¿Opinión política o ciencia?

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En 1764, el químico sueco Torbern Olof Bergman, intuyó lo difícil que es atinarle a la verdad y comprender la obra natural: “Mediante diligente examen, poco a poco logramos pelar las capas más gruesas, pero rara vez liberamos el núcleo completamente, con lo cual debemos quedar satisfechos con pocos conocimientos incompletos.”

En el ciberespacio circula un memorando elaborado por científicos alemanes preocupados por faltas a la ética profesional en la meteorología y la climatología. Su reclamo es que la exploración científica se ha desvirtuado y politizado. El último párrafo resume su preocupación: “Debemos desear, en general, y también en nuestro campo académico, regresar a la práctica internacional científica que se ve libre de las preconcepciones y las opiniones prejuiciosas pétreas. Ello debe incluir la libertad para presentar resultados científicos (naturalmente bien fundamentados) aún cuando éstos no corresponden con la opinión dominante (por ejemplo, los requisitos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático–IPCC).”

El primero en publicar el memo parece ser el bloguero Pierre Gosselin. Se describe a si mismo como un estadounidense radicado en Europa, apasionado por el debate climático. Explica su cometido en el clarísimo subtítulo de su blog Notrickzone: “No estoy aquí para adorar lo que se sabe, sino para cuestionarlo”. Los signatarios del memo y el profesor que lo filtró están atemorizados. El contenido de su manifiesto fue diluido y maquillado previo a aparecer en las páginas de la Sociedad Alemana de Meteorólogos; por eso colaron la versión no censurada en las redes sociales. A su vez, Gosselin se abstuvo de revelar sus nombres.

¿Cuál es el saber adorado en este caso? Es el “consenso del CO2”, según el cual el calentamiento global es producido por emisiones humanas de CO2. Los signatarios del memo afirman que la postura se ha convertido en dogma. Describen cómo el planteamiento se formó “democráticamente” en la opinión pública, pero ahora se hace valer dictatorialmente, a la fuerza. Quienes insinúan que no hay consenso o exploran hipótesis alternas son una amenaza para los científicos alineados y para los políticos que esgrimen la doctrina como una bandera, tanto dentro de los gobiernos nacionales como de los organismos internacionales. Ridiculización, despido y la imposibilidad de publicar su obra son algunas consecuencias para los profesionales que nadan contracorriente.

El caso del meteorólogo sueco Lennart Bengtsson influyó sobre los redactores del memo. Bengtsson pasó de recibir premios por su trabajo pionero en la predicción numérica del clima, al repudio por haberse afiliado a la Fundación sobre la Política del Calentamiento Global (GWPF), una organización disidente. Renunció a la GWPF a las pocas semanas porque “no esperaba tanta presión mundial de una comunidad a cual estuve cercano durante toda mi vida activa”. Una revista académica se negó a publicar su artículo: los alineados sostienen que contenía errores y deficiencias, pero los escépticos dicen que fue porque presentaba evidencia contra el dogma. El mismo Bengtsson emitió un comunicado al respecto: “No creo que exista un sistemático encubrimiento de la evidencia científica sobre el cambio climático o que el trabajo por académicos se “suprima deliberadamente”, como sugiere el periódico Times en primera plana. Me preocupa la tendencia más amplia que la ciencia gradualmente está siendo influida por opiniones políticas”.

La corrección política impone un lenguaje, unas ideas y una agenda. Engendra la autocensura y la mediocridad. Su espíritu es autoritario y sus soberbios guardianes practican el bullying, aunque se retraten como custodios de los derechos humanos y la tolerancia. Aquellos académicos que quieren avanzar sus disciplinas y aproximarse a la verdad, tienen que luchar para no contaminarse con este veneno, cultivando la virtud de la humidad y un solemne respeto por su profesión y la libertad personal.

Este artículo fue publicado el 24 de mayo del 2014 por la Revista Contra Poder y el CEES.

La foto que ilustra el artículo no es original, es un collage de fotos alusivos al artículo en el Times que provocó la controversia sobre Bengtsson.

 

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