Un Congreso desfasado

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El Congreso de la República está desfasado.  El 5 de septiembre, 92 diputados votaron a favor de la nueva Ley Marco para regular la Reducción de la Vulnerabilidad, la Adaptación Obligatoria ante los Efectos del Cambio Climático y la Mitigación de Gases de Efecto Invernadero.  Tal gesto hubiera encajado con un discurso popular hace siete años, pero no hoy.

Cuando daba de qué hablar la película sobre el calentamiento global del ex Vicepresidente Al Gore, Una verdad incómoda (2006), este decreto hubiera sido aplaudido.  Sin embargo, justo en estos días se divulgaron estudios que contradicen la principal justificación de esta normativa.

El cuarto considerando de la iniciativa de ley 4139, ahora el decreto 7-2013, afirma “que es universalmente reconocido que el calentamiento global es un fenómeno real…”.   ¡Ejem, ejem!  Es sumamente controversial, no universalmente admitida, la hipótesis según la cual aumenta la temperatura global.   La tesis sí fue una vaca sagrada y los científicos que osaban discrepar eran relegados, pero actualmente los bandos están más balanceados y libran una agitada batalla intelectual.  Ambas facciones escudriñan las mediciones presentes y cuestionan las predicciones futuras, sobre todo las emanadas del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), brazo de la ONU y abanderado del lobby climático.  Unos niegan que el calentón sea producto de la actividad humana, privilegiando como explicación las causas naturales.

Los mismos sondeos de la NASA, despacho estatal desde donde James Hansen lanzó la primera voz de alarma en 1988, muestran que la temperatura promedio mundial ha permanecido estable por casi veinte años.   Lo que es real, afirma The Global Warming Policy Foundation, es que la temperatura está estancada.  Pero hay más.  El Observatorio Pulkovo en San Petersburgo, Rusia, anunció que inicia una era glaciar.  Ya en el 2011 nos habían informado que la Sociedad de Astrónomos de América preveía un período de inactividad solar, similar al que se vivió entre 1645 y 1715, lo cual provocaría un ambiente más frío.  Y un informe, nada más y nada menos que del IPCC, constata que el período de enfriamiento no terminará sino hasta mediados de siglo.

El cuarto considerando de nuestra nueva ley afirma también que: “Guatemala es particularmente vulnerable a los efectos adversos del cambio climático, de los cuales tendrá que soportar una carga anormal y desproporcionada, con lo que se prevé el aumento de la magnitud y periodicidad de fenómenos naturales tales como tormentas y  amenazas de sequías…”   Un reportaje del 2 de septiembre de la prestigiosa National Geographic sostiene que a pesar de las predicciones anteriores, un nuevo modelo computarizado, el de mejor calidad que se haya desarrollado hasta la fecha, revela que el cambio climático contribuye a resguardar las costas americanas sobre el Atlántico de los huracanes.   Aunque la región centroamericana presentara un cuadro distinto al descrito por Barnes y compañía para América del Norte, el estudio demuestra que sobre la materia todavía hay mucha tela que cortar.

Por otra parte, en la Exposición de Motivos se enumeran algunas acciones y los compromisos que el Gobierno ya ha asumido desde 1995 relativos al cambio climático.  Las autoridades competentes no requerían de una nueva ley para ejecutar programas o educar a la población al respecto.  Entonces, ¿porqué aprobar esta legislación ahora?  ¿Será para canalizar dinero, codiciado por diferentes buscadores de rentas,  hacia un nuevo Fondo Nacional de Cambio Climático? ¿O para luego poder acusar a agricultores e industriales de afectar adversamente el clima con sus actividades productivas?  ¿O para obligar al Ministerio de Minas a elaborar un Plan Nacional de Energía que fortalezca la postura anti-minería?   Debemos evitar caer en el jueguito que politiza a la ciencia para satisfacer intereses sectoriales, y enfocarnos en soluciones sensatas y realistas a nuestros problemas.

Este artículo fue publicado el 13 de septiembre en la Revista Contra Poder y en el CEES.

Consultar el sitio de RED RANA para más información sobre este y otros temas ambientales.

 

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