¿Campañas políticas a destiempo?

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La legislación debería dejar en libertad a los partidos políticos para realizar campañas electorales desde el día después de las elecciones hasta 36 horas antes de los próximos comicios.

Es poco realista estipular un plazo para el inicio de las campañas políticas. Previo a la decisión que tomó el Tribunal Supremo Electoral (TSE) el pasado 4 de julio de suspender a once partidos políticos, regularmente se irrespetaban los términos establecidos por la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Las llamadas de atención y las multas lucían risibles. En noviembre del 2013, el entonces presidente en funciones del TSE, Hélder Ulises Gómez, afirmó que cuatro partidos habían recibido más de 570 sanciones. Acción Ciudadana estimó que nueve partidos invirtieron Q.5.3 millones en publicidad y proselitismo de enero a julio de este año, en tanto el Gobierno gastó Q. 42.6 millones en publicidad. En mayo, un TSE al borde del descrédito emitió un ultimátum: tienen treinta días para retirar sus campañas anticipadas. Un equipo integrado por cientos de personas verificó la existencia de tal propaganda por todo el país y, al vencer el plazo, el TSE interrumpió la vigencia de los partidos culpables hasta por seis meses.

Desde entonces, los impávidos políticos han ideado formas creativas para promocionarse. En lugar de vallas publicitarias y mítines al aire libre, organizan sesiones en salones y visitas de puerta en puerta. Bellas edecanes reparten publicidad y los regalos distribuidos carecen de logotipos. Y nos dejó boquiabiertos el intento por Manuel Baldizón de desafiliarse de su partido, aparentemente para eludir los efectos de la suspensión.

Incluso quienes observamos el acontecer político desde la banqueta, podemos imaginar algunos trucos: difuminar la frontera entre el proselitismo y la campaña; pintar muros del color del partido sin siglas; publicidad a cargo de terceros; campañas negras de desprestigio y más. En resumen, es una regla difícil de hacer cumplir.

Dicho esto, considero que existen tres razones de peso por las cuales no se han modificado los linderos temporales. Primero, se cree que dicha norma es parte integral del ejercicio democrático, pues casi todos los países de América Latina establecen un plazo de inicio para las campañas políticas. Pero las autoridades en otros países también enfrentan problemas haciendo valer esta disposición, porque los políticos son ocurrentes aquí, en Honduras y en Brasil. Guatemala podría liderar el abandono de una exigencia un tanto fantasiosa.

La segunda justificación para los tiempos de campaña es que la publicidad política constituye contaminación visual y auditiva. En muchos casos es cierto. Sin embargo, los límites establecidos por los derechos de propiedad son más efectivos que los requisitos temporales. Mientras la publicidad sea autorizada por el propietario de la casa, pared o predio, existirán límites a su ubiquidad, durabilidad y extensión. El verdadero problema es que las autoridades responsables no ejercen la dueñez que les compete sobre los postes, puentes y monumentos, y sobre los árboles y las piedras a lo largo de las calles y los caminos, que, dicho sea de paso, no tenemos ni tendríamos permiso de pintarrajear.

Finalmente, algunos consideran que encajonar la campaña dentro de un bloque de tres o cuatro meses permite a los contendientes pequeños competir contra los partidos mejor financiados. Sin embargo, la capacidad de recaudación de los candidatos en la contienda es una muestra de su relativa popularidad entre el electorado. Además, no siempre gana el que más gasta. Los partidos pueden malgastar sus fondos antes de tiempo, y sus repugnantes excesos pueden incluso cosechar más rechazo que votos. Basta con cuidar que los partidos no acepten fondos de narcotraficantes y otros criminales, prohibir los actos contra la moral y dejar que la competencia abierta surta su efecto.

Este artículo fue publicado el 22 de agosto del 2014 en la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto es mía.  Da tristeza ver esta bellísima ceiba en el camino a Monterrico, Santa Rosa, pintada por partidarios del Partido Líder. Nótese la franja verde que asoma sobre el rojo: residuos de una pinta por otro partido político.

 

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