¡Distorsionada imagen!

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¿Quién labró la imagen dominante de Guatemala en el extranjero?  Esa imagen de dos bandos definidos, los malvados opresores contra las impotentes víctimas, inevitablemente confrontados hasta el advenimiento de la revolución social.   Nos indigna cómo nos ven desde afuera, sobre todo ahora que nos consideran genocidas…pero no sabemos cómo se reescribió nuestra historia.

Contribuyeron a difundir esta politizada caricatura los llamados internacionalistas o “sandalistas”.  Centroamérica recibió a una oleada de jóvenes extranjeros, aventureros y socialistas, luego del triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979.   Venían odiando el imperialismo yankee, armados con un lenguaje de “derechos humanos” y un sentido de culpabilidad.   Habían sido instruidos por ex hippies, opositores de la Guerra de Vietnam y protagonistas de los disturbios sociales de los años sesenta.  Luciendo distintivas sandalias Brickenstock, vinieron de Europa y Estados Unidos para ayudar a construir el paraíso comunista en Nicaragua y regar la revolución a los países vecinos.

Los internacionalistas comprendían algo que hoy se pretende nublar: venían a unas tierras donde los Estados Unidos y la Unión Soviética libraban su Guerra Fría.  Se insertaban en un conflicto internacional; por ello, debían conquistar la opinión pública en el primer mundo.   De allí que se dedicaran a redactar y traducir la literatura de los movimientos guerrilleros y del régimen sandinista, iniciar revistas y publicaciones bilingües, y producir películas y documentales.

Daban pláticas cuando retornaban a sus países de origen.  Muchos, como Lillian Hall, derivaban su credibilidad de sus logros académicos en prestigiosas universidades y de su experiencia práctica.  Mediante el movimiento del santuario, algunos internacionalistas se hacían acompañar de guerrilleros; se presentaban en los campus universitarios y en las iglesias bajo pseudónimo, y contaban historias sobre el terror que sembraban los militares y la promesa insurgente. Algunos, como Erik Flakoll, empuñaron las armas.  Recién llegado a Nicaragua en 1980, este cinta negra empezó a entrenar a las fuerzas especiales del ejército sandinista.  Fue guardaespaldas del comandante Tomás Borge.  Años más tarde, se arrepintió de haber reclutado a niños de 14 años y lamentó la corrupción dentro del régimen sandinista, pero en esos días la guerra lo justificaba todo. (http://www.guardian.co.uk/world/2008/feb/12/11)

Los internacionalistas trabajaron de la mano con organizaciones de cabildeo político, como por ejemplo  Red en Solidaridad con el pueblo de Guatemala (NISGUA), EE.UU. fuera de Centroamérica (USOCA)  y el Consejo de Paz de Estados Unidos.  Cultivaban activamente a políticos, reporteros y jóvenes, como constatan Allan C. Brownfield  y J. Michael Waller en The Revolution Lobby (1985).

¿Cuántas de estos activistas siguen añorando la revolución centroamericana? ¿Cuántos son ahora profesores, reporteros, diputados o influyentes figuras que aún difunden su sesgada y simplificada visión de nuestro país?

Publicado originalmente el 29 de mayo de 2013 en Siglo 21.

Ni bien había publicado este artículo, surgió un nuevo “internacionalista” entre revoltosos guatemaltecos.  No es un fenómeno del pasado.   Vea el artículo de Luis Figueroa al respecto, y mire esta foto que él adjunta a su publicación:

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