¿Cómo salir de pobres?

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Generar crecimiento económico localmente supera con creces una dependencia servil, pero ¿por qué cuesta tanto cambiar el paradigma? ¿Es artificial la escogencia entre el comercio y las dádivas internacionales?

En este debate, la Organización de las Naciones Unidas es una voz tanto influyente como ambivalente.  Cuando en 1992 su Asamblea General dispuso que cada 17 de octubre se celebrara el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza,  el ideal reinante era combatir la indigencia con regalos y transferencias forzadas de riqueza.   Este año, la ONU retoma dicha línea, pues para la conmemoración escogió como tema focal la discriminación política hacia los pobres.  Apela al sentido de culpa entre primermundistas y a la mentalidad de víctima entre los tercermundistas.  Al solicitar transferencias financieras hacia los países más necesitados, parece requerir aportes de unos gobiernos a otros gobiernos.  Insinúa que la llave para el éxito está en la arena política y no en el mercado.

En el pasado, no obstante, la misma entidad multinacional reconoció que la única salida es “el crecimiento económico sostenido, sustentado por una productividad creciente y un entorno favorable, incluida la inversión privada y la capacidad empresarial.” (Resolución 63/230 del Segundo Decenio para la Erradicación de la Pobreza)

Una razón por la cual urge romper con el patrón donante-dependiente es que éste entorpece las iniciativas locales.   Quienes ayudan poseen buenas intenciones, pero sin pretenderlo matan a pequeñas empresas domésticas, desmotivan la innovación y el emprendimiento, y en ocasiones alimentan la ineficiencia y la corrupción burocrática.  Crean relaciones paternalistas.  El donante, dueño de los recursos requeridos para el desarrollo, pasa a decidir el futuro el país receptor de la ayuda.   El sacerdote Robert Sirico, co-fundador del Instituto Acton, afirma que:  “los esfuerzos de todas las instituciones caritativas que hemos visto en el último siglo, no han provocado la salida de la pobreza de los más pobres entre los pobres…sí lo logra la empresa—la aplicación de la inteligencia humana, la acción humana,  la voluntad humana, y el ingenio en el ámbito económico.”

Durante miles de años, la humanidad simplemente subsistió; la pobreza es el estado natural del hombre.  Los analistas deberían preocuparse por comprender cómo se crea y replica la prosperidad, pues éste es el acontecimiento histórico reciente.   La red internacional de asociaciones e individuos, PovertyCure, se plantea este reto.  Es decir, busca repensar la pobreza y dar con una compasión productiva.  Los fundadores produjeron una recomendable serie audiovisual que estudia a fondo la miseria, a través del testimonio de personas que luchan a diario contra el flagelo.

La dificultad de transitar hacia mejores modelos es una de las preguntas encaradas en el primer episodio.   Impacta la franca confesión de Michael Fairbanks, co-fundador de Seven Fund, una organización que invierte en soluciones empresariales para combatir la pobreza.   Él recuerda que Nicolás Maquiavelo, el filosofo político renacentista,  advirtió que las personas que detentan el poder obstaculizan el cambio cuando les representa pérdidas directas.  Ocurre en la industria de la cooperación internacional, según Fairbanks.   Y quienes tienen mucho que ganar del cambio no tienen poder, agrega.  La maquinaria de la cooperación internacional trabaja para si misma y no para el país supuestamente beneficiado.  “Tienes a todos estos consejeros afanados haciendo sus cosas, ostensiblemente trabajando para la gente, pero en realidad, sus amos están en Washington y Tokio y Londres y París,” sentencia Fairbanks.

Fijémonos en los efectos no deseados, de corto y largo plazo, de los programas de ayuda gubernamentales y privados.  Y actuemos en consecuencia.

Este artículo se publicó el 18 de octubre del 2013 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Las poderosas

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Surgió un nuevo movimiento de mujeres en Guatemala.  Las fundadoras eligieron Poderosas por nombre y “deja tu huella” como lema.   ¿Estamos frente a un nuevo grupo de presión que cabildeará por una agenda política feminista?

Según reportajes, el movimiento Poderosas pretende promover los derechos de la mujer guatemalteca.   En el sitio oficial,  sin embargo, no aparece un planteamiento político concreto.  La página nos habla directamente a nosotras.  Nos anima a contribuir para despertar conciencia y asumir responsabilidades en nuestra sociedad.

La primera actividad del movimiento es una exposición titulada Documenta.  El 12 de septiembre se inauguró una colectiva de arte en el Museo de Arte Moderno Carlos Mérida que estará abierta al público por cien días.   Participan 88 artistas.  Buscando mostrar al público alemán los avances del arte moderno y contemporáneo, el artista, curador y maestro Arnold Bode montó el primer Documenta en Kassel, Alemania, en 1955.   Bode estableció los criterios para futuras muestras de su tipo: cien días, pluralidad de artistas, y arte moderno.   Si no estoy mal, ésta es la primera Documenta en Guatemala.

Paralelamente, y también en el Museo, se desarrollan foros en los que mujeres profesionales discuten una gama de temas de relevancia social.  Estos debates ponen de manifiesto la dificultad de hacer caber múltiples voces dentro de un único cajón.  De hecho, por lo menos dos planteamientos trillados tienden a dividir en lugar de unirnos.

La primera postura, a veces elaborada desde el análisis marxista, sugiere romper con las estructuras sociales, económicas y políticas para liberar a la mujer.   De acuerdo con esta visión, el hogar, el esposo y los hijos nos opacan y esclavizan.    También nos oprimen las tareas cotidianas típicamente desempeñadas por mujeres, como tejer, cocinar y limpiar.  Y, si estas ataduras nos impiden alcanzar nuestro potencial, debemos volar solas, renunciando al matrimonio, a la maternidad, a la propiedad privada, al capitalismo y otros supuestos males. Tenemos que ser económica y emocionalmente independientes.   Tenemos que abrazar la liberación sexual y reproductiva, y tolerar el aborto.  Este discurso resulta excluyente y choca a todas las féminas que encuentran su realización dentro del matrimonio, siendo madres, o dedicándose a labores que ahora son menospreciadas.   Tras asumir voluntariamente tales compromisos, no los conciben como anclas sino como medios para alcanzar su felicidad.   Les incomoda que las minusvaloren y les digan que han optado por una vida anticuada.  Les duele ser acusadas de traicionar los logros del feminismo con sus escogencias.

Otra actitud controvertida es la de exigir privilegios, so pretexto de la marginación histórica de la cual fue objeto nuestro sexo.  Muchas rechazamos el gesto de estirar la mano pedigüeña.  Nos choca la debilitante mentalidad de víctimas.   Obviamente ningún abuso es moralmente admisible; no se trata de negar o justificar la violencia o el maltrato a la persona.  Tampoco nos conformamos con ser ciudadanas de segunda categoría.  Al contrario, preferiríamos un sistema basado en el mérito, y ganar espacios a fuerza de talento, esfuerzo e inteligencia.   Las mismas beneficiarias de las transferencias salen perdiendo cuando se habitúan a mendigar.  Pero es tenue la voz de aquellas que no aceptan los subsidios, las protecciones, cuotas o regulaciones que impliquen despojar a unos para darle a otros, en este caso mujeres.

Es comprensible que se politicen las causas, máxime cuando en una agrupación coexisten puntos de vista encontrados, y cuando tienden a dominar mensajes  agresivamente políticos.  Sería sano para las Poderosas, por tanto, forjar consensos exclusivamente en torno a principios básicos y generales, como la defensa de la libertad y el respeto a la dignidad humana.

Artículo publicado el 11 de octubre de 2013 en Revista Contra Poder y en el CEES.

Tokio 2020: ¿panacea o maldición?

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¿Es bueno o malo ser anfitrión de los Juegos Olímpicos?   Es curioso notar cómo los políticos y la población suelen ser entusiastas, mientras los economistas advierten que el éxito financiero no está garantizado. 

¿Pueden unos Juegos Olímpicos revitalizar a una economía moribunda?  Eso prometió el gobernador de Tokio, Naomi Inose, palpando la sed de optimismo entre los japoneses.   Aún intentan superar los duraderos efectos económicos del tsunami que devastó sus costas en marzo del 2011.   Éste provocó un desastre nuclear en la planta de Fukushima y redujo dramáticamente el influjo de turistas.  De allí que festejaran su designación como ciudad sede para las competencias deportivas, el domingo 15 de septiembre.  Y, como para validar la promesa gubernamental,  el índice bursátil Nikkei 225 subió 2.2 por ciento ese lunes por inversiones en empresas de construcción.  Casi no se percatan del Tifón Man-yi que azotó al archipiélago japonés ese mismo día.

Los japoneses secundan la ilusión de Inose y guardan buenos recuerdos de Tokio 1964.   Relacionan dicho evento con grandes inversiones en infraestructura, como el tren bala.  Suelen ignorar el hecho que a partir de entonces el gobierno ha recurrido a la emisión de bonos para cubrir deficits cada vez mayores.  Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda estatal del Japón ahora asciende a 230% del PIB; es la más alta entre los países desarrollados y sigue creciendo.   De forma similar, habiendo generado $15 mil millones de pérdidas, Atenas 2004 es parcialmente responsable de la grave deuda gubernamental que hoy oprime a Grecia.  Los juegos de invierno a realizarse en el 2014 en Sochi, Rusia,  requieren un gasto titánico que supera los $50 mil millones y provocan nerviosismo.   En tiempos recientes, sólo Pekín 2008 produjo una moderada ganancia, mientras que los anfitriones de Vancouver 2010 y Londres 2012 aparentemente salieron tablas.  El economista David Henderson concluye que todo depende de quién paga por la infraestructura: es preferible que inviertan las corporaciones privadas, a que los gobiernos pasen una abultada factura al contribuyente.

Alistarse para Tokio 2020 requerirá de inversión pública y privada.  Piensan remozar el estadio nacional y otros quince sitios, así como construir 22 instalaciones completamente nuevas.  Tienen previsto erogar $4.1 mil millones, pero como podrían advertirles los ingleses, los costos reales de construcción frecuentemente exceden lo presupuestado.   La experiencia cosechada por Gran Bretaña demuestra además que fueron efímeras las ganancias cosechadas por la industria hotelera y de alimentos, al igual que la creación de empleos.  No obstante, el inglés promedio sigue creyendo que fue algo positivo ser sede.

Una inyección olímpica no bastará en Japón.  El primer ministro Shinzo Abe lanzó un plan en tres partes conocido como “Abenomics”.   Consiste en imprimir más moneda para estimular el consumo, un programa de estímulo fiscal y la creación de nuevas zonas económicas, menos reguladas.  Abe ve las olimpíadas como un cuarto motor para reanimar la economía.  Pero el analista James Gruber predice una inminente crisis. (Forbes, 10-VIII-13)  Si las tasas de interés suben en tan sólo 2 puntos, ya sea por políticas estadounidenses o domésticas, el pago de intereses sobre la deuda se chuparía el 80% de los ingresos del gobierno.  Quedaría poco para cubrir compromisos como un seguro social que atiende a una población cada vez más envejecida.  La revista The Economist hace eco de la preocupación.  Si la desregulación no propicia un fuerte crecimiento, la crisis de deuda podría llevar al borde del colapso a las grandes empresas del Japón.  Por ello recomiendan una liberalización económica y la proliferación de nuevos emprendimientos.   Será interesante ver cómo la tercera economía más grande del mundo encara estos retos.

Este artículo fue publicado el 27 de septiembre del 2013 en la Revista Contra Poder y el CEES.

Mitos sobre la legislación

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¿Está decepcionado con la gestión del Congreso?  ¿Pensaba que estos diputados harían un mejor papel que los anteriores?  Cuatro mitos comunes exacerban nuestra frustración.

En Guatemala, como en otros países, los diputados nos defraudan.  Si no aprueban leyes, los acusamos de haraganes.  ¿Se acuerda cuando el Congreso aprobó el Decreto 1-2013 para reducir a la mitad el Impuesto sobre la Circulación de Vehículos (ISCV)?  Nos inquietó que era la primera ley producida en seis meses.   Cuando sí legislan, criticamos el producto.  Por ejemplo, protestamos por la Ley de Equipos de Terminales Móviles (Decreto 8-2013), no sólo porque se pasó de emergencia, sino porque anticipamos elevados costos debido al pretendido registro.  Acerca de la nueva regulación para los motociclistas, criticamos desde el color del chaleco que deben portar los motoristas, hasta su aplicabilidad.  ¿Será que pedimos demasiado?

Mito 1: El proceso político es unitivo.  Escuchamos frecuentemente que la política nos hermana y nos hacen converger hacia unas metas comunes.   La realidad es que ningún ideal romántico, tal como librarnos de la amenaza de robo de celulares, logra desvanecer nuestras preferencias disímiles.  La sociedad política está compuesta por individuos y grupos de interés, a los cuales nos asociamos libremente, con agendas variadas que riñen unas con otras.  Los consensos se forman solamente en torno a principios francamente generales y abstractos, como “no matar” y “no robar”.   La política no puede, por tanto, satisfacer a todos siempre.

Mito 2:  Nuestro representante es fiel.  Si no somos uno, piensan muchos, cuando menos elegimos representantes que hacen valer nuestras preferencias peculiares. Pero los analistas coinciden que la representatividad es compleja.  Por un lado, aún dentro de un distrito electoral homogéneo emergen variadas prioridades.  Es difícil comunicar a nuestro diputado lo que queremos que haga en cada instancia.  Entre elección y elección, el representante se distancia de nosotros.  Por otra parte, el diputado busca su propio interés e intenta congraciarse con su jefe inmediato o con su patrocinador de campaña, antes que con el elector.

Mito 3: La legislación cosecha el fin anhelado.  Es dañina la expectativa según la cual basta con aprobar una ley para solventar un problema.  Inventamos leyes para acabar con el calentamiento global y la desnutrición infantil.  Cuando el objetivo no se alcanza, reformamos la legislación y pasamos más leyes.  Desestimamos tanto los incentivos reales como las consecuencias no intencionadas que crea cada pieza legislativa nueva.

Mito 4:  El Congreso que legisla es eficiente.  Evaluamos el rendimiento del Congreso con base en el número de decretos aprobados.  Presionamos a los diputados a “hacer algo”, no importa qué exactamente, para “resolver” el abanico de peticiones sectoriales.  No exigimos que promueva iniciativas coherentes, ni que respete los límites constitucionales, ni que tenga en cuenta legislación preexistente.  En vez de contar con un conjunto de leyes claras, conocidas, estables y justas,  ya rebasamos la marca de 68,000 leyes vigentes (y eso según un viejo estimado, del 2008, de la Comisión Presidencial para la Reforma y Modernización del Estado), de las cuáles casi la mitad son obsoletas.  ¡Es imposible conocerlas y acatarlas todas!

Es mejor abordar la política con lentes realistas que con lentes románticos.  Jamás será perfecto el proceso, pero puede mejorar.  Es de suma importancia una constitución de principios que subordine a gobernantes y gobernados por igual.  Tiene que estar por encima del vaivén electorero y ser de carácter general, abstracto y duradero.   Nos vendría bien una ley marco para hacer leyes, así como mecanismos para elevar el costo imputable al legislador si aprueba tonteras.  Además, deberíamos chapear la tupida jungla de leyes.

Este artículo fue publicado el 4 de octubre en Revista Contra Poder, CEES y HACER Latin American News.