¿Podría existir un lugar como Panem?

Victim of the Ukrainian famine/genocide of 1932-33

¿Ya vio la película Los Juegos del Hambre II: Prendiendo Fuego?  ¿Podría surgir un estado totalitario como Panem en el futuro?

Desearía pensar que el terrorífico estado totalitario de Panem vive solo en la imaginación de la autora de la popular trilogía Los Juegos del Hambre, Suzanne Collins. Pero Collins se inspira en Esparta y el imperio romano. El país se llama Panem por la notoria frase de Juvenal, panem et circenses.   Evoca también las dictaduras totalitarias del siglo XX: Stalin, Pol Pot, Hitler y Mao Zedong. Por tanto, Collins tiene el mérito de confrontar a una nueva generación con el horror que puede provocar el poder estatal. La mayoría de los integrantes de la Generación Y no conocen personalmente este tipo de régimen.  Sí tienen experiencia con gobiernos cada vez más entrometidos, más populistas, más voraces.  Con Estados Benefactores decaídos y quebrados, pero necios. Estas novelas y las películas inspiradas en ellas pueden despertar a muchos a una realidad poco comentada: hay personas de carne y hueso que pasan penas como Katniss y Peeta, pero en Cuba, Birmania y Corea del Norte, por nombrar algunos lugares.

Cuando mis  hijos empezaron a leer los libros, me asusté.  ¿Qué puede dejarles  una narrativa sobre un gobierno que obliga a niños a matar a otros niños, cual gladiadores romanos, para diversión de la clase privilegiada? Me parecía una barbarie. No sabía si Collins trivializaba la moralidad. Leí los libros y vi las películas para poder comentarlas con mis hijos. Comprendí que estas novelas irradian luz sobre la realidad.

Para empezar, Panem nace de una guerra que termina mal. Los ganadores centralizan y mantienen el poder sembrando el terror, así como la desconfianza y el odio entre doce distritos. Las personas son constantemente vigiladas. El poder difunde información fabricada, al punto que los pobladores de las empobrecidas periferias básicamente desconocen los lujos y caprichos de los capitalinos. Las autoridades afirman que los Juegos del Hambre fueron creados para pacificar a los distritos: anualmente toman de cada distrito dos “tributos”, niños entre 12 y 18 años, para que participen en una competencia hasta la muerte. Ésta es televisada, sirviendo de circo y distractor. Katniss y Peeta son los tributos del Distrito 12.

En Panem no hay propiedad privada. Las personas allegadas al poder vomitan para poder seguir comiendo las viandas que les da el gobierno, mientras muchos mueren de hambre. Cuando Katniss caza animales en el bosque cerca de su distrito, viola la ley pues sus presas son propiedad del estado. La hambruna es provocada por dañinas políticas públicas.  Existen barreras y regulaciones a la producción y al intercambio.  De hecho, montan los sofisticados juegos precisamente porque no logran suministrar el pan a todos los súbditos.

Katniss reflexiona: los juegos recuerdan a los ciudadanos que están a merced del gobierno.  Ella puede acceder a una buena casa y alimentos para sus seres queridos, no por un trabajo honrado, sino por matar. Katniss no ha recibido lecciones de ética, ni siquiera existe tal cosa en Panem, pero le repele la muerte de un inocente, así como la crueldad, la codicia y la hipocresía. Tiene un sentido natural de la virtud, aunque imperfecto.  Y su tragedia es tener que violar su ética para servir los intereses del opresor.

Peeta desea descubrir cómo demostrarle a la Capital que él no les pertenece. Efectivamente, un gobierno excesivo se adueña de nosotros y de nuestro trabajo. Katniss y Peeta están en la peor posición posible al haber sido seleccionados como tributos—hasta su vida romántica pertenece al estado. Ellos desean tomar control sobre sus vidas y liberarse de la opresión estatal. Y es que la libertad es un anhelo inherente al hombre.

Este artículo fue publicado el 13 de diciembre del 2013 en la revista Contra Poder y en CEES.

Fotografía tomada de Holodomor 1932-33, un sitio sobre una hambruna provocada deliberadamente por el gobierno de Ucrania.  Este hombre murió en la calle por hambre.

 

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