1993), cuando en 1920 las mujeres pudieron votar, estaban divididas entre promover la igualdad ante la ley o exigir privilegios legislativos. Esa es precisamente la disyuntiva: ¿estamos dispuestas a usar el poder coercitivo para imponer nuestra visión de lo que las mujeres deben hacer? ¿O preferimos la vía de la persuasión?

En su obra Vindicación de los derechos de la mujer (1792), Mary Wollstonecraft afirma que la mujer es una persona racional. “Si los derechos abstractos del hombre admiten la discusión y explicación, aquellos de la mujer, por paridad de razón, no se resisten al mismo examen,” argumentó. Ya superamos la necesidad de recordar al mundo nuestra calidad de seres pensantes, pero el punto de Wollstonecraft es crucial para la era moderna: si somos iguales a los ojos de Dios y en derechos morales, si somos racionales, entonces somos capaces de elegir por cuenta propia en libertad y con responsabilidad, así seamos hombres o mujeres.

Cuando el feminismo se aparta de esta intuición clásico-liberal, vulnera la libertad de la mujer. Es cierto que para vengar males pasados y conseguir privilegios se requiere del músculo gubernamental. Pero obligar a los demás, por ley y so pena de castigo, a que nos contraten, nos eduquen o voten por nosotras, sólo porque nacimos mujeres, es contraproducente.

Hacerse de poder también es imperativo para construir una utopía feminista radical, porque sólo destruyendo violentamente las estructuras sociales (y negando la naturaleza) sería posible abolir el género, la religión y la propiedad privada, así como alejar a los hombres de sus roles como padres, médicos, gobernantes y educadores. Implica sacrificar a cuantos se opongan a esta visión, así sean mujeres.

En conclusión, sospechemos de todos aquellos que ambicionan usar la fuerza para avanzar sus intereses y agendas, aunque sean feministas, porque la verdadera liberación humana se obtiene limitando y no expandiendo las facultades coactivas y arbitrarias de quienes ostentan temporalmente el poder.

Este artículo se publicó el 13 de marzo del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

La imagen es una composición original a partir de una foto de Mary Wollstonecraft de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, una foto de Clara Zetkin y otra de Ellen Willis.

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