Corruptissima republica, plurimae leges

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¿Cree Usted que el combate a la corrupción debe figurar en la agenda para el 2014?

El año 2013 arrancó con el anuncio presidencial que sería el “Año de la Transparencia”, y terminó con una bajísima calificación en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC).  Entre los 177 países incluidos en la medición, Guatemala se ubicó en el puesto 123; la nota descendió de 33 a 29, en una escala de 0 a 100.  ¿Cómo pudimos empeorar, siendo el combate a la corrupción una prioridad gubernamental?  ¿Y qué se puede hacer en el 2014 para alcanzar mejoras duraderas?

Las buenas intenciones no siempre se traducen en buenos resultados.  El “Año de la Transparencia” pudo ser un mero discurso demagógico, una iniciativa romántica, o un deficiente plan que acarreó consecuencias no intencionadas.

Las estrategias de combate a la corrupción suelen basarse en dos distintas premisas.  La primera se centra en el carácter de la persona: son viciosos los seres humanos débiles que ignoran o desprecian la rectitud y la moral.  La segunda explicación prioriza el marco institucional, pues incluso las personas virtuosas se corrompen si las reglas del juego les incentivan a hacerlo.  Según la primera premisa, los funcionarios públicos y la ciudadanía deben recibir clases de ética.  La segunda premisa invita a revisar los incentivos que imperan sobre las personas a fin de elevar los costos asociados al acto de corrupción.   Ambas explicaciones llevan verdad; no son mutuamente excluyentes.  Sin embargo, sospecho que la reforma institucional procura avances más notorios y más rápidos.

Un marco institucional sencillo y claro es transparente.  Los estudios demuestran la relación positiva entre libertad, transparencia y competitividad.  También asocian la complejidad y la arbitrariedad con la corrupción.  Guatemala debe seguir avanzando en la simplificación administrativa y la desregulación.  Es imperativo revocar leyes obsoletas y eliminar la tramitología engorrosa.  Así los ciudadanos no buscarán al político para que les conceda privilegios, protecciones y favores, y los funcionarios no extraerán rentas de recovecos legales y burocráticos.

No estamos descubriendo el agua azucarada.  Apunta en esta dirección el sabio y antiguo refrán “hecha la ley, hecha la trampa”.    La versión francesa es incluso más incisiva:  “las leyes son hechas para ser violadas”.  Se atribuye malicia tanto al legislador como al regulado, pues a veces quienes diseñan las leyes persiguen motivos que ocultan deliberadamente de la ciudadanía.  “Quien hace la ley, hace la trampa”, diríamos en castellano.   Y en la Antigüedad, Tácito planteó una visión macro: “Corruptissima republica, plurimae leges”. Es decir, los países más corrompidos son aquellos que más leyes tienen.

Tácito nos ayuda a comprender la deplorable calificación de Guatemala en el Índice de Percepción de Corrupción.  Existe una relación entre la calidad y la cantidad de regulaciones en un país, y la corrupción.  La excesiva legislación criminaliza actividades innecesariamente y pone obstáculos a las actividades lícitas de los ciudadanos.  Confrontados con una maraña impenetrable de regulaciones, los ciudadanos a veces ni siquiera saben si obran dentro del marco de la ley.  Además, la imprecisión y la discrecionalidad en la aplicación de las normas permite al funcionario público abusar de su poder para cosechar alguna ventaja personal.   Se erosiona el respeto a la normatividad y se borran las fronteras éticas.

Un buen propósito de año nuevo para las autoridades es actuar decisivamente en combatir la corrupción por la vía institucional.  Otros países han emergido de un severo estado de corrupción; este flagelo no tiene porqué ser una enfermedad crónica y terminal en Guatemala.

Este artículo se publicó el 3 de enero del 2014 en la revista Contra Poder y en el CEES.

 

Paz y felicidad

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¿Qué podemos hacer para crecer durante estas fiestas navideñas?

Nuestros líderes espirituales nos advierten sobre la paulatina paganización de las fiestas navideñas. Es fácil caer en un estado de ánimo agradable pero olvidado del sentido cristiano de la conmoción. Por eso les comparto un artículo que me envió una amiga titulado “10 Secretos de la Navidad para una sociedad posmoderna” por el Padre Alejandro Ortega. (Catholic.net) Centró mi atención en lo importante. Ortega identifica la virtud dominante de cada personaje en un nacimiento imaginario. De los ángeles aprendemos acerca de la espiritualidad, de San José acerca de la providencia, y del buey y el burro, la calma. No puedo resumir los diez secretos aquí, así que me enfoco en los cuatro más impactantes: el silencio, la esperanza, la humildad y la paz.

La nuestra es una cultura “hiperparlante”. Si Usted o yo hubiésemos presenciado el nacimiento del Niño Dios en Belén, poseídos de medios de comunicación modernos, ¡cuánto mensajito hubiéramos generado! No cesaríamos de subir fotos, incluyendo autorretratos, a Facebook. Pero si lográramos divisar a la elegante Virgen María, repararíamos en el valor del silencio.  Dice San Lucas que ella “guardaba todas las cosas, y las meditaba en su corazón”. La Biblia recoge pocas palabras manadas de sus labios, pero su silencio luce contemplativo y amoroso. Siendo la gran coprotagonista del momento cumbre en la historia, ella permanece callada. Debemos cultivar tanto el silencio exterior como el interior. Es preciso desenchufarnos de los estímulos externos, al tiempo que ponemos freno a la aprehensión, la imaginación, la susceptibilidad y otros ruidos perturbadores en nuestra cabeza. El silencio interior y exterior es necesario para meditar (orar), recargar baterías y poner las cosas en su justa dimensión.

Otra característica de nuestra sociedad es la desesperanza, la cual a su vez engendra la superficialidad. “La superficialidad es la enfermedad de los que no esperan nada,” sentencia Ortega. Sartre y sus seguidores convencieron a muchos que la esperanza es la peor locura porque todo está perdido. Ya no resta nada por conocer ni pico por conquistar. En contraste, el pueblo judío mantuvo la esperanza. Dios no los defraudó y envío a su Hijo para salvarnos. Quien espera en Jesucristo no alberga una vana ilusión. El optimismo cristiano educa el alma porque nos enseña a ver el mundo a través de gafas positivas; descubrimos lo bueno a nuestro alrededor y confiamos en un futuro mejor. Volcamos la vista hacia arriba, sin menospreciar lo mundano.

Arriba, en el firmamento, están las estrellas. Ortega sostiene que ellas nos enseñan humildad. Uno pensaría lo contrario dado que brillan como las estrellas de cine de nuestra época. Podrían ser el paradigma del glamur, de la obsesión por la apariencia externa y el afán por destacar. Pero el autor intuye que cada una resplandece según su tamaño y fulgor, sin acomplejarse o compararse con las otras, y sin buscar halagos. No envidian siquiera a la estrella elegida para guiar a los reyes magos. Las vemos sólo cuando oscurece, pero ellas brillan siempre:  “las mira Dios, y eso les basta” afirma Ortega.

El artículo finaliza con la virtud de la paz, ejemplificada por la Nochebuena. San Agustín definió la paz como “la tranquilidad del orden”, con lo cual apreciamos que es el resultado cosechado por quien cultiva el silencio, la esperanza, la humildad, la pobreza, la docilidad, la fe y las demás virtudes. La ventaja es que el esfuerzo por adquirir una virtud nos ayuda también a crecer en otras.   Quienes poblamos esta sociedad posmoderna podemos ser felices, si nos hacemos de hábitos virtuosos e imitamos a los protagonistas de la Natividad.

Este artículo se publicó el 20 de diciembre del 2013 en la revista Contra Poder y en el CEES.

 

¿Podría existir un lugar como Panem?

Victim of the Ukrainian famine/genocide of 1932-33

¿Ya vio la película Los Juegos del Hambre II: Prendiendo Fuego?  ¿Podría surgir un estado totalitario como Panem en el futuro?

Desearía pensar que el terrorífico estado totalitario de Panem vive solo en la imaginación de la autora de la popular trilogía Los Juegos del Hambre, Suzanne Collins. Pero Collins se inspira en Esparta y el imperio romano. El país se llama Panem por la notoria frase de Juvenal, panem et circenses.   Evoca también las dictaduras totalitarias del siglo XX: Stalin, Pol Pot, Hitler y Mao Zedong. Por tanto, Collins tiene el mérito de confrontar a una nueva generación con el horror que puede provocar el poder estatal. La mayoría de los integrantes de la Generación Y no conocen personalmente este tipo de régimen.  Sí tienen experiencia con gobiernos cada vez más entrometidos, más populistas, más voraces.  Con Estados Benefactores decaídos y quebrados, pero necios. Estas novelas y las películas inspiradas en ellas pueden despertar a muchos a una realidad poco comentada: hay personas de carne y hueso que pasan penas como Katniss y Peeta, pero en Cuba, Birmania y Corea del Norte, por nombrar algunos lugares.

Cuando mis  hijos empezaron a leer los libros, me asusté.  ¿Qué puede dejarles  una narrativa sobre un gobierno que obliga a niños a matar a otros niños, cual gladiadores romanos, para diversión de la clase privilegiada? Me parecía una barbarie. No sabía si Collins trivializaba la moralidad. Leí los libros y vi las películas para poder comentarlas con mis hijos. Comprendí que estas novelas irradian luz sobre la realidad.

Para empezar, Panem nace de una guerra que termina mal. Los ganadores centralizan y mantienen el poder sembrando el terror, así como la desconfianza y el odio entre doce distritos. Las personas son constantemente vigiladas. El poder difunde información fabricada, al punto que los pobladores de las empobrecidas periferias básicamente desconocen los lujos y caprichos de los capitalinos. Las autoridades afirman que los Juegos del Hambre fueron creados para pacificar a los distritos: anualmente toman de cada distrito dos “tributos”, niños entre 12 y 18 años, para que participen en una competencia hasta la muerte. Ésta es televisada, sirviendo de circo y distractor. Katniss y Peeta son los tributos del Distrito 12.

En Panem no hay propiedad privada. Las personas allegadas al poder vomitan para poder seguir comiendo las viandas que les da el gobierno, mientras muchos mueren de hambre. Cuando Katniss caza animales en el bosque cerca de su distrito, viola la ley pues sus presas son propiedad del estado. La hambruna es provocada por dañinas políticas públicas.  Existen barreras y regulaciones a la producción y al intercambio.  De hecho, montan los sofisticados juegos precisamente porque no logran suministrar el pan a todos los súbditos.

Katniss reflexiona: los juegos recuerdan a los ciudadanos que están a merced del gobierno.  Ella puede acceder a una buena casa y alimentos para sus seres queridos, no por un trabajo honrado, sino por matar. Katniss no ha recibido lecciones de ética, ni siquiera existe tal cosa en Panem, pero le repele la muerte de un inocente, así como la crueldad, la codicia y la hipocresía. Tiene un sentido natural de la virtud, aunque imperfecto.  Y su tragedia es tener que violar su ética para servir los intereses del opresor.

Peeta desea descubrir cómo demostrarle a la Capital que él no les pertenece. Efectivamente, un gobierno excesivo se adueña de nosotros y de nuestro trabajo. Katniss y Peeta están en la peor posición posible al haber sido seleccionados como tributos—hasta su vida romántica pertenece al estado. Ellos desean tomar control sobre sus vidas y liberarse de la opresión estatal. Y es que la libertad es un anhelo inherente al hombre.

Este artículo fue publicado el 13 de diciembre del 2013 en la revista Contra Poder y en CEES.

Fotografía tomada de Holodomor 1932-33, un sitio sobre una hambruna provocada deliberadamente por el gobierno de Ucrania.  Este hombre murió en la calle por hambre.

 

Guatemala y la Inmaculada en 1855

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La Inmaculada Concepción ha sido una fiesta grande en Guatemala por más de 150 años.  Resulta grato leer sobre la primera celebración, en 1855, cuando se proclamó el dogma. Desde un inicio imbuimos la festividad de amor mariano y un innegable sabor guatemalteco.  

El ahora Beato Pío IX confirmó una creencia de siglos mediante la constitución Ineffabilis Deus de 1854: la Virgen María, “en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios…fue preservada inmune de toda mancha de culpa original.” Si analizamos las prácticas religiosas en la historia, notamos que ya para el siglo V, los fieles en Oriente conmemoraban el nacimiento de la Virgen María. La arqueología parece confirmar la tradición según la cual María nació en Jerusalén, justo donde se erigió la Iglesia de Santa Ana, actualmente bajo administración francesa. Dado que su natalicio se celebraba el 8 de septiembre, en 1476 Sixto IV fijó la fecha de la Inmaculada Concepción nueve meses después.

A Pío IX, nacido Giovanni Maria Mastai-Ferretti, hombre culto y de ideas liberales, le tocó transitar hacia una Iglesia moderna desligada del poder terrenal. En 1868, convocó al Concilio Vaticano I, donde se estableció la doctrina de la infalibilidad papal. Las sesiones se suspendieron en 1870 porque Roma fue anexada por el Reino de Italia y los Estados Papales dejaron de existir. Ningún otro Vicario de Cristo ha hecho cabeza por más años; su pontificado duró 31 años, 7 meses y 23 días. Publicó 32 encíclicas  y fue el primer papa fotografiado. Le tocó un tiempo convulsionado, dentro del cual la solemne misa del 8 de diciembre de 1854 luce como un grato parón.

Entre cantos en latín y griego, el pontífice invocó al Espíritu Santo y leyó el anuncio con emoción. Luego coronó una imagen de la Virgen.  Esa noche, Roma festejó con conciertos de música clásica. Se iluminaron las cúpulas del Vaticano y del Capitolio.   Nuestro país fue representado por el presbítero doctor Bernardo Piñol y Aycinena, quien ya para entonces había sido nombrado obispo de Nicaragua.

Portando la bula para entregar al arzobispo, Piñol retornó al país a principios de julio de 1855. Cabe notar que tan sólo habían transcurrido nueve meses desde la firma del Concordato, el 10 de octubre de 1854, suscrito por Pío IX y el Presidente Rafael Carrera para normar las relaciones entre la Iglesia y el gobierno. A escasos once días de establecer el concordato, Rafael Carrera había sido proclamado presidente vitalicio.

En este contexto se organizó rápidamente la celebración para dar a conocer la buena nueva en Guatemala. Todo quedó inmortalizado en un folleto que publicó el Arzobispo García y que es citado por el historiador Agustín Estrada Monroy. Resulta absolutamente encantador, y predecible, el hecho que en por lo menos dos ocasiones “la ciudad estalló en una cohetería ensordecedora”, según relata Estrada Monroy, antes y después de la misa celebrada el domingo 22 de julio. Además, sonaron todos los campanarios desde las cinco de la mañana. Dispararon salvas de artillería en los fuertes de San José y Matamoros, y en la Plaza de Armas.

El detalle más conmovedor fue que los vecinos limpiaron “escrupulosamente” las calles y decoraron sus casas con flores, al punto que “la ciudad entera pareció estar cubierta de un inmenso jardín primaveral”. Colocaron las flores una vez había repicado la gran campana de la Catedral, luego de que se anunciara la bula formalmente. Dentro de la catedral, los fieles se arrodillaron cuando Piñol leyó la definición dogmática.

El edicto se imprimió y la fiesta se difundió por todo el país hasta merecer el nombre de “Día Clásico de Guatemala”. Tras fallecer su esposa en 1855, Rafael Carrera donó sus joyas a una imagen de la Inmaculada Concepción en la Catedral, y ésta recibió el apelativo de “Primera Dama de la Nación”.

Este artículo fue publicado el 6 de diciembre del 2013, en vísperas de la Quema del Diablo, en la revista Contra Poder y en el CEES.

Foto de la imagen de la Inmaculada Concepción en la Catedral Metropolitana en la ciudad de Guatemala, 2013.

 

 

 

 

 

 

Pan, circo y televisores regalados

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Si el gobierno le abriera las puertas de un comercio de par en par, ¿entraría a saquear mercancías, a sabiendas que hurta? ¿Es excusa suficiente la necesidad percibida?

“Pan y circo” es el lema de quien heredó el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, Nicolás Maduro.   Aparentemente, cosechar votos es el fin último del socialismo del Siglo XXI.  Maduro hará cualquier cosa, por disparatada que sea, para aferrarse al poder.  Cuando se percató de la rápida erosión de su caudal electoral, en vísperas de unas cruciales elecciones municipales programadas para el 8 de diciembre, decidió ofertar equipos electrónicos y electrodomésticos a precios irreales.  Intervino militarmente los comercios privados, entre ellos la cadena Daka, y encarceló a más de cien empresarios.  Los acusó de cobrar precios excesivos, así como de especulación y usura.

“¡Qué nada quede en los anaqueles, ya basta!”  espetó Maduro en un mensaje televisado.  En el mejor de los casos, se formaron largas colas pues, a precios prácticamente regalados, aún los opositores del régimen querían adquirir televisores, máquinas de coser o refrigeradores.   Pero como era de esperar, las turbas saquearon tiendas en Valencia, Naguanagua y otros sitios, frente a las narices de indiferentes guardias e indignados espectadores que filmaban el hurto.  Los saqueadores ya ni siquiera pagaron los bajos precios fijados por el gobierno.  Vista objetivamente, la medida estatal sólo puede calificarse de robo.  El gobierno de Maduro trascendió las etiquetas de populismo y socialismo: es, ni más ni menos, una vil cleptocracia.

¿Porqué Maduro pierde popularidad?  Precisamente por haber destruido otros sectores económicos de la misma forma que desmanteló el comercio de electrónica y electrodomésticos.    Maduro tiene que ofrecer circo porque en Venezuela literalmente ya no hay pan, acota Mary O’Grady de The Wall Street Journal.  Escasean diversos artículos básicos: leche, harina, aceite, papel sanitario y otros.   La escasez está vinculada con la hiperinflación.  Venezuela mantiene un férreo control de cambios que cotiza cada dólar estadounidense a 6.3 bolívares.  Sin embargo, la mayoría de comerciantes no consigue dólares al tipo de cambio oficial y debe recurrir al mercado negro, a 10 veces el valor oficial, alrededor de 60 bolívares por dólar.   Los precios de mercado reflejan dicha realidad, la inestabilidad y los costos impuestos por otras arbitrariedades.

El descalabro económico en este país petrolero, antes próspero, se debe a una mala administración estatal, controles gubernamentales excesivos, la persecución del sector privado y una desbordada tasa de inflación anual que supera el 54%.  Según The Economist, Venezuela tiene la moneda más sobrevaluada de toda la región.   Nicolás Maduro, ex conductor de camionetas y sindicalista, maneja la grave crisis atacando a la iniciativa privada y violando los derechos de propiedad.   Dicen que ya tiene en la mira a las ventas de ropa y de autos.   Sigue así los pasos de su mentor:  durante sus catorce años de gobierno, Chávez expropió o se apoderó de más de mil compañías.

El presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), Jorge Roig, opina que no puede triunfar en Venezuela un modelo que fracasó mundialmente.  El país ocupa el puesto 181 de 189 países en el Índice de Hacer Negocios del Banco Mundial.   Más de 4,700 empresas han desaparecido por nacionalización o quiebra.  “La tasa de mortalidad de los negocios continuará”, dice Roig.   A Maduro se le escapa la relevancia de la libertad de los mercados,  la inviolabilidad de los derechos de propiedad y de contrato.   Por ello la gloriosa revolución bolivariana, el supuesto paraíso que instauraría el socialismo del siglo XXI, es un infierno invivible.

Este artículo se publicó el 22 de noviembre del 2013 en la revista Contra Poder y en el CEES.

Collage elaborado con fotografías tomadas de distintas fuentes noticiosas electrónicas.

 

Ventajas de socializar el subsuelo

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¿Por qué la explotación del subsuelo se ha vuelto tan vilipendiada en Guatemala?  ¿Podríamos cosechar mejores resultados cambiando las reglas del juego?

La sociedad cosecharía muchos beneficios si el subsuelo perteneciera a quien posee la superficie, es decir, al superficiario.  Así opina el economista y empresario Guillermo Yeatts, autor argentino de más de una docena de libros.   Yeatts estuvo en Guatemala la semana pasada para recibir el doctorado honoris causa de parte de la Universidad Francisco Marroquín.

En América Latina, el subsuelo ha sido propiedad del Estado desde época colonial.   Narra Yeatts que la Corona Española se adueñó, desde el siglo XII, de toda la riqueza mineral en su territorio, y amplió este reclamo cuando descubrió minerales preciosos en el nuevo continente.  Tras la independencia, los gobiernos perpetuaron dicho esquema.   En cambio, en Estados Unidos, los dueños de la superficie poseen también el subsuelo, y ello explica la riqueza generada por la explotación privada de diversos minerales, gas y petróleo.

El contraste se aprecia en una sucinta caricatura, explicó Yeatts.  Ésta retrata a un norteamericano y un sudamericano que perforan pozos en sus respectivas parcelas.   De ambos pozos emana petróleo, pero el sudamericano ve con tristeza cómo fluye el líquido negro, mientras el norteamericano celebra su buena suerte.

El primer beneficio de socializar la propiedad del subsuelo es que revelará el verdadero valor de los bienes subterráneos escasos.    El subsuelo es valioso.  Daremos un uso más eficiente a los bienes de la superficie y del subsuelo.

En segundo lugar, las decisiones respecto del uso de los recursos se tomarían con base en criterios económicos, reemplazando una asignación política que suele ser arbitraria y corrupta.   La asignación política invita a la búsqueda de rentas y a la concesión de monopolios, subsidios y otras protecciones que a la larga empobrecen al grueso de la población.

Una tercer ventaja es que desvanecerá la conflictividad que genera la indefinición de derechos.   Socializar el subsuelo equivale a clarificar quién tiene derecho a qué, con lo cual las partes que entren en conflicto pueden negociar entre sí de una forma constructiva.

Un cuarto logro consiste en permitir a las comunidades cosechar los beneficios derivados de la generación de riqueza en su localidad.   Usualmente, las tierras con riqueza mineral, petrolera y de gas no se prestan para usos agrícolas y ganaderos.  Muchos habitantes en estas regiones viven en condiciones paupérrimas, cuando sus pueblos podrían ser polos de desarrollo prósperos.

En quinto lugar, se imputarían los costos de los daños provocados a terceros directamente a los actores responsables.  Ellos también cargarían personalmente con las pérdidas en caso fracase su proyecto de inversión.  Hoy día, los gobiernos en América Latina trasladan a los tributarios costos altos, frecuentemente ocultos, por exploraciones millonarias infructuosas.

Finalmente, la socialización del subsuelo mejora el cuidado del medio ambiente y del patrimonio arqueológico,  pues los dueños buscan la sostenibilidad tanto de la superficie como del subsuelo en el futuro.  Se comportan en forma contraria a un ente estatal o un concesionario que no tiene lazos permanentes con el recurso, y cuyo permiso para explotar es temporal.

En Guatemala,  una reorganización institucional de este tipo requeriría modificar el artículo 121 de la Constitución Política de la República, lo cual no es fácil.   Y quienes están acostumbrados a trabajar bajo el conjunto de reglas actuales no necesariamente lucharán por cambiar la normativa, pues ello siempre implica recalcular  los costos y beneficios de sus operaciones.  Sin embargo, esta solución aliviaría numerosos problemas que actualmente aquejan a nuestra sociedad.

Este artículo fue publicado el 15 de noviembre del 2013 en la revista Contra Poder y en el CEES.  Fue reproducido en HACER Latin American News el 19 de noviembre.  También fue reproducido por la Red de Amigos de la Naturaleza (RANA) en su página en Facebook, y en la página Libertad, Prosperidad y Democracia.

La foto es tomada de New Media de la Universidad Francisco Marroquin.

Progresar o florecer

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El prócer estadounidense Charles Carroll, católico, rezó para que las libertades civiles y religiosas conquistadas por su revolución duraran y se difundieran a toda la familia humana.  ¿Qué diría Carroll si pudiera ver el mundo actual?

¿Usted cree que los católicos solamente pueden albergar tendencias “de izquierda”?  Algunas personas opinan que la redistribución del ingreso y la colectivización de la sociedad son prácticamente prescripciones cristianas.   Por este motivo, desde la democracia cristiana y el social cristianismo, hasta la más radical teología de liberación, han reclutado adeptos que son creyentes.  Por otra parte, algunos liberales han sido hostiles a la religión.  Por estas tierras, el liberalismo à la Comte fue ferozmente anticlerical.   Y son chocantes a oídos cristianos las apologías del utilitarismo, materialismo, individualismo y egoísmo.

De allí que prácticamente olvidáramos que la idea de la libertad personal emana del cristianismo.   No sólo es posible, sino natural, esbozar una postura católica en favor del gobierno limitado, el mercado libre y el progreso, afirma Samuel Gregg en su nuevo libro, Tea Party Catholic.   Los seres humanos, hechos a imagen de Dios, estamos llamados a emplear nuestra libertad para convertirnos en la mejor persona que podemos ser.

El título del nuevo libro de Gregg puede despistar.   No describe al nuevo movimiento conservador llamado Tea Party, cuyos allegados protestan contra altos impuestos y una deuda fiscal desbordada.  Tampoco es una mera radiografía de la  cultura estadounidense, vista por un inmigrante australiano.  Gregg espulga tres fuentes: documentos oficiales del Vaticano, ensayos por los padres fundadores de la república, y libros por católicos en la modernidad.  Así, destila el particular aporte del catolicismo a una comprensión integral de la libertad.

Para un católico, libertad no significa poder hacer cualquier cosa, sino auto-gobierno.  Como decía San Agustín: “el que es bueno es libre aún siendo esclavo; el que es malo, aunque sea rey, es un esclavo, y no de otro hombre, sino de tantos amos como tenga vicios.”  En la encíclica Libertas (1888),  el papa León XIII acota que Dios nos hizo libres, y que la libertad es el “más alto de los atributos naturales”.

Gregg alude a una pluralidad de caminos en dos planos distintos.  Por un lado, habla de las múltiples vías de argumentación que sirven para justificar la libertad personal, como por ejemplo la vía católica versus la vía libertaria.  Por otra parte,  reconoce que cada persona debe encontrar su propio camino para florecer.  Cada individuo busca la verdad y el bien, sin caer en relativismos, poniendo medios divergentes.

La libertad religiosa fue exaltada por los primeros colonos americanos, sobre todo por católicos que habían sido discriminados en la Inglaterra anglicana.  El católico y padre fundador de los Estados Unidos, Charles Carroll,  insistía en que la libertad religiosa no debía conducir a un indiferentismo tal que se llegara a pensar que todas las religiones eran igual de significativas o irrelevantes.  Se requiere de libertad para discutir y descubrir la verdad, sin caer en violentos conflictos por causa de los desacuerdos.  El Papa Benedicto XVI una vez reconoció que “el Estado mismo debe ser secular precisamente por aprecio a la religión en su autenticidad, que sólo puede ser vivida libremente.”

Los católicos podemos construir puentes, con base en principios, que unifican la defensa de la libertad religiosa, con el respeto a la libertad económica y al gobierno limitado.   Un gobierno que se extralimita en sus funciones y que entrampa el funcionamiento de los mercados, elige ignorar la dignidad inherente de la persona.   Además, corroe el tejido social sobre el cual descansa la sociedad libre; puede destruir o desvirtuar a la familia y corroer la moral cultural.

Este artículo fue publicado el 8 de noviembre del 2013 en la Revista Contra Poder y CEES.  El 11 de noviembre fue reproducido por HACER Latin American News.  Sarah Stanley reseñó el artículo en el Acton Institute Power Blog también el 11 de noviembre.

La foto es tomada del blog oficial del libro por Samuel Gregg.