Cirugía mayor para el seguro social

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¿Es usted afiliado, pensionado o patrono dentro del Instituto Guatemalteco de Seguro Social? ¿Está satisfecho con sus servicios?

El Ministro de Trabajo, Carlos Contreras, anunció esta semana que el gobierno pretende reformar el sistema de seguridad social. Explicó que su plan se basa en cuatro ejes para incrementar los ingresos, mejorar la moral del ahorrante, revisar el servicio al cliente y analizar la administración tripartita entre los patronos, las organizaciones de trabajadores y el gobierno. (Prensa Libre, 25-II-14)

¿Cómo afectarían estas reformas al usuario? Las autoridades quieren aumentar la base de afiliados para incluir a personas auto-empleadas o que laboran en “otra actividad productiva lícita”. Dado que las contribuciones constituyen la principal fuente de ingresos al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social  (IGSS), incorporar a trabajadores informales mejoraría la salud financiera del instituto. Además, el ministro desea solventar la gigantesca deuda que el gobierno como patrono mantiene con el IGSS, estimada en Q.22 mil millones. Aumentar los ingresos no necesariamente implica mejor atención al usuario. De hecho, en el corto plazo inflaría el número de demandantes de los servicios del IGSS, ya de por sí cuestionados. Abundan las quejas de excesivas esperas para obtener citas, falta de medicinas, maltrato y engorrosos trámites.

Por otra parte, se duda que en un futuro próximo los sistemas estatales de previsión social sobrevivan. No será tanto porque los trabajadores rehúsen invertir en los esquemas pensionarios sino porque la demografía amenaza su estructura piramidal.  Crece el número de personas mayores y disminuyen los jóvenes alimentando el engranaje intergeneracional. Hace años se rumora que el programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) colapsará en el 2015, y eso a pesar de que, según consigna elPeriódico, sólo el 12% de las personas mayores de 60 años reciben pensiones del IGSS.

Al sistema de seguridad social le urge una cirugía mayor; no basta con hacer mejoras modestas en su funcionamiento. Conviene rememorar el origen del concepto mismo. Bajo el lema de “socialismo estatal”, Otto von Bismark, militar y canciller alemán, construyó los primeros esquemas de seguro social gubernamentales y compulsivos a finales del siglo XIX. Su meta era asegurar la lealtad al régimen de los ciudadanos, convirtiéndolos en dependientes y formándolos en el “colectivismo nacionalista”. Fijó en 65 la edad de retiro cuando la tasa de fertilidad en Europa era más alta que la actual, y el adulto promedio moría a los 48. El Estado Benefactor se popularizó en Europa y Estados Unidos en los años siguientes. El IGSS se fundó en 1946, en un contexto muy distinto a la Alemania de Bismark.

¿Recibían atención los desempleados, enfermos y ancianos antes de que se inventaran estos esquemas estatales? Sí, y el Estado Benefactor desplazó iniciativas privadas de variada constitución. Las familias y los vecinos se apoyaban unos a otros, pero también surgieron organizaciones caritativas y asociaciones de ayuda mutua creadas por trabajadores que contribuían a un fondo común en previsión de futuras emergencias. Tenían control sobre la administración del fondo. David Green estima que en Estados Unidos había 26,877 sociedades con casi 7 millones de miembros para 1910, el año antes de que se fundara el seguro social estatal en ese país.

Eliminar el carácter obligatorio del sistema de seguridad social le devolvería el poder de decisión al usuario.  Seguirían dentro del sistema estatal las empresas y los empleados que así lo deseen, y se incentivaría la creación de nuevos esquemas de ahorro e innovadoras alternativas de servicios para accidentes, salud y desempleo. Se cosecharía mayor eficiencia, diversidad y transparencia dentro y fuera del aparato gubernamental para beneficio del trabajador.

Este artículo fue publicado el 28 de febrero del 2014 en la revista Contra Poder y en CEES.

La fotografía que ilustra el artículo es de una obra de arte titulada Girl Study por Mark Manders, exhibida en la Bienal de Venecia. 2013.

Recomiendo la lectura del libro After the Welfare State editado por Tom Palmer.

 

 

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