¿Somos millonarios, como Santa Claus?

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“Mama, ¿Santa Claus es millonario?” Mi hijo menor me miró atento, esperando una respuesta. Afortunadamente, sonreí y guardé silencio un rato, porque sus posteriores elucubraciones me deleitaron.

Mi hijo razonó que sólo un millonario podría adquirir y fabricar regalos para todos los niños del mundo en Nochebuena. Esta deducción deja bien parado a Papá Noel. Si asumimos según la tradición que Santa es mágico, entonces el acto de producir y distribuir regalos no conlleva costos de oportunidad, pues Santa puede hacer lo que se le antoje, prácticamente sin costo. Su gesto es generoso pero no tanto como lo sería si fuera millonario. Dado que Santa es reconocido por sus virtudes, sólo llegaría a amasar una fortuna a través de actividades económicas lícitas, satisfaciendo necesidades ajenas. Haría un doble bien como empresario y como filántropo. Y valdría más el gesto de repartir juguetes, porque encajaría con la verdadera definición de generosidad. La noción de un Papá Noel empresario enseñaría a los niños que cuesta trabajo conseguir y conservar nuestros ingresos, y que únicamente podemos disponer de los bienes que nos pertenecen.

Entretenida con estas fantasiosas reflexiones, revisé los periódicos y leí sobre la veloz aprobación de un abultado presupuesto gubernamental de Q70 mil 600 millones para el 2015. He aquí, pensé, una tercera y menos loable forma de ser “Santa”: financiar diversidad de gastos tras despojar a unos de sus bienes cobrando impuestos y contrayendo deuda pública. ¿Qué mérito hay en este tipo de transferencias? No son fruto de un trabajo productivo; los gobernantes no reparten sus propios ahorros. Se distribuyen “derechos”, no regalos, reclamados por beneficiarios despistados y poco agradecidos. La mística de gana-pierde bajo la cual opera la maquinaria estatal dista mucho del mágico gana-gana del Polo Norte, así como del positivo escenario dentro del cual transacciones libres de coacción generan riqueza.

Sin embargo, pareciera que un espíritu mágico invadió el Congreso el pasado 27 de noviembre. Tomó únicamente cuatro horas a los partidos opositores, usualmente en pugna, aprobar el Presupuesto del 2015. De ejecutarse completo, el gobierno gastará en un año el equivale a la totalidad del salario mínimo anual de casi 2 millones de guatemaltecos. ¿Estaremos los guatemaltecos tan embobados por el encanto navideño, que nos es indiferente el precio pagado por cada voto favorable al contubernio? Ascendió a Q. 500 mil por diputado, según Prensa Libre, ¿y dónde está la indignación generalizada? ¿Qué fórmulas matemáticas hechiceras permitirán a las autoridades cubrir el incremento presupuestario? ¿Realmente se recaudará más si se cobran nuevos impuestos a la telefonía fija y móvil, al cemento y la minería? ¿Será conveniente crecer la deuda pública emitiendo bonos y prestando más plata a organismos internacionales?

El saco de juguetes de Santa-Gobierno crece inexorablemente. El presupuesto gubernamental se duplicó en ocho años: del 2001 al 2009. En el 2009, nos alarmó la aprobación del presupuesto más grande de nuestra historia hasta entonces: Q 49 mil 713 millones. El ritmo de crecimiento del presupuesto se aceleró pues únicamente transcurrieron cinco años desde entonces.

Este fenómeno no es exclusivo a Guatemala o a esta era. En 1609, un sorprendido Juan de Mariana, sacerdote español, notaba que el presupuesto de la corte española era cuatro veces mayor que el de 1429, y que se había triplicado en 45 años, desde 1564. William Niskanen (1971) muestra que existe una tendencia al crecimiento del gobierno, y consecuentemente, del gasto público.

Si Guatemala fuera el Polo Norte y los gobernantes fueran Santa, sería innecesario limitar el gasto público. En la vida real, tanto gobernantes como gobernados debemos guardar mesura y detener esta tendencia al alza mediante una clara y funcional constitución fiscal.

Este artículo fue publicado el 5 de diciembre en la Revista Contra Poder y en CEES.

La foto fue adaptada de https://openclipart.org/image/800px/svg_to_png/1956/johnny-automatic-santa-and-his-bag.png

 

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