Totalitarismo, fascismo y violencia en Venezuela

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La censura es el primer paso del totalitarismo. Un gobierno que ambiciona controlar la información que llega a sus ciudadanos cercena los derechos humanos y la libertad. 

Nicolás Maduro tan sólo perpetúa las restricciones a la liberta de prensa iniciadas por Hugo Chávez en Venezuela. El último zarpazo del gobierno bolivariano es haber sacado del aire la señal del canal colombiano NTN24 mientras éste cubría la noticia de las multitudinarias protestas callejeras llevadas a cabo la semana pasada. No emitió previamente un aviso oficial. Simplemente, Maduro dispuso que NTN24 es un canal “anti-bolivariano” y “fascistoide” que promueve un golpe de estado en Venezuela.  Acusó al expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, de apoyar financieramente a quienes lo quieren derrocar.

Venezuela ocupa el lugar 118 de 180 países en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, y el puesto 168 de 196 en el índice generado por Freedom House. Éste último declara al país “no libre”, en tanto Reporteros sin Fronteras sentencia: “El espacio audiovisual nacional está sometido casi por completo al Poder Ejecutivo y a sus cadenas.” Las autoridades sostienen que la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (Resorte), reformada en el 2010, es garante de la libertad de expresión, pero los comunicadores opinan que propicia la autocensura y otorga al gobierno el poder de juzgar la idoneidad de los contenidos. Con descaro, el director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, William Castillo, afirmó que existe libertad de prensa siempre y cuando no se publiquen críticas al gobierno.

El mundo se enteró de la realidad venezolana a través de videos caseros que circulan en las redes sociales. La represión violenta de la policía y los grupos paramilitares  contra manifestantes universitarios quedó grabada. ¿Pueden verse estas noticias dentro del país? ¿Tomarán represalias contra quienes divulgan estas escenas?

La retórica del totalitarismo es irónica. Nicolás Maduro usa el insulto “fascista” contra sus críticos, pero a él le calza mejor la etiqueta. El fascismo suele definirse como un nacionalismo autoritario que recurre a la militarización de la sociedad, promueve la veneración del estado y enfatiza el ultra-nacionalismo.

Debemos retomar las advertencias que nos hicieron George Orwell, Hannah Arendt y Karl Jaspers, entre otros autores, sobre el totalitarismo.  Sus mensajes siguen siendo pertinentes aunque escribieron en un contexto histórico distinto.  El engaño posibilitó el triunfo del totalistarismo en Alemania, reflexionó Jaspers en 1963. El totalitarismo “promete todas las cosas a todos los hombres”, afirma Jaspers. Formalmente se apega a las leyes y a la Constitución pero las vacía de contenido. Aprovecha luego el rompimiento con el orden para ofrecerse como la salvación.

Además, afirma Jaspers, es difícil de detectar pues luce muchas máscaras ideológicas, como el comunismo, el socialismo y el fascismo, sin ser ninguna de ellas.  “Es como una maquinaria que se arranca a sí misma sin que sus operadores estén plenamente conscientes de lo que están poniendo en marcha.” Muchos observadores confiaban que el pueblo alemán era demasiado inteligente y culto como para caer en el totalitarismo, pero no fue así.  Advierte Jaspers que todos los pueblos deben librarse de ese auto-engaño:  lo ocurrido en muchos países europeos puede pasar en cualquier lugar.

Se resiste el totalitarismo con información veraz y persuasión pacífica. Se empieza por respetar la libertad de prensa, porque como bien dijo Ludwig von Mises: “Es vano luchar contra el totalitarismo adoptando métodos totalitarios…el primer requisito para un orden social mejor es el retorno a la irrestricta libertad de pensamiento y expresión.”

Este artículo se publicó el 21 de febrero del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

 

 

El Papa Francisco y el amor

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Si el Papa Francisco está del lado de unos, los otros no pueden estar con él.  ¡Y todos nos peleamos al popular pontífice!  Él, sin embargo, está del lado del amor.

El Papa Francisco fue nombrado hombre del año del 2013 por la revista Time.  Ilustra la portada de una reciente edición de la revista Rolling Stone, más conocida por su cobertura de música rock. Bloomberg TV divulgó una encuesta según la cual 92% de los fieles en el mundo aprueban de su gestión a la fecha.  ¿Qué explica esta popularidad?

El Papa Francisco penetró nuestros corazones porque es auténtico, humilde y querendón. Él vive y predica lo que es el verdadero amor. Esta apreciación destrona otras tres explicaciones de su meteórico ascenso expuestas precisamente en los reportajes de Time y Rolling Stone. La primera hipótesis es que nos caería bien cualquier reemplazo de S.S. Benedicto XVI, a quien califican de agrio, desastroso, académico y fracasado, entre otras cosas. La segunda suposición es que Francisco es un revolucionario a punto de imponer radicales cambios dentro de la Iglesia. Y finalmente, hay quienes ven al nuevo papa en el rostro promotor del socialismo del Siglo XXI.

Acertó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, cuando comentó que no hace falta demeritar al papa anterior para destacar los logros del actual Vicario de Cristo. Benedicto XVI es quizás el teólogo más brillante de nuestra época. Nos orientó claramente respecto los alcances de Vaticano II, la pederastía, la verdad y el relativismo… y mucho más. Tras su renuncia hace un año, acompaña a Francisco con sus consejos y su oración. El Papa Francisco lo describe como “un sabio abuelo a quien pedir consejo”. Tienen personalidades y estilos distintos, pero los une la fe y la fidelidad a la Iglesia.

Francisco dice de sí mismo: “Soy hijo de la Iglesia”. Inició una reforma de la Secretaría de Estado y de la Curia Roma en aras de una mayor transparencia y eficiencia, recurriendo a una metodología consultiva. Vive en Santa Marta y rechaza el lujo. La austeridad personal y una reforma burocrática, no obstante, no auguran cambios en doctrina y dogma. El Papa Francisco no editará el Credo, ni tampoco derogará el Catecismo de la Iglesia y el Magisterio. No aplaudirá el aborto y la eutanasia, ni abolirá la institución del matrimonio.

El anti-capitalismo es el grito de batalla del Papa Francisco, opina Paul B. Farrell, columnista de Marketwatch.com. El conservador Rush Limbaugh acusó al papa de ser marxista, y los socialistas lo reclaman como propio. Es cierto que en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el pontífice dedica aproximadamente 15 de 288 puntos a asuntos económicos. Usa frases fuertes: condena el consumismo y afirma que la economía excluyente mata. Sus palabras entretendrán a los economistas por largo rato: ¿cuáles instituciones económicas excluyen? ¿Cómo podemos aliviar la pobreza de mejor forma? ¿Asociará el Papa el concepto capitalismo con el mercantilismo corrupto que priva en su natal Argentina? ¿Favorece una economía centralmente planificada, aunque afirme no ser marxista?

Pero el grito de batalla de Francisco no es de índole económico o político. Al fin y al cabo, estos temas son opinables. Al igual que Benedicto XVI, Francisco dedica mucho más tiempo y aliento invitándonos al amor. Cuando acaricia a un enfermo y permite que se le acerque un niño, transmite cariño. Quiere que nos encontremos fraternalmente. Quiere que rechacemos la desconfianza, el temor, la sospecha, la mundanidad y el encerrarnos en nosotros mismos. Quiere que entremos “en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura”.  La Iglesia no es un foro económico, una empresa humana o una maquinaria burocrática. Como afirmó en una homilía de abril, 2013, “entrar en la Iglesia es entrar en una historia de amor”.

Este artículo fue publicado el 14 de febrero del 2014 (Día del Cariño) en la revista Contra Poder y en CEES.

 

 

Maduro: amor y odio obrero

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Es inimaginable que un líder sindical convertido en sucesor de Hugo Chávez pierda el apoyo de su base obrera.  Pero así es: ni los empresarios ni los sindicatos están contentos con las políticas laborales de Nicolás Maduro.

Nicolás Maduro se describe a si mismo como el primer trabajador-presidente de Venezuela. Debe estar enojadísimo porque ha perdido el apoyo de su base, las masas obreras. Y es que sus decisiones no siempre mejoran la vida del trabajador. La más reciente edición de la prestigiosa revista The Economist reseña la impopularidad de las políticas laborales de Venezuela. El socialismo del Siglo XXI defrauda a empresarios y a trabajadores, según el escrito. Así lo corroboraron ambos bandos, e incluso los legisladores, cuando airearon sus quejas ante una misión de alto nivel de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que visitó Venezuela la semana pasada.

El régimen bolivariano ha pasado incontables regulaciones laborales, siendo de mayor jerarquía el decreto titulado “Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras” (LOTTT), aprobado en abril del 2012. Precisamente una queja esgrimida ante la OIT es que LOTTT fue impuesta sin discusión por Hugo Chávez. El código laboral se compromete a luchar por la redistribución de la riqueza mediante estrictos requerimientos como menos horas de trabajo, más feriados, mejores planes de maternidad.  El decreto literalmente garantiza el empleo pasado el primer mes de labores.

La consecuencia ha sido el ausentismo y la mediocridad, informaron los empleadores a los delegados de la OIT. Dependiendo de la temporada y el tipo de industria, la tasa de ausentismo oscila entre 15 y 40 por ciento. Las empresas temen contratar nuevo personal, y la improductividad de los trabajadores ha quebrado muchas empresas. Luis Alfredo Araque, de la federación de gremios empresariales Fedecámaras, afirma que incluso hay quienes pagan a empleados de bajo rendimiento para que se queden en casa o para que se retiren.

Los sindicalistas tampoco están felices. Por lo menos 2.6 millones de empleados tienen un patrón poderoso: el gobierno. Ese patrono sí despide cuando quiere. Días antes de Navidad, despidió a Iván Freites de Petróleos de Venezuela (PDVSA), supuestamente por irrespetar al patrono. Freites, Secretario Ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores del Petróleo de Venezuela, denunció irregularidades y falta de mantenimiento en la refinería Amuay previo a la devastadora explosión en agosto del 2012 que provocó 55 muertes y 156 heridos. Freites opina que su crimen fue culpar a PDVSA de la tragedia. La OIT también da seguimiento a un caso sobre el cual se pronunció en el 2010: Rubén González, hoy secretario general de Sintraferrominera, pasó 17 meses en prisión por organizar una huelga en el 2009. La raíz del conflicto entre el gobierno y los sindicatos es el afán de Chávez, y ahora de Maduro, por centralizar y controlar el movimiento sindical dentro del seno del partido socialista.

Maduro dice que libra una guerra contra voraces capitalistas. Sus declaraciones a finales de año provocaron saqueos en tiendas de productos electrónicos y otros establecimientos. La verdad es que escasean muchos bienes y servicios, incluyendo alimentos básicos. Ahora intenta deshacer con un decreto lo que hizo con otro, creando una oficina estatal encargada de “combatir la escasez de bienes básicos”.

Su verdadero enemigo no es el empresario capitalista sino la contradicción socialista.  Maduro quiere una economía pujante poblada por trabajadores que casi no trabajan pero que ganan bien, y generadores de trabajo que no pueden tomar sus propias decisiones de producción, ahorro, inversión, contratación, salarios y más. Las cuantiosas e impenetrables barreras gubernamentales oprimen la creatividad y productividad de la economía y evitan la creación de riqueza, y eso no se remedia promulgando otro decreto.

Este artículo fue publicado el 7 de febrero del 2014 por la Revista Contra Poder y el CEES.

Plagio: motivos y castigos

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¿Por qué cometen plagio un estudiante o un político? ¿Cuáles costos asume el culpable luego de ser detectado?

El carácter de Manuel Baldizón se refleja en su libro con contenido plagiado,Rompiendo Paradigmas.   Circula por los medios una caricatura que pone en boca de Baldizón palabras como estas: “Ya me robe un libro, ¡imagínate lo que podría robar de presidente!” Efectivamente, el plagio es hurto intelectual. Se plagia por ignorancia o malicia, y dudo que el presunto autor sea ignorante. Él sabe que la comunidad académica impone estrictas normas respecto de esta práctica, pues afirma haber estudiado en las prestigiosas universidades de Oxford, Valparaíso y Salamanca, así como en tres universidades nacionales, obteniendo un MBA y un doctorado, entre otros títulos. Es razonable suponer que quien comete plagio deliberadamente es capaz de cometer otros actos inmorales.

Algunos estudiantes cometen plagio por desconocimiento, sobre todo si recibieron una deficiente instrucción escolar y recién inician su carrera universitaria. A veces no entienden la tarea asignada, o bien no comprenden los textos consultados como referencia. Les resulta complicado parafrasear lo leído en sus propias palabras. No saben digerir una abrumadora cantidad de textos disponibles. Y siempre habrá uno que otro que simplemente no sabe cómo citar bibliografía correctamente.

La originalidad absoluta es imposible. Vivimos en sociedad, discutimos ideas libremente, y nutrimos nuestros conocimientos del legado intelectual de generaciones anteriores. Si señalamos un hecho ampliamente conocido o narramos una vivencia personal, no hace falta calzar nuestra redacción con una cita. Pero no es lícito copiar textualmente de una enciclopedia o sitio electrónico, ni transcribir textos de cualquier material impreso, y hacerlos pasar como propios. También plagia quien modifica levemente los textos, cambiando unas cuantas palabras, así como quien hace una traducción literal sin mencionar al autor original. Incluso se tilda de “auto-plagio” la práctica de citarse uno mismo de un trabajo previo, salvo que indiquemos expresamente que expusimos esa idea en un documento previo.

El plagio es fuertemente sancionado al nivel universitario. Quien cometió la falta es frecuentemente sometido a un examen oral. Otros castigos incluyen una carta de advertencia, la pérdida del curso con una calificación de cero, o con una suspensión o retiro definitivo del centro educativo. Ser detectado en plagio puede acarrear altísimos costos personales para el estudiante.

No necesariamente ocurre lo mismo en la política, aunque hay antecedentes. En el 2011, el ex diputado Mariano Rayo, del Partido Unionista, se disculpó por plagiar un editorial del diario argentino La Nación. Desde entonces figura poco en política, aunque ignoramos si es por ese motivo. Varios políticos alemanes han sido acusados de presentar tesis doctorales con contenido plagiado, y algunos de ellos, incluyendo dos miembros del gabinete de Angela Merkel, tuvieron que renunciar: Karl Theodor zu Guttenberg y Annette Shavan. La última, por cierto, sirvió como ministra de educación, el gremio más quisquilloso con relación a esta transgresión. También tuvieron que dimitir por actos similares Anthony Albanese, ex ministro de trabajo de Australia; Silvana Koch Mehrin, exvicepresidenta del Parlamento Europeo; y Alejandro Blanco, ex presidente del Comité Olímpico Español.  En Estados Unidos, el Senador Rand Paul perdió su columna en The Washington Times tras ser acusado de cometer plagio en sus discursos y columnas, y ahora escribe en Breitbart.com.. Pero, ¿cuáles serán los costos para este aspirante a la presidencia? ¿Más allá de reeditar su texto, se imputarán a Manuel Baldizón sanciones sociales?

Este artículo fue publicado el 31 de enero del 2014 en la Revista Contra Poder y en el CEES.

¡Avance la libertad!

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Ya salió la edición 2014 del Índice de Libertad Económica.  ¿Qué nos enseña respecto del avance de la libertad en Guatemala?

Hace veinte años, la Fundación Heritage, basada en Washington, D.C., y el prestigioso periódico The Wall Street Journal se aliaron para producir un índice de libertad económica. Cuando empezaron, la noción de hacer comparaciones cuantitativas entre naciones sonaba descabellada. Y es que los números siempre son limitados. ¿Cómo sabemos que los factores evaluados son determinantes, y que no se excluye de la fórmula algún dato importante? ¿Son equiparables las estadísticas generadas en cada nación? Con el tiempo, los investigadores han ido afinando su herramienta. Han surgido otras mediciones enfocadas en las libertades civiles y políticas, la libertad de prensa, el desarrollo humano, la felicidad, la percepción de corrupción y más. Las investigaciones se complementan entre sí y nutren una viva discusión académica. En última instancia, contar con estos índices y con la serie de datos a través de dos décadas resulta útil para economistas, periodistas, formuladores de políticas públicas y políticos.

¿Cómo le fue a Guatemala este año? Ocupamos la casilla 83 de 186 países, y la casilla 17 en la lista regional de 29 países latinoamericanos y caribeños. Nuestro punteo es 61.2, levemente arriba del promedio mundial y regional. Los autores reflexionan que “a lo largo del la historia de veinte años del índice, la libertad económica de Guatemala ha permanecido mayormente estancada”. Esta realidad se evidencia en una gráfica que coteja nuestro avance contra el promedio anual desde 1995. Mientras que de 1995 hasta el 2003 nuestro rendimiento fue visiblemente superior, en años sucesivos se niveló y no ha logrado distanciarse del promedio mundial.

Del año pasado para ahora, Guatemala mejoró levemente en seis de los diez rubros evaluados. Estos incluyen la libertad para hacer negocios, invertir y comerciar. También ascendieron los indicadores de política monetaria, laboral y de corrupción política. Sin embargo, una expansión del gasto público y de la carga tributaria se unen a precarios derechos de propiedad para reducir la libertad económica de los guatemaltecos. Las victorias en la lucha por la transparencia son insuficientes. Persisten serios problemas, sobre todo en el sector de justicia, empañado por la corruptela y la ineficiencia, así como por la intimidación de jueces, fiscales y testigos. El país carece de un verdadero Estado de Derecho. Llama la atención que, al nivel global, también cayeron por 0.3 puntos, cada uno, los indicadores para Estado de Derecho, derechos de propiedad y corrupción.

El principal logro se obtuvo en la reducción de la tramitología para aprobar nuevos negocios, realidad reflejada en el índice Haciendo Negocios del Banco Mundial. No obstante, los inversionistas extranjeros pueden experimentar dificultades sorteando las trabas regulatorias y legales existentes.

Los países más libres experimentan un rápido crecimiento económico. Sus servicios de salud y educación son de calidad. Reducen a un ritmo mayor los niveles de pobreza. Protegen con mayor eficacia el ambiente.  Sus habitantes tienen ingresos per cápita más altos y gozan de bienestar.

¿Qué hicieron otros países para salir del hoyo? Conviene estudiar la trayectoria de dos países con mentalidad reformadora: Chile y las Islas Mauricio.  Ocupan el séptimo y octavo lugar en la lista mundial, y son los dos países en vías de desarrollo que más éxito han cosechado en estos años.  Fortalecieron sus instituciones, cuentan con buena gobernanza y redujeron el crimen.

Vivimos en la época más próspera de la historia de la humanidad, y realmente no hay motivo por el cual Guatemala no pueda convertirse en el próximo milagro económico.

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Este artículo fue publicado el 24 de enero del 2014 en la Revista Contra Poder y en el CEES.

La foto es propia, de una instalación titulada “Full Body Scan”, por Guo-Qiang Cai (2013). La escogí porque trata sobre la seguridad y el peligro, así como la vulnerabilidad del individuo, tanto frente al crimen como los servicios de seguridad.  Me pareció ilustrativo de los incentivos que enfrentan los inversionistas en un país con un Estado de Derecho débil, con corrupción y ausencia de derechos de propiedad.

Reflexiones sobre las campañas políticas prematuras

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¡Abróchese el cinturón: la campaña política ya despegó!

La gráfica que ilustra la portada de Contra Poder (10 de enero, 2014) enmarca una pregunta en letras gigantes: ¿por quién votaría hoy? Es como un grito visual que anuncia el arranque de la campaña presidencial. A la mayoría de guatemaltecos nos abruma el bombardeo publicitario político, con lo cual el titular nos deja mal sabor en la boca. Tenemos la sensación de que recién salimos de una campaña y ya nos introducen en otra. Este banderazo se produce a destiempo, pensamos, pues el Partido Patriota recién clausuró su segundo año de gobierno. Nos toma segundos recapacitar: la competencia política ni empieza, ni acaba. Es una constante en nuestras vidas.

Al leer el reportaje central que acompaña el titular, nos impacta otra revelación. La población ignora quiénes son muchos de los candidatos presidenciables. El candidato hipotético Perico de los Palotes se habrá desilusionado al enterarse que menos del 30% de la población sabe quién es, y peor aún, que solamente le simpatiza a la mitad de quienes lo identifican correctamente. El sujeto hipotético tiene menos de dos años para ser reconocido y cosechar votos. Sin duda muchos aspirantes a cargos públicos están comisionando más vallas y anuncios en estos momentos, reincidiendo en la costumbre que nos causa molestia.

El sistema en Guatemala provoca varias incógnitas adicionales. ¿Por qué tantas personas aspiran a ser presidente? ¿Por qué hay tantos partidos políticos en Guatemala? ¿Por qué los presidenciables concursan varias veces antes de ser electos? ¿Por qué la profesión de político goza de tan mala reputación? ¿Por qué persisten las prácticas corruptas en el seno del gobierno? ¿Por qué la labor del Tribunal Supremo Electoral (TSE) es cuestionada por el mismo gremio? ¿Por qué creemos que ningún candidato refleja nuestro sentir, y por tanto nos resta únicamente escoger al “menos peor”?

Una respuesta común se centra en los jugadores políticos particulares. Se sugiere que todo depende de la calidad de las personas que se arriman al foro político. Si tuviéramos estadistas heroicos, virtuosos y benevolentes, la dinámica cambiaría, se propone. Sin embargo, el salvador nunca llega. De allí que resulte constructivo enfocarnos menos en los personajes y más en las reglas del juego. La Ley Electoral y de Partidos Políticos, junto con otras normas escritas y tácitas, crean el conjunto de incentivos que imperan tanto sobre los políticos como los electores.

El enfoque institucional nos confronta con ciertas realidades. Primero, los candidatos, los donantes y los votantes de los partidos políticos somos seres de carne y hueso, dotados de intereses personales y susceptibles de ceder a presiones y seducciones. Segundo, los partidos políticos no generan riqueza; recaudan fondos para subsistir y financiar periódicas campañas electorales. Tercero, la escasa y parcializada información recabada en eventos públicos, vallas, anuncios y publicaciones sustenta la decisión de voto. Es decir que tomamos decisiones con información incompleta. Cuarto, los partidos compiten entre sí para captar fondos y votos. Y podemos seguir agregando hechos a esta lista.

La capacidad de distinguir entre las cosas tal cual son, y nuestras expectativas de cómo deberían ser, brinda claridad al panorama electoral. Por otra parte, es un error esbozar propuestas de reforma basadas en elucubraciones idealistas. Dichas iniciativas no necesariamente mejorarán la eficiencia, transparencia y credibilidad del quehacer democrático. En contraste, las propuestas de reforma fundadas en una apreciación objetiva sobre la conducta de los actores políticos sí pueden alterar la dinámica electoral de forma eficaz.

Este artículo fue publicado el 17 de enero del 2014 en la Revista Contra Poder y CEES. También fue reproducido el 29 de enero del 2014 por HACER Latin American News.

La foto que ilustra este post y que motivó el artículo es tomada del sitio de la Revista Contra Poder en Facebook. ¡Recomiendo visitar la página y consultar la investigación realizada por la revista!

Corrupción: ¿Enfermedad congénita?

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¿Cree Usted que se puede combatir la corrupción? ¿O estamos condenados a vivir con ella?

Los padres guatemaltecos suelen aleccionar a sus hijos: “La vida es así: juegas shuco o te vas feo.  Abuzáte, pero que no te atrapen.” Tendemos a pensar que la corrupción es una enfermedad congénita e irreversible. Siguiendo esta lógica, elegir el bien no sólo es pésima opción, sino va contra nuestra naturaleza. Un ciudadano no posee el poder suficiente para alterar tal gen o patrón ancestral.

Me inquieta esta hipótesis determinista sobre la raíz de la corrupción. En general, las personas elegimos entre el bien y el mal, y podemos torcernos. Pensar que es defecto de muchos nos endurece y consuela. Pero entonces veríamos a personas de cualquier nacionalidad pervertirse a través del tiempo. La descomposición avanzaría irremediablemente en todos los países. Y en la práctica hay países sanos y otros que se hacen más transparentes, por lo cual existe una explicación alterna al fenómeno.

Daniel Treisman, profesor de ciencias políticas en la Universidad de California en Los Ángeles, nos brinda una respuesta sofisticada en su afamado estudio empírico, “The causes of corruption: A cross-national study” (2000). Él tomó tres distintos índices de corrupción y comparó los resultados entre los países medidos. Detectó una correlación con seis factores. Primero, los países que fueron colonias británicas tienden a ser menos corruptos. Aclara que no basta con adoptar un sistema de derecho consuetudinario en sustitución del derecho napoleónico o positivo; la cultura jurídica que imprimió la corona británica en sus ex colonias incide en la calidad con que se imparte la justicia, así como el respeto que se tiene a la normatividad. Segundo, son menos corruptos los países de tradición protestante. Puede relacionarse con un implacable moralismo, la ética de trabajo weberiana y otros efectos sociales de la práctica religiosa.

El crecimiento económico es el tercer factor relacionado con la transparencia.  Aquí la causalidad es incierta: ¿son más prósperos los países transparentes, o más transparentes las naciones ricas? Treisman cree que es posible salir de la corrupción creciendo la economía. El cuarto factor es la democracia, pero solamente contribuye a la transparencia un sistema político abierto con por lo menos cuarenta años de trayectoria. Las democracias menos estables no asisten en el combate a dicho flagelo.

Treisman resalta la estructura federal como quinto punto. El federalismo acentúa la corrupción, presuntamente porque permite a las distintas capas de gobierno extraer rentas de los ciudadanos impunemente, mientras un sistema unitario es más controlable. Yo siempre sostuve que la descentralización ayudaría a transparentar la gestión pública acercándola al ciudadano-fiscalizador, pero Treisman detectó lo opuesto. Él mismo comenta, sin embargo, que una descentralización que faculta a los gobiernos locales competir unos con otros en calidad institucional sí podría contribuir a mermar la corruptela.

Finalmente, la apertura a las importaciones también modera los índices de corrupción.  Es decir que economías con fronteras abiertas tienden a generar entornos más cristalinos. Según Treisman, estos seis factores explican el 89% de las variaciones en los índices de percepción de corrupción, razón de sobra para tomar su estudio en serio.

La lección es que Guatemala puede combatir la corrupción enfocándose en liberalizar la economía y reducir las barreras al comercio internacional. Resulta más complejo operar cambios positivos en el aparato democrático y el sistema jurídico, aunque sí deben introducirse reformas conducentes a un Estado de Derecho maduro, característico del legado británico.

Este artículo fue publicado el 10 de enero del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.