200 años de la Catedral Metropolitana

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El arzobispo Ramón Casáus y Torres decidió inaugurar el templo justo antes del Domingo de Resurrección, el 15 de marzo de 1815, a pesar de que aún estaba incompleta la estructura.

El bicentenario de la Catedral Metropolitana se celebró la semana pasada. La Arquidiócesis de Guatemala lanzó un Año Jubilar bajo el lema “200 años celebrando la Pascua del Señor”, que abarca una muestra conmemorativa de la construcción en el Museo Arquidiocesano, concursos de pintura y fotografía, eventos culturales y otras actividades. La meta es acercar a los fieles a la imponente edificación para que, según el sitio oficial, descubramos “la dimensión teológica y didáctica que encierra la Catedral en la Iglesia Arquidiocesana y en la sociedad guatemalteca”.

Efectivamente, la Catedral Metropolitana ha sido testigo de nuestra historia. El octavo arzobispo de Guatemala, quien la inauguró, es emblemático de su época. Nacido en Jaca, Aragón, fue un doctor dominico, famoso por sus conocimientos y su enorme biblioteca. Al trasladarse al nuevo continente, llegó primero a Oaxaca, México, en 1788, y por azares del destino rápidamente pasó de ser arzobispo auxiliar de Oaxaca a arzobispo de Guatemala. Únicamente llevaba dos años auxiliando al arzobispo de Oaxaca cuando murió el arzobispo de Guatemala, Rafael de la Vara. Notificado de su nueva asignatura, Casáus viajó en caravana a Guatemala y arribó a finales de julio de 1811. Se confirmó su nombramiento en 1814; tomó posesión en septiembre de 1815.

La historia lo etiqueta como conservador. Cruzó plumas con José Cecilio del Valle, entre otros, pues aunque simpatizaba con algunas ideas liberales, rechazó los alzamientos contra la monarquía. Enfrentó directamente al cura Miguel Hidalgo, autor del “Grito de Dolores”, en México, a los sacerdotes guatemaltecos que participaron en la conjura de Belén, y al sacerdote José Matías Delgado, quien apoyó a Manuel José Arce en la rebelión de El Salvador. Por tanto, es comprensible que Casáus quisiera celebrar solemnemente la Semana Santa de 1815 en la nueva catedral, para dar a los católicos un sentido de estabilidad en medio de un clima político incierto. El autor Agustín Estrada Monroy afirma que el arzobispo buscaba producir “un enfervorizamiento de la religión, ya que tanto evento en que se habían encontrado mezclados muchos sacerdotes había ocasionado un grave daño y desconcierto entre los fieles.”

La fachada de la nueva catedral estaba inconclusa. Las torres no se habían construido. Pero el miércoles 15 de marzo, Nuestra Señora del Socorro fue trasladada en procesión desde la Iglesia de Santa Rosa, que sirvió como catedral provisional entre 1787 y 1815, hasta su sede actual. Habían transcurrido para entonces 33 años desde la colocación de la primera piedra, bendita por el arzobispo Cayetano Francos y Monroy, en un acto presidido por el Presidente Gobernador Matías de Gálvez, celebrado el día 25 de julio, dedicado a Santiago el Mayor, patrono de Guatemala. Los trabajos de construcción de las criptas, las paredes y columnas arrancaron en 1783. En el momento de la inauguración, el Altar Mayor era más grande que el actual y de madera dorada; el de mármol que hoy adorna el templo fue instalado posteriormente. Las torres para colocar las campanas se empezaron a construir en 1821.

¿Y qué pasó con el Arzobispo Casáus luego de inaugurada la catedral? Pues, al cabo de los años él y otros delegados de la Iglesia participaron en el plan pacífico para la independencia. Sin embargo, en la sesión del 15 de septiembre, se pronunció en contra de la emancipación y fue contrariado por José Cecilio del Valle y por su propio vicario general. Casáus se retiró del recinto antes de que firmaran el acta de la independencia. Mariano Gálvez expulsó a Casáus del país en 1829 y pasaron quince años antes de que fuera sucedido por Francisco de Paula García Peláez.

Este artículo fue publicado el 20 de marzo del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

La foto es adaptada del sitio: http://www.fotosdemitierra.com/fotos/IMG_9364.jpg

Mujeres libres y responsables

 

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Este año, la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora puso en evidencia posturas feministas dañinas para las guatemaltecas.

La Organización para las Naciones Unidas (ONU) es protagonista en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora porque tiene la capacidad de replicar un lema mundialmente. Usualmente, pone el énfasis en el Gobierno: los políticos deben salvarnos de la desigualdad de género, y las mujeres tenemos que gobernar. Pero, ¿porqué el poder político define nuestro éxito? ¿Cuándo se divorció el feminismo de la libertad y la responsabilidad individual?

La ONU asumió la fecha en 1975, y en 1995 logró que representantes de 189 países suscribieran una extensa plataforma de acción que lista múltiples formas de empoderarnos y avanzar el lenguaje de género. Muchas mujeres que en el presente celebran “su día” ignoran que realmente es una iniciativa de origen socialista. Fue en 1910 cuando, en una conferencia de mujeres socialistas, la política marxista Clara Zetkin propuso que se reconociera a la obrera cada 8 de marzo. Al año siguiente, se llevaron a cabo mítines en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

La prioridad de Zetkin era despertar la conciencia de clase en la mujer, para que enarbolara la lucha proletaria contra el capitalismo, la propiedad privada y la familia. El feminismo marxista evolucionó un feminismo radical que veía la raíz de la opresión en el hombre como individuo y en las instituciones patriarcales. En “Feminismo Radical y Radicalismo Feminista” (1984), Ellen Willis afirma que el movimiento de los años sesenta buscaba “radicalizar aún más a la izquierda, expandiendo la definición de radical”.

Las corrientes feministas liberales quedaron opacadas. Según Joan Kennedy-Taylor, autora de Tópicos de mujeres: Feminismo, liberalismo clásico y el futuro (1993), cuando en 1920 las mujeres pudieron votar, estaban divididas entre promover la igualdad ante la ley o exigir privilegios legislativos. Esa es precisamente la disyuntiva: ¿estamos dispuestas a usar el poder coercitivo para imponer nuestra visión de lo que las mujeres deben hacer? ¿O preferimos la vía de la persuasión?

En su obra Vindicación de los derechos de la mujer (1792), Mary Wollstonecraft afirma que la mujer es una persona racional. “Si los derechos abstractos del hombre admiten la discusión y explicación, aquellos de la mujer, por paridad de razón, no se resisten al mismo examen,” argumentó. Ya superamos la necesidad de recordar al mundo nuestra calidad de seres pensantes, pero el punto de Wollstonecraft es crucial para la era moderna: si somos iguales a los ojos de Dios y en derechos morales, si somos racionales, entonces somos capaces de elegir por cuenta propia en libertad y con responsabilidad, así seamos hombres o mujeres.

Cuando el feminismo se aparta de esta intuición clásico-liberal, vulnera la libertad de la mujer. Es cierto que para vengar males pasados y conseguir privilegios se requiere del músculo gubernamental. Pero obligar a los demás, por ley y so pena de castigo, a que nos contraten, nos eduquen o voten por nosotras, sólo porque nacimos mujeres, es contraproducente.

Hacerse de poder también es imperativo para construir una utopía feminista radical, porque sólo destruyendo violentamente las estructuras sociales (y negando la naturaleza) sería posible abolir el género, la religión y la propiedad privada, así como alejar a los hombres de sus roles como padres, médicos, gobernantes y educadores. Implica sacrificar a cuantos se opongan a esta visión, así sean mujeres.

En conclusión, sospechemos de todos aquellos que ambicionan usar la fuerza para avanzar sus intereses y agendas, aunque sean feministas, porque la verdadera liberación humana se obtiene limitando y no expandiendo las facultades coactivas y arbitrarias de quienes ostentan temporalmente el poder.

Este artículo se publicó el 13 de marzo del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

La imagen es una composición original a partir de una foto de Mary Wollstonecraft de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, una foto de Clara Zetkin y otra de Ellen Willis.

Y la mejor película del año es…

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¿Cómo se escoge a los ganadores de los Premios Óscar? Se utiliza el método de rondas múltiples o instantáneas.

Televidentes en más de cien países sintonizan anualmente la transmisión en vivo de la ceremonia en la cual se anuncian los ganadores del Premio Óscar. ¡El histórico concurso suma ya 87 entregas! La audiencia estadounidense en el 2015 fue menor que en años anteriores, pero aún así, 37.3 millones vieron el fastuoso espectáculo. Este es en sí un logro, dado que la primera edición, en 1929, se llevó a cabo en el Hotel Roosevelt con la asistencia de 270 personas.

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas inventó el premio al mérito (Academy Award) para realzar la imagen de la industria cinematográfica. Los interesados en competir por una estatuilla Óscar someten un formulario a los organizadores, quienes generan un especie de “ayuda memoria” que lista a todos los concursantes. Uno de los principales requisitos para optar a un galardón es que algún teatro de Los Ángeles haya exhibido la producción por siete días consecutivos durante el año calendario fijado por la Academia. En la mayoría de categorías, el premio es un reconocimiento entre pares: los directores seleccionan al mejor director y los técnicos del sonido a la mejor banda sonora. La película triunfadora es elegida entre los 6,124 miembros de la Academia.

Los concursantes cabildean a los electores con todo menos “incentivos inapropiados”; los bombardean con publicidad y les obsequian proyecciones privadas y ejemplares de películas. Los nominados para las distintas categorías surgen de los votos emitidos por los miembros de la Academia, principalmente por vía electrónica. Empleados de la empresa PricewaterhouseCoopers tamizan estos votos y elaboran una papeleta con los finalistas nominados por categoría. Luego se establece un plazo de dos semanas para rellenar las papeletas. El secreto extremo rodea a los dos personeros de PricewaterhouseCoopers encargados de escudriñar los resultados y elaborar los famosos sobres que contienen los nombres de los ganadores.

El método de elección por rondas múltiples o instantáneas (Instant Run-off Voting) es utilizado para seleccionar tanto a los nominados como al largometraje premiado. Recurrieron a este nuevo sistema en el 2009, luego de que se ampliara el número de finalistas a más de cinco, porque destila satisfactoriamente el gusto generalizado. En lugar de marcar una única casilla en la papeleta, los votantes deben ordenar sus preferencias de la más favorecida a la menos favorecida.

En la primera ronda, se tabulan las películas según la primera preferencia. Si ninguna película logra captar el 50 por ciento del voto, entonces se descarta la película menos votada. Pero la voz de quienes preferían esta opción eliminada sigue siendo escuchada, pues su voto se asigna hacia su segunda preferencia. Digamos que José votó en primer lugar por Whiplash y en segundo lugar por American Sniper. Si Whiplash es la película menos votada, entonces el voto de José se suma a los votos por America Sniper. Este proceso se repite hasta que una película obtenga el 50 por ciento de los votos. En resumen, el largometraje ganador gustó a la mayoría de los votantes aunque no haya sido su favorito.

La bondad de las rondas instantáneas es que los votantes revelan sus preferencias reales: no tienen incentivo de falsear sus gustos por temor a tirar a la basura su voto en una producción poco taquillera, ni de castigar a un concursante que les desagrada. Además, opciones de bajo presupuesto tienen más probabilidad de competir que si se utilizara otro sistema.

Este método de elección también sirve para mejorar los resultados de ciertas contiendas políticas. Así se elige a los diputados en Australia y algunas elecciones provinciales en Canadá.

Este artículo fue escrito para publicar el 6 de marzo del 2015 en la Revista Contra Poder.

 

 

Decepción electoral y Francisco de Vitoria

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Si el afamado catedrático de Salamanca, Francisco de Vitoria, viajara en el tiempo para votar en las próximas elecciones en Guatemala, ¿estaría tan frustrado como nosotros?

Una oferta política que rara vez refleja nuestras preferencias, alianzas inexplicables, opciones prácticamente indiferenciables, promesas rimbombantes, actos de corrupción descarados…nos desilusiona la forma en que hacemos política en Guatemala. Aunque nació dentro de un esquema monárquico, Francisco de Vitoria anticipó que la timocracia (hoy llamada democracia) dista mucho de ser una panacea.

Es atrevimiento afirmar que Francisco de Vitoria fue un precursor del programa de investigación del análisis de las decisiones públicas (Public Choice), pero llega a conclusiones similares respecto de los procesos electorales. Vitoria vivió siglos antes, y por cuestiones culturales, los autores asociados con el análisis de las decisiones públicas probablemente jamás leyeron sus obras. El sacerdote dominico probablemente nació en 1485 y falleció en 1546; llegó a ocupar la cátedra de Prima en la Universidad de Salamanca.

Sin embargo, Vitoria y el Public Choice se enfocan en fenómenos similares. En Vitoria empezamos a ver una preocupación por los abusos del poder político y un intento por ponerle obstáculos empoderando a los súbditos o ciudadanos. ¿Porqué tendría que limitarse el poder del rey, o qué lo limita?

El poder cívico se cimienta en la comunidad que “se arroga la tarea de gobernarse y administrarse y dirigir todos sus poderes al bien común.” Aunque no llega a exaltar el derecho individual, y reafirma la naturaleza social del hombre, Vitoria señala que cada persona posee poder por sí mismo, y que ninguna persona posee más poder que otra. La defensa de la propia vida es de derecho natural. Reconocer que el poder está repartido entre los miembros de la sociedad es una idea clave para librarnos de la opresión.

Habiendo establecido la vida en común con otras personas, surge el problema de idear métodos para tomar decisiones colectivas. Así, Vitoria detecta un problema que también es medular en la literatura del Public Choice: nos debatimos entre la regla de la unanimidad y la regla de la mayoría. La unanimidad tiene la virtud de no atropellar la voluntad o el interés de cada uno de los integrantes del grupo. Pero, se lamenta Vitoria, es prácticamente imposible lograr consensos en una “multitud”. Debemos conformarnos con acatar lo acordado por mayoría, aunque ello implique que algunas personas verán frustrados sus deseos. “Las decisiones de la mayoría deben ser vinculantes, a pesar de la oposición de la minoría; de lo contario, ninguna acción podría tomarse para beneficio de la comunidad.”

Otra verdad detectada por Francisco de Vitoria, destilada de la teología católica, es que los gobernantes, como los gobernados, son seres imperfectos. Por tanto la política es imperfecta. No seremos salvados por líderes políticos omniscientes y altruistas. Ni tampoco es dado asumir que la mayoritaria es sabia.

El romanticismo que caracteriza nuestras expectativas es el que nos defrauda cada cuatro años. Anhelamos la entrada triunfal de un gobernante superhéroe. Quisiéramos que todo votante fuera un ciudadano comprometido e informado. ¡Si nos equivocamos hace cuatro años, debe ser porque no fuimos lo suficientemente acuciosos cuando acudimos a la urna!

Aprendemos de Francisco de Vitoria que es más productivo invertir nuestras energías en diseñar frenos al poder y perfeccionar las reglas electorales para desincentivar el populismo oportunista. E incluso los gobernantes que son reyes deben estar sujetos a la Ley, a una norma superior (una constitución) que en lugar de otorgarles un cheque en blanco para obrar a su antojo, les requiera priorizar el respeto a la libertad, la vida y la propiedad de las personas gobernadas.

Este artículo se publicó el 27 de marzo del 2015 en la Revista Contra Poder y el CEES.

El populismo y la corrupción

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Abramos los ojos: las incoherencias en el discurso, la falta de transparencia y los vínculos de Podemos podrían ser emulados por políticos guatemaltecos.

El partido Podemos de España es una encarnación reciente del populismo. El partido se convirtió en la segunda agrupación política por número de afiliados al poco tiempo de su fundación. Hoy cuenta con más de 348 mil miembros y captó el 8% del voto en las elecciones para diputados al Parlamento Europeo. Su discurso de izquierda parece cautivar a la porción de la juventud española desempleada y desmotivada por la situación económica de Europa. Muchos se sienten defraudados por la oferta política de partidos establecidos, como el conservador Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Aprovecha el espacio esta irreverente alternativa, hábil en el manejo de las redes.

El fundador, Pablo Iglesias Turrión, militante de la Unión de Juventudes Comunistas de España, porta el mismo nombre que quien fundó el PSOE en 1879. Sorprende que el nuevo Pablo adquiera compromisos tan radicales, habiendo sido profesor de ciencias políticas de la Complutense. Debido a su preparación, debería saber que los gobiernos difícilmente pueden aliviar la pobreza, menos aún si ahuyentan la creación de riqueza e inversión aumentando la carga tributaria. Retroceder a una economía agraria prácticamente autárquica, liderada por pequeños y medianos agricultores, suena romántico pero en la práctica empobrece a todos. Y si estas verdades escapan a Iglesias, quizás no deberían escapar a su mano derecha, Juan Carlos Monedero, también politólogo y ensayista.

Curiosamente, el ideario socialista suena refrescante cuando ofrece “convertir la indignación en cambio político” y reclama la manutención del Estado Benefactor como una cuestión de derechos humanos. Sin embargo, quizás el gancho más atractivo de Podemos fue su promesa de combatir la corrupción. Llegaron a ofrecer tal transparencia que, si Podemos no triunfaba en las elecciones, invertirían las donaciones recibidas para financiar sus campañas en diferentes movimientos sociales.

El escándalo de corrupción que desde hace semanas envuelve a Podemos cobra relevancia por este antecedente. El diario ABC publicó que Juan Carlos Monedero recibió 250,000 bolívares (35,000 euros) por asesorar al venezolano Hugo Chávez en el 2010; también trascendió que recibió 425,150 euros a finales del 2013. De hecho, El País estima que en el transcurso de 10 años, desde el 2002, el gobierno de Chávez pagó 3.7 millones de euros a la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), encabezada por dirigentes de Podemos. Si esto es cierto, los aportes de Venezuela constituyeron la principal fuente de financiamiento para CEPS en algunos años.

Cuando Esperanza Aguirre, Presidenta de Madrid del PP, acusó el año pasado a directivos de Podemos de ser castristas, chavistas y pro-ETA, Iglesias y Monedero amenazaron con demandarla por calumnia. Pero es una verdad escandalosa, y por tres motivos. Primero, porque cobraron jugosas sumas por consultorías cuando el pueblo venezolano moría de hambre. Segundo, porque aparentemente Monedero evadió impuestos dada la fórmula que usó para reportar (o no) sus ingresos. La Universidad Complutense inició una investigación “reservada” porque siendo profesor prestó asesorías a gobiernos latinoamericanos por montos no reportados. Y tercero, porque Iglesias y Monedero hicieron enojar a la Administración de Nicolás Maduro: negar sus vínculos a la revolución bolivariana luce como una traición a sus ojos. Como si para aclarar la estrecha amistad, según ABC, Maduro amenazó con expropiar propiedades españolas en Venezuela si no cesan las indagaciones respecto de Podemos.

Moraleja: si los políticos no son transparentes antes y durante la campaña, entonces poco harán para combatir la corrupción una vez en el poder.

Este artículo fue publicado el 20 de febrero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

 

 

¿Más gobierno es igual a menos pobreza?

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En vísperas de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Oxfam circuló un impactante titular: en el 2016, el 1% más rico controlará más riqueza que el restante 99% de la humanidad. La controversial confederación de ONGs originaria de Oxford, Inglaterra, tuvo un impacto masivo pues su mensaje ha sido repetido hasta la saciedad.

¿Tiene razón Oxfam? Sí y no. El estudio afirma que las personas más ricas del mundo, el 1% en la cúspide, controlaba el 48% de la riqueza mundial disponible en el 2014, mientras que en el 2009 controlaba el 44%. La organización predice que dentro de un año los mega-ricos poseerán más de la mitad de la riqueza disponible. Oxfam toma sus datos del Credit Suisse Global Wealth Datebook (2013-14) y de la revista Forbes.

El cálculo de Oxfam es cortoplacista, opina el director del Instituto para Estudios Sociales y Políticos de la Universidad de Yale, Jacob Hacker. Los años recientes favorecieron a los multimillonarios, pero la tendencia de largo plazo es más ambigua. Por otra parte, es debatible cómo define riqueza Oxfam, según varios analistas financieros, incluyendo el sitio Money. Credit Suisse toma como riqueza únicamente “el valor de mercado de los valores financieros más los valores no financieros (principalmente vivienda y tierra) menos deudas.” Con base en este criterio, una persona con un salario alto pero con deudas, como por ejemplo una hipoteca, emerge más pobre que un campesino que no debe nada. El analista financiero Felix Salmon ilustra el punto: una niña que acaba de recibir su mesada de 50 centavos de dólar, tiene más dinero que el ingreso combinado de los 2 millardos más pobres en el mundo. Y ese 2% de supuestos indigentes podría incluir a la octava persona más rica del mundo en el 2012, Eike Batista, quien hoy tiene un ingreso neto negativo.

Es engañoso agregar a las personas con base en los bienes netos que poseen, concluye Salmon. Las mediciones de riqueza comparada pueden ser útiles a cierto nivel, pero la agregación oculta más de lo que revelan respecto de la calidad de vida de las personas incluidas en cada grupo. Obscurece el hecho que en los países más prósperos, hasta los menos afortunados viven mejor que los acomodados en países en vías de desarrollo.

Pero para mí cobra más relevancia evaluar la agenda política de Oxfam. ¿Qué pretenden al crear una mentalidad de crisis global respecto de la desigualdad? Por décadas, la solución preferida por Oxfam para todo ha sido más gobierno coactivo y menos mercado libre. Y esta vez no es la excepción. Oxfam recomienda cobrar más impuestos al capital y a los ricos, evitar la evasión de impuestos por parte de los ricos, aumentar los salarios mínimos, invertir en servicios públicos gratuitos de educación y salud y crear más programas estatales. Su fe en la acción gubernamental para sanar la pobreza ignora décadas de ineficiencia, despilfarro y corrupción.

“La pobreza tiene su raíz en la desigualdad” lee el credo de Oxfam. ¡Falso, falso, falso! La humanidad entera fue pobre en términos económicos hasta que descubrío cómo crear, producir, innovar y emprender. Solamente obtienen su riqueza a expensas de otros quienes gozan de privilegios y proteccionismos estatales, en sistemas mercantilistas y corruptos. En los mercados libres, sin barreras de entrada, cualquiera puede superarse sin perjudicar al prójimo, haciendo crecer la riqueza disponible con su trabajo honrado. Los programas redistributivos estatales solamente son la panacea para la llamada “industria de la pobreza”: las burocracias, ONGs y los anti-Robin Hoods que cosechan beneficios personales de la miseria.

Este artículo fue publicado el 13 de febrero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.

La fotografía fue tomada por A.L. Rodríguez en Uganda.

El plan Obama-Biden para América Central

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Si Estados Unidos invierte U.S. $ 1 millardo en un plan para América Central, ¿se reducirá efectivamente la criminalidad y la pobreza en la región?

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, dirigirá un plan para Centroamérica. Así lo proclamó él mismo en una columna publicada el 30 de enero en The New York Times. Durante su visita a la región en junio del 2014, acordó apoyar a los presidentes de Honduras, El Salvador y Guatemala en sus esfuerzos por reducir el flujo de migrantes indocumentados hacia el norte. Propone repartir U.S.$ 1 millardo en tres rubros para combatir la violencia, palear la pobreza y fortalecer la gobernanza.

Sin reparos, Biden reconoce los límites al poder gubernamental. Su tono choca con el que acostumbran nuestros políticos. “Ningún cambio social ocurre meramente porque el gobierno actúa,” declaró en junio. En su columna reitera que los gobiernos no pueden hacer crecer las economías. “Las economías centroamericanas pueden crecer únicamente si se atrae la inversión internacional y se plantea un caso convincente para que sus ciudadanos inviertan en el país.” Retendremos a nuestros trabajadores cuando se invierta lo necesario para crear empleos estables.

Al gobierno le compete asegurar un marco institucional que permita la creación de riqueza en lugar de entorpecerla. Garantizar los derechos de propiedad, simplificar las regulaciones, hacer valer la justicia y desalentar la corrupción son algunas de las medidas que se sabe propician el crecimiento.

La seguridad es también vital, y una función primaria del Estado. Indirectamente, Biden reconoce la conexión entre la inseguridad ciudadana, la falta de inversión y los patrones migratorios. La pluma de Biden omite mencionar, sin embargo, el elevado costo, en vidas humanas e inestabilidad económica, atribuible a la guerra contra las drogas librada por Estados Unidos en América Latina.

Alude al Plan Colombia como un antecedente positivo; Biden confía que U.S.$ 9 millardos en quince años ayudaron a transformar el país. Más de 70% de la ayuda que recibió Colombia entre 1996 y el 2006 se destinó a gastos militares. También se ensayó con la controversial fumigación aérea que mató a cultivos tanto legales como ilegales. Los carteles de droga y la guerrilla elevaron los índices de criminalidad en ese país por décadas. La tasa de 30.8 homicidios intencionales por cada 100,000 habitantes en el 2010 constituye una mejora, pero aún dista del promedio mundial de 6.9. (ONU) Y según varias fuentes, mientras el narcotráfico siga siendo un negocio millonario, persistirá la industria, la cual a su vez mantiene vivos a grupos como las FARC. El reportero de Wired, Joshua Davis, dice que ahora en Colombia se da una variedad de coca conocida como “Boliviana Negra” resistente a los venenos fumigados, la cual pone en entredicho el éxito de las políticas estadounidenses.

Va más allá el autor de El fuego a la vecindad: La violencia por drogas en México y el peligro para América (2012), Ted Galen Carpenter. Él opina que la guerra contra la droga incrementa los asesinatos y los crímenes, y corrompe a los funcionarios públicos en los países afectados. Aproximadamente 60,000 mexicanos perdieron la vida por dicha guerra durante la administración de Felipe Calderón. Carpenter es contundente: la política fracasó porque los carteles de droga no fueron debilitados. “La actual crisis de inmigración infantil es únicamente la más reciente atrocidad de los derechos humanos atribuible a la guerra contra las drogas de Estados Unidos,” concluye.

La oferta de millones de dólares podrá poner a bailar a nuestros mandatarios, pero los ciudadanos debemos oponernos a que inviertan dichos recursos en proyectos que, contrario a su promesa de brindar seguridad y prosperidad, incrementen la corrupción y la violencia en el país.

Este artículo se publicó el 6 de febrero del 2015 en la Revista Contra Poder y CEES.