Mercaderes de conflicto

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Estamos envueltos en un torbellino de conflictividad.  Convivimos con mercaderes del conflicto que se benefician de perpetuar y exacerbar la violencia.  ¿Qué podemos hacer?

Otro episodio de violencia en nuestro atribulado país: el 13 de junio masacraron a ocho policías en Salcajá, Quetzaltenango.  Días antes, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) anunció que se registraron 9.95% más asesinatos de enero a mayo de 2013, que durante el mismo tiempo en el 2012. Tememos el día, no tan lejano, en que el Índice de Estados Fallidos rebaje a Guatemala de la categoría “en peligro” a la peor clasificación, “en alerta”, junto con Somalia, la República Democrática del Congo y otros países ingobernables.

Los panelistas y los asistentes a un foro auspiciado por la Fundación Friedrich Naumann discutimos acerca de la conflictividad social.  (¿Acaso no todo conflicto es,  por definición, social?)  Acordamos que el marco institucional debe ser fortalecido.  Los choques de intereses entre los miembros  de una sociedad son inevitables.  Es más, si las decisiones son de índole colectiva, no se satisfacen las preferencias disímiles de todos los ciudadanos afectados por la medida.  Sin embargo, las personas logran resolver disputas sin agredirse cuando las reglas son claras y se hacen valer, y cuando se minimizan los abusos de poder y la arbitrariedad.

Por ejemplo, las civilizaciones occidentales encontraron que la propiedad privada es una institución reductora de la conflictividad.  Tanto el dueño como los demás saben cómo comportarse con relación al bien poseído; es factible negociar pacíficamente con base en los derechos ampliamente reconocidos a unos y otros.  En cambio, es prácticamente imposible descubrir una salida armoniosa cuando desconocemos quién tiene derecho a qué y bajo cuáles condiciones, o cuando los derechos no son defendibles contra amenazas por terceros.

Incluso cuando las reglas son eficaces, los mercaderes del conflicto representan una amenaza grave.  ¿Quiénes son?  Están los que lucran de la rebelión, y quienes, por operar al margen de la ley, protegen por la fuerza su forma de vida.  Están los que creen firmemente que “la violencia es la partera del nuevo sistema social”.   Ellos conducen nuestro barco al ojo de la tormenta; entre más altas y frecuentes sean las olas, mejor, porque sólo así estaremos dispuestos a prescindir del dinero, eliminar la propiedad privada y abolir las clases sociales.  Muchos extranjeros, portadores de estos lentes ideológicos, azuzan a los guatemaltecos.  En algunos casos, no desean injerir ellos la poción que nos venden a nosotros; retornan a la comodidad de sus democracias liberales cuando aquí se pone colorada la situación.   Finalmente, existen los oportunistas que buscan ganancia en río revuelto, incluyendo a los políticos que se auto proclaman capaces de restaurar la paz. Yo no incluiría en esta lista a quienes, debido a nuestra convulsionada realidad, usan la violencia para defender a su vida y sus familias de ataques en su contra.

Hemos visto en otros países latinoamericanos y en el nuestro, la unión de conveniencia entre algunos o todos estos actores antisociales.  Robustecer las instituciones de paz se convierte en una tarea titánica debido a estas alianzas, y ya por si misma es una tarea ardua.

¿Cuál es la mejor estrategia para disminuir el impacto de los mercaderes de violencia?  ¿Se puede negociar con alguien que no anhela la paz? ¿Con algunos, o con todos?  ¿Y qué les concederemos en la mesa de negociación? ¿Podemos ignorarlos, e intentar fortalecer el Estado de Derecho a pesar de sus acciones? ¿Podemos expulsar a los extranjeros revoltosos?  No sé las respuestas, pero discutamos las preguntas.  Para recuperar la paz (social), debemos cambiar los incentivos que imperan sobre estos grupos.
Publicado en la Revista Contra Poder y en el blog del CEES el viernes 28 de junio del 2013

Foto tomada del sitio: http://www.cbc.ca/gfx/images/news/photos/2009/10/07/w-imf-protest-cp-RTXPDW1.jpg

 

One thought on “Mercaderes de conflicto

  1. Hola Carol, Según yo, la única estrategia es llevar consecuencias a los actos ilegales que los agitadores realizan, es decir, aplicar la ley a los delincuentes y sin tener verguenza, ante la comunidad internacional, por hacerlo. ¿Secuestrar policías? ¿Asesinar policías? ¿Atacar convoy de soldados? (insertar aquí, mil ejemplos más). Todo es considerado conforme la ley como delito y se debe penar de acuerdo a legislación existente. Una vez haya consecuencias a los actos ilegales, los agitadores lo meditarán con más cuidado antes de seguir en esa actividad.

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