Agua escasa y buenas reglas

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“Quizás el dilema de los comunes no sea un problema tan peligroso en el caso de, digamos, un parque en Estocolmo, pero las cosas se ponen más serias cuando se trata de un vital recurso como el agua,” escribe Fredrik Segerfeldt.

No falla. Cada año, unos grupos exigen al Congreso la aprobación de una ley general de aguas. El cabildeo arranca en vísperas del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo. La campaña aprovecha el inicio de la época calurosa. Es el clima perfecto para atemorizarnos con un futuro sediento, estéril y desértico. Las lúgubres predicciones no se han cumplido, aunque ya pasaron 22 años desde que se conformó la Comisión coordinadora de la Ley General de Aguas. Pero según Prensa Libre, ahora sí estamos en aprietos. Bajo el titular de “Inminente impacto por falta de agua”, el matutino advierte que ya transitamos de un país con exceso de agua a uno con carencia del fluido.

Los diputados solamente han analizado algunos de los borradores de ley que se han elaborado.  Los proyectos recientes más comentados son la iniciativa No. 2865 (2003), No. 3118 (2004) , No. 3419 (2006) y la No. 3702 (2007).  La última ha servido de base para sucesivas discusiones entre los legisladores. Usualmente, las iniciativas confieren al gobierno el poder absoluto para la toma de decisiones: crean un ente rector centralizado y debilitan los derechos de uso particular sobre las aguas.

Las cinco principales razones esgrimidas para aprobar una ley marco son: 1) somos el único país de Centro América sin legislación específica sobre la materia, 2) el artículo 127 de la Constitución Política promete que se aprobará tal ley, 3) la sustentabilidad del recurso lo exige, 4) la contaminación de las aguas superficiales aumenta y, finalmente, 5) el recurso hídrico se distribuye desigualmente. Cabe aclarar, con relación a los dos primeros puntos, que el uso del agua es regulado por diversas leyes nacionales y por tanto no vivimos un caos irremediable. Interesa más, no obstante, explorar las implicaciones de la escasez del agua de cara a su conservación, limpieza y disponibilidad.

Si el agua fuera ilimitada, podríamos emplearla libremente, pero es escasa. Cualquier recurso se abusa y desperdicia cuando las reglas nos señalan que es abundante. Debemos evitar escenarios que induzcan la tragedia de lo comunal porque estos conducen a la sobre-explotación del bien que es de todos y de nadie. Incluso cuando los usuarios reconocen que sus actos y los de sus vecinos terminarán por destruir el recurso tenido en común, no se auto-restringen pues saben que otros tomarán lo que ellos dejaron de cosechar. En Guatemala, muchos lagos y ríos están contaminados por este motivo. Las municipalidades, las industrias o los individuos que acceden a estos cuerpos de agua los tratan como propiedad tenida en común. Aunque la contaminación les imponga costos a todos, la responsabilidad por el problema se diluye y evade. Cuando el dueño de las aguas de dominio público, el estado, así lo permite, se fomentan tragedias de lo comunal.

Este dañino escenario se supera asignando derechos claros y defendibles sobre el agua. Los derechos pueden ser ostentados por individuos o por entes que se comporten como propietarios preocupados por la sustentabilidad del bien. Propiedades tenidas en común, como por ejemplo ciertos bosques en Totonicapán, pueden funcionar sin generar dilemas. En estos casos, los miembros de la comunidad tienen claro qué es prohibido y qué es permitido. Forjan acuerdos socialmente aprobados que se cumplen. Es posible administrar cuencas hídricas con éxito bajo parámetros como estos. La clave está en fijar reglas que induzcan un manejo de los recursos que sea responsable, razonable y con visión de largo plazo.  Yo apoyaría la aprobación de una ley de aguas que, en lugar de nacionalizar el vital líquido, enarbole prácticas que aseguren el buen uso y la conservación del agua.

Este artículo se publicó el viernes 28 de marzo del 2014 en la revista Contra Poder y en CEES.

La foto es del Lago de Amatitlán, Guatemala, tomada en 2014.

Un padre habla sobre la pobreza

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¿Ama a los pobres quien desea que sigan sumidos en la miseria? ¿Cómo ayudamos realmente al indigente?

El sacerdote jesuita James Schall es, sin duda, el profesor de la Universidad de Georgetown más famoso de nuestra era. Ya era una leyenda cuando yo estudié allí. Antes de retirarse en diciembre del 2012, había dado clases por más de 35 años y publicado arriba de treinta libros. La pobreza es un tema que le interesa. En 1990, apareció su libro Religión, Riqueza y Pobreza. Y en el 2013, causó revuelo con su artículo ¿Aman la pobreza los cristianos?, difundido por la revista electrónica Catholic World Report.

Las ideas de Schall son relevantes para Guatemala por dos razones. Por un lado, la lucha contra la miseria es prioritaria en este país, y por otro lado, incumbe a las personas de fe. Los cristianos guatemaltecos nos sentimos obligados a vivir la caridad y a exigir medidas gubernamentales para remediar la problemática. Nos conviene atender las advertencias del sacerdote jesuita si deseamos tener un impacto positivo y coherente con nuestros principios.

Los cristianos cometemos un error colosal al suponer que la pobreza es causada por una mala distribución de los bienes existentes, dictamina Schall. En una entrevista concedida a Ray Nothstine de Religion and Liberty, Schall afirma que “el mero hecho que algunos tienen más que otros se toma, equivocadamente, como una señal de injusticia”. Cuando la meta es repartir el haber presente con miras a igualar los ingresos, entonces el actor protagónico es el redistribuidor por excelencia: el gobierno.

Paradójicamente, “los gobiernos pueden ser la agencia más responsable de aumentar la pobreza,” subraya Schall a su entrevistador. Ello ocurre incluso cuando proclaman combatirla, porque con sus actos matan las fuentes que generan abundancia. En lugar de obtener una equidad en prosperidad, nos empobrecen, con el agravante que simultáneamente crece el poder estatal y se reduce el sentido de responsabilidad personal.

Serviríamos mejor al necesitado si entendiéramos cómo producir riqueza. “Al pobre realmente no le sirve que le amemos a él o a su pobreza, si no sabemos cómo no ser pobres,” escribe Schall. Los cristianos “tenemos que entender la ganancia, los mercados y la innovación que permiten a la persona, con sus propios esfuerzos, salir de su pobreza.” Los habitantes de los países más prósperos empezaron paupérrimos y encontraron la fórmula para progresar. De esa cuenta, prosigue Schall, debemos rechazar las ideologías modernas que aprisionan a los pobres mediante instituciones y costumbres que frenan la creación de riqueza.

No fuimos puestos en la Tierra para languidecer, inertes e inútiles, en la pobreza.  Al contrario, estamos llamados a trabajar, a ser creativos y descubrir por propia cuenta el sentido trascendente de nuestras vidas. Pienso que esta reflexión encapsula la dramática lección de Schall: el principal obstáculo para paliar la pobreza hoy es  “la idea que todos deberíamos ser pobres en nombre del cristianismo…”. La solución a nuestros problemas no está en obligar a todos a tomar un voto de pobreza. El voto de pobreza religioso, eminentemente voluntario, persigue invertir la vida en oración, reflexión y trabajo. Jamás buscó la miseria generalizada, sino evidenciar que la completa absorción por el mundo material no brinda felicidad. En medio de la abundancia se puede vivir el desprendimiento, así como destinar los bienes materiales a fines nobles y buenos. El hombre se puede salvar independientemente de su entorno social, pero eso no le impide laborar en pro de una comunidad más humana, bella y próspera.

Schall nos obliga a examinar nuestras motivaciones y obras: ¿Yo promuevo la generación de riqueza o la perpetuación de la pobreza?

Este artículo fue publicado el viernes 21 de marzo del 2014 en la Revista Contra Poder y en el CEES.

La foto es propia, tomada de una obra colaborativa expuesta de la Bienal de Venecia, 2013.

 

Yo manifiesto, tú manifiestas, todos manifestamos

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La mayoría de nosotros prefiere vivir en sociedades que garantizan la libertad de asociación y de expresión.  Ello implica poder protestar pacíficamente, en espacios públicos, conjuntamente con otros.

No querríamos vivir bajo un régimen opresivo que severamente restrinja las manifestaciones. Aún nos choca recordar la Masacre de Tian’anmen en 1989, por ejemplo, cuando el Ejército Popular de Liberación de la China asesinó a jóvenes desarmados que manifestaban contra el gobierno. A veces, el plante es el único vehículo para hacer valer los derechos humanos básicos. Hoy lamentamos la violenta represión contra ciudadanos tanto en Venezuela como en Ucrania, donde la remoción del Presidente Yanukóvich no bastó para restaurar la calma.

Idealmente, una protesta debe ser pacífica, respetar el derecho ajeno y reflejar la sincera preferencia de las personas reunidas voluntariamente. Tal evento informa sobre la relativa popularidad de una causa. Transparenta los criterios diferentes y contribuye a formar opinión pública a través del diálogo.

En la práctica, sin embargo, nos percatamos que no todas las protestas son como las de Venezuela y Ucrania. No todas son ideales. Se desvirtúa la herramienta en por lo menos cuatro formas: se recurre a la extorsión como método, se buscan privilegios, se falsean las preferencias y se siembran los incentivos perversos.

La manifestación-chantaje exige, incluso con amenaza de fuerza, hasta que la autoridad concede el interés particular al grupo manifestante. Los políticos se pliegan porque no quieren antagonizar al grupo de presión políticamente organizado, incluso cuando quienes protestan son funcionarios públicos. Además, temen el caos y descontento social que genera el plantón. En un video proselitista, la activista de izquierda Naomi Wolf aconseja realizar protestas que “paren el tráfico”. Sólo se logran resultados infringiendo la ley y alterando el orden público, o bien, reuniendo a las masas, afirma Wolf. Los demás ciudadanos nos sentimos rehenes impotentes: la protesta nos impone costos que no nos podemos sacudir.

Dicha extorsión es posible porque el gobierno tiene la potestad de conceder privilegios y prebendas a sectores sociales. Los altisonantes pronunciamientos que esgrimen el interés general realmente esconden motivaciones mezquinas. Se movilizan para conseguir ventajas en la arena política que no podrían granjearse de otra forma. Y si todos los demás quieren acceder también a una tajada del presupuesto nacional, tienen que formar un movimiento y salir a las calles también…Como intuyó Frederic Bastiat, convertimos el Estado en “la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo”.

El falseo de las preferencias está implícito en esta dinámica rentista, pues trae cuenta organizar protestas con personas acarreadas, pagadas o timadas. Surgen los organizadores profesionales de manifestaciones y quienes alquilan “gente” que ignora porqué marcha. Hoy se oponen a la hidroeléctrica, mañana abogan por los salubristas. Cuando la participación no es libre y voluntaria, el reclamo no es sincero.

Finalmente, persisten incentivos perversos porque otras vías de acción resultan menos rentables que la manifestación. Los costos (visibles, ocultos y de oportunidad) que una demostración llega a imponer a la sociedad pueden superan con creces los costos de montar la demostración.  Los costos sociales pueden superar también los beneficios concentrados que obtiene el grupo demandante.

En suma, somos testigos de la deformación de un derecho del ciudadano libre. ¿Pueden los regímenes políticos abiertos respetar la libertad de expresión y de asociación, y al mismo tiempo evitar que se corrompan las manifestaciones?  Tenemos que revisar la estructura de incentivos que impera sobre los gobernantes y los manifestantes, e intentar despolitizar a las sociedades modernas.

Este artículo fue publicado el 14 de marzo del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

Ver el artículo 33 que regula el derecho de manifestación en la Constitución Política de Guatemala aquí.

 

 

 

Curando la pobreza

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Tener un corazón para los pobres no basta. Debemos acompañar la compasión con una reflexión económicamente sensata sobre cómo se genera prosperidad y bienestar.

La serie titulada Poverty Cure se lanzó formalmente en Guatemala ayer. Esta serie consta de seis documentales  que exploran a fondo las causas de la pobreza, así como las soluciones más eficaces. Es un material audiovisual de alta calidad técnica producido por Acton Media, una división del Instituto Acton para el estudio de la religión y la libertad. El lanzamiento fue coauspiciado por la Universidad Francisco Marroquín y el Instituto Acton Argentina,  el cual estuvo representado por dos de sus directivos, el Dr. Gabriel Zanotti y la Licda. Cecilia de Vásquez Ger.

Han surgido innumerables iniciativas para paliar la pobreza a lo largo de los años. Miles de ONGs y agrupaciones religiosas y seculares tienden una mano a los indigentes. Los gobiernos buscan atender a sus ciudadanos necesitados, y los países desarrollados mantienen millonarios programas de cooperación internacional. Organismos multinacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU) administran estudios y proyectos. Se estima que la ayuda humanitaria global asciende a más de U.S.$ 17 millardos anuales, sin contar la cooperación bilateral y multilateral para el desarrollo. A la luz de este activismo, conviene formular preguntas serias: ¿Hemos acertado en el diagnóstico del mal? ¿Estamos ganando la batalla?

Poverty Cure nos invita a replantearnos la pobreza y a confrontar realidades duras. Algunas iniciativas que nacen de magníficas intenciones realmente empeoran la condición de los pobres. El donante se siente bien consigo mismo al realizar una obra de caridad, y por ello no verifica el impacto de sus acciones. Por ejemplo, luego del genocidio de Ruanda, los feligreses de unas iglesias protestantes de Atlanta empezaron a enviar huevos gratis a una comunidad afuera de Kigali. Inundaron la comunidad de huevos y quebraron al empresario local que había invertido sus escasos ahorros en gallinas ponedoras. Cuando los bienhechores de Atlanta descontinuaron el envío de huevos, los ruandeses estaban peor que antes porque ya no contaban con una producción local. Así, debemos resistir el impulso de hacer algo por el mero hecho de actuar, ya que nuestros proyectos pueden tener consecuencias imprevistas negativas.

El documental también rebate el estereotipo del pobre como un ser irremediablemente desvalido y  limitado. Andreas Widmer, cofundador de una entidad empresarial no lucrativa, SEVEN Fund, admite en el cuarto video: “Me frustra la idea de que pobreza significa vivir con menos de $1.00 ó $2.00 dólares diarios.” Agrega Herman Chinery-Hesse, un emprendedor de Ghana, que los africanos no son estúpidos. Lo que ocurre es que no logran poner sus talentos al servicio de los mercados mundiales porque se les excluye de las redes de intercambio, productividad, crédito, Internet, educación y más.  Los pobres se superan cuando las instituciones políticas y económicas en sus respectivos países son abiertas. Al menesteroso no hay que abandonarlo, marginarlo ni sobreprotegerlo; más bien, debe poder conectarse con otros en círculos productivos.

Esta colección de audiovisuales es útil para académicos, líderes religiosos, políticos, periodistas y empresarios interesados en promover el desarrollo. El sitio www.povertycure.org también es un invaluable recurso, pues Poverty Cure es más que un documental: es una red que aglutina a más de 200 socios individuales y corporativos de 143 países.  Estos socios ya estaban convencidos que los pobres son personas dotadas de dignidad, más que objetos o experimentos, y ahora, gracias a la plataforma que les provee Acton, pueden explorar cómo dar rienda suelta al espíritu de emprendimiento en el mundo.

Este artículo fue publicado el 7 de marzo del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

La pasta de dientes en Cuba

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En sus primeros y prometedores años, la revolución cubana entronizó la planificación centralizada y el control estatal de los procesos de producción.  Ernesto Ché Guevara, médico argentino nacionalizado cubano, fue ministro de economía en 1960 y ministro de industria en 1961.  La centralización resultó más dura de lo que anticipó, pues en un discurso que dictó con ocasión de la primera reunión nacional de producción, llevada a cabo en el Teatro Chaplin de la Havana el 27 de agosto de 1961, Ché Guevara admitió sus problemas ante un público de por lo menos 1,500 compañeros castristas. Es importante tomar en cuenta que para estas fechas, el embargo de Estados Unidos sólo había estado en efecto por unos meses, desde el 19 de octubre de 1960, y que se limitaba a exportaciones de Cuba hacia Estados Unidos.  El embargo sobre importaciones a la isla se introdujo en fecha posterior: el 7 de febrero de 1962.  Por otra parte, ya estaban activos los consultores de Checoslovaquia y otros países del bloque soviético, supervisando las fábricas cubanas. Guevara relata aquí las dificultades de coordinar tanto el aparato burocrático como la misma producción y distribución de bienes. Es muy ilustrativa su descripción de las dificultades inherentes a la producción de pasta de dientes.

 “Muchos errores han sido cometidos en el Ministerio de Industria que han resultado en considerables deficiencias en la provisión de bienes a la población.  En un estado organizado que se mueve rápidamente hacia la planificación, no se puede decir que una única agencia estatal o un único individuo sea responsable de un error.

Un error puede involucrar muchas esferas.  Cada vez que buscamos una deficiencia, debemos volver la vista a los proveedores, que a veces son nuestras propias industrias, o a veces el Ministerio de Comercio Exterior, y luego enfocarnos en la red de distribución, que está casi completamente en manos del Ministerio de Comercio Interior.  No obstante, a veces sucede que tenemos que trazar el error al  Mnisterio de Transporte, o al Ministerio de Obras Públicas, o a veces al ejército.

Por supuesto, en balance… los resultados han sido positivos y el futuro es alentador. Nos reunimos hoy, sin embargo, para analizar nuestros errores…Y se han cometido errores…

El Ministerio de Industria es un ministerio que debe trabajar para…asegurar el suministro de una gran cantidad de bienes para la población completa…Es decir, está a cargo del trabajo de industria pesada y liviana, la tarea de producir para hoy, y de pronosticar y planificar para mañana….

El Ministerio de Industria es una organización vertical que depende de las grandes masas de la población obrera cubana.  Digo “vertical” porque este tipo de organización necesariamente implica la existencia de un liderazgo centralizado encargado de tomar decisiones.  Debe ser también profundamente democrática, sin embargo, porque es la única forma que los planes sean conocidos por las masas…

En ningún momento hemos escatimado la comunicación con las masas.  Pero sí ha existido una falta de coordinación—y esto debe decirse claramente—una falta de coordinación de ambas partes…

La lista de problemas que hemos resuelto es enorme.  Hemos tenido la asistencia incansable de otros países socialistas, y nosotros mismos hemos trabajado.  Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo, y hemos resuelto muchos problemas.  Hay otros muchos problemas que permanecen sin resolver, sin embargo, algunos de los cuales persistirán este año y el siguiente…

Por ejemplo, los paros en producción han sido poco frecuentes hasta ahora, relativamente hablando, dada nuestra gran dependencia de productos importados. Los paros de nuestras empresas reflejan no sólo los resultados de la agresión imperialista, de una falta de mercados, pero también la anarquía de la producción capitalista, las divisiones y la competencia que existió entre empresas, el número de diferentes tecnologías que existían para producir prácticamente la misma cosa, el número de aditivos innecesarios para cosas tan sencillas como el jabón, por ejemplo, o la pasta de dientes, que a veces han hecho trabajar muy duro a nuestro técnicos para combinar todos los ingredientes correctamente…

Por supuesto, mientras no demasiadas industrias han sufrido paros, el ritmo de producción ha sido mucho más lento de lo anticipado… Algunas veces hubo paros parciales debido a falta de suministros y de piezas de maquinaria, y unas fábricas han estado en continua crisis, prácticamente paralizadas, o con unas de sus líneas de producción operando parcialmente…

Ahora enfrentamos una escasez en el suministro de pasta de dientes.  Debemos señalar detalladamente los motivos de esta escasez.  La producción estuvo paralizada durante cuatro meses.  Habían suficientes reservas, sin embargo.  Los pasos urgentes requeridos no se tomaron, precisamente porque había tanta reserva de pasta de dientes, una gran reserva.  Las reservas empezaron a agostarse y los insumos no arribaron.  Era el momento de moverse rápidamente a meter órdenes para requerir los materiales necesarios.  Luego los materiales arribaron, un sulfato de calcio que no se ajustaba a las especificaciones para hacer pasta de dientes.

Los compañeros técnicos en estas empresas empezaron a inventar una fórmula de pasta de dientes…Voy a  emitir una voz de alerta a los acaparadores: esta pasta es tan buena como la que teníamos antes, limpia igual de bien; pero luego de que se almacena un rato, se endurece.  [Aplauso]  Bueno, no aplaudan, no lo hicieron a propósito; sólo salió así.  Hicieron lo mejor que pudieron.  Pero yo les estoy dando una advertencia justa, para que la gente no empiece a acapararla y luego venga con nosotros cuatro meses más tarde y se queje que su pasta de dientes se convirtió en piedra.  La pasta es para el consumo normal de la población, y podemos absolutamente garantizar que  les estamos dando el mejor producto de la mejor calidad que es posible en el presente, pero tiene este problema.   Me acaban de pasar una nota corrigiéndome:  “Después de cinco semanas, se empieza a convertir en piedra.  Debe usarse al mes de haberse comprado.”

Ché Guevara continúa narrando dificultades en la producción de decenas de bienes, desde textiles y zapatos, hasta el acero. Habla sobre la injusticia de proveer jabón a consumidores en Havana si no alcanza para repartirlo en el resto del país, y de las complicaciones que surgen cuando la escasez de un bien genera un consumo mayor del previsto de otros bienes complementarios.  También reclama a sus compañeros que no está bien equiparar la calidad del producto con un vicio capitalista, que no deben conformarse si la etiqueta del cigarrillo sale mal impresa o está mal pegada, como si la calidad no fuera requisito también en el socialismo. La razón de ser del socialismo es garantizar la felicidad del hombre, afirma Guevara, y no se explica como los consumidores a veces desaprueban de los resultados cosechados por el Ministerio de Industria.

Cincuenta y tres años después de haberse dictado este discurso, la escasez de pasta de dientes sigue generando descontento en Cuba, según reporta la agencia noticiosa EFE en enero del 2014. Los cubanos debaten en las calles, en páginas de internet y en la prensa escrita que no tienen acceso a pasta de dientes, al desodorante y a otros bienes de higiene básicos.  La mayoría de las marcas inexistentes son de producción nacional.  Bajo el simpático seudónimo de Apestosa, una consumidora pregunta:  “Una empresa con un mercado seguro y sin competidores: ¿cómo es que se puede dar el lujo de incumplir con la producción y dejar el mercado totalmente desabastecido?” Y en la Venezuela chavista, gracias a la revolución bolivariana, la gente espera desesperada hasta tres horas para conseguir un tubo de pasta de dientes, cuando hay existencias.  ¿Será que la falta de pasta de dientes y de otros productos de higiene botarán a Nicolás Maduro y a Raúl Castro?

En conclusión, el principal error no fue poner a un médico guerrillero a cargo de producir innumerables bienes, pues aunque es muy factible que otra persona habría hecho un mejor trabajo que Guevara, prácticamente cualquiera hubiera fracasado inexorablemente.  El principal error fue pretender que gerentes omniscientes y omni-competentes fuesen capaces de diseñar y dirigir un complejo ecosistema económico centralmente, sin auxilio de un sistema de precios y una libre competencia.

El discurso completo se encuentra en el libro Che Guevara and the Cuban Revolution, writings and speeches of Ernesto Che Guevara, editado por David Deutschmann y publicado en inglés por Pathfinder en Australia en 1987.  La traducción de vuelta al español es mía.

 

 

Cirugía mayor para el seguro social

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¿Es usted afiliado, pensionado o patrono dentro del Instituto Guatemalteco de Seguro Social? ¿Está satisfecho con sus servicios?

El Ministro de Trabajo, Carlos Contreras, anunció esta semana que el gobierno pretende reformar el sistema de seguridad social. Explicó que su plan se basa en cuatro ejes para incrementar los ingresos, mejorar la moral del ahorrante, revisar el servicio al cliente y analizar la administración tripartita entre los patronos, las organizaciones de trabajadores y el gobierno. (Prensa Libre, 25-II-14)

¿Cómo afectarían estas reformas al usuario? Las autoridades quieren aumentar la base de afiliados para incluir a personas auto-empleadas o que laboran en “otra actividad productiva lícita”. Dado que las contribuciones constituyen la principal fuente de ingresos al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social  (IGSS), incorporar a trabajadores informales mejoraría la salud financiera del instituto. Además, el ministro desea solventar la gigantesca deuda que el gobierno como patrono mantiene con el IGSS, estimada en Q.22 mil millones. Aumentar los ingresos no necesariamente implica mejor atención al usuario. De hecho, en el corto plazo inflaría el número de demandantes de los servicios del IGSS, ya de por sí cuestionados. Abundan las quejas de excesivas esperas para obtener citas, falta de medicinas, maltrato y engorrosos trámites.

Por otra parte, se duda que en un futuro próximo los sistemas estatales de previsión social sobrevivan. No será tanto porque los trabajadores rehúsen invertir en los esquemas pensionarios sino porque la demografía amenaza su estructura piramidal.  Crece el número de personas mayores y disminuyen los jóvenes alimentando el engranaje intergeneracional. Hace años se rumora que el programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) colapsará en el 2015, y eso a pesar de que, según consigna elPeriódico, sólo el 12% de las personas mayores de 60 años reciben pensiones del IGSS.

Al sistema de seguridad social le urge una cirugía mayor; no basta con hacer mejoras modestas en su funcionamiento. Conviene rememorar el origen del concepto mismo. Bajo el lema de “socialismo estatal”, Otto von Bismark, militar y canciller alemán, construyó los primeros esquemas de seguro social gubernamentales y compulsivos a finales del siglo XIX. Su meta era asegurar la lealtad al régimen de los ciudadanos, convirtiéndolos en dependientes y formándolos en el “colectivismo nacionalista”. Fijó en 65 la edad de retiro cuando la tasa de fertilidad en Europa era más alta que la actual, y el adulto promedio moría a los 48. El Estado Benefactor se popularizó en Europa y Estados Unidos en los años siguientes. El IGSS se fundó en 1946, en un contexto muy distinto a la Alemania de Bismark.

¿Recibían atención los desempleados, enfermos y ancianos antes de que se inventaran estos esquemas estatales? Sí, y el Estado Benefactor desplazó iniciativas privadas de variada constitución. Las familias y los vecinos se apoyaban unos a otros, pero también surgieron organizaciones caritativas y asociaciones de ayuda mutua creadas por trabajadores que contribuían a un fondo común en previsión de futuras emergencias. Tenían control sobre la administración del fondo. David Green estima que en Estados Unidos había 26,877 sociedades con casi 7 millones de miembros para 1910, el año antes de que se fundara el seguro social estatal en ese país.

Eliminar el carácter obligatorio del sistema de seguridad social le devolvería el poder de decisión al usuario.  Seguirían dentro del sistema estatal las empresas y los empleados que así lo deseen, y se incentivaría la creación de nuevos esquemas de ahorro e innovadoras alternativas de servicios para accidentes, salud y desempleo. Se cosecharía mayor eficiencia, diversidad y transparencia dentro y fuera del aparato gubernamental para beneficio del trabajador.

Este artículo fue publicado el 28 de febrero del 2014 en la revista Contra Poder y en CEES.

La fotografía que ilustra el artículo es de una obra de arte titulada Girl Study por Mark Manders, exhibida en la Bienal de Venecia. 2013.

Recomiendo la lectura del libro After the Welfare State editado por Tom Palmer.