¿Qué tuitearía el Papa Benedicto XVI?

¡Hoy es el segundo día del Cónclave!  Quizás para cuando usted lea este artículo, los 115 cardenales electores hayan cumplido su misión.  O quizás aún aguardemos la fumata blanca, anunciándonos que contamos con un nuevo sucesor de San Pedro.  Escribí esta reflexión imbuida de una serena pero expectante paciencia, en parte como reacción al elegante ritmo que el Colegio Cardenalicio imprimió al proceso.  Los cardenales no apresuraron las cosas, dejando tiempo a la oración y sacando provecho de las congregaciones generales.

Lo cierto es que experimentamos fuertes emociones desde la renuncia de Benedicto XVI: tristeza, alegría, sorpresa, admiración, comprensión y esperanza.  Incluso sentimos hastío ante cataratas de reportajes veraces, ignorantes o maliciosos.   Poco después de la dimisión del papa, Enrique García-Máiquez dijo sentirse mareado: “cuánto vaticanista y vaticanólogo vaticanófilo o vaticanófobo blandiendo vastos vaticinios variados”… Pronto caímos en cuenta:  es imposible pronosticar un proceso a la vez humano y sobrenatural.

Lo anterior no significa que el histórico proceso supere todo análisis.  Una lección es que la influencia de Joseph Ratzinger sobre los cardenales ha sido abrumadoramente positiva.  Habiendo llegado a Castel Gandolfo, Benedicto XVI se despidió afectuosamente del mundo, se retiró a la capilla y permaneció en oración hasta el momento en que dejó de ser papa.  Reza continuamente desde entonces.   Advirtió con sencillez que estaba plenamente consciente de la gravedad de su decisión y que obraba en libertad.   No asignó prioridad al poder ni al prestigio humano.  Convencido que Jesucristo es quien guía y cuida a Sus fieles, quiso hacer lo que más convenía a la Iglesia.   Durante su pontificado, afrontó serios problemas “con gran decisión teológica y jurídica”, en palabras de uno de los cardenales a quienes encargó investigar los “Vatileaks”, el Cardenal Julián Herranz.  Benedicto XVI criticó la hipocresía, insistió en finanzas transparentes, e impuso la regla de “cero tolerancia” ante la pedofilia.  Construyó puentes ecuménicos con líderes de otras religiones y con no creyentes.  Sobre todo, reavivó nuestra fe y corrigió los errores doctrinales y los desvíos morales.

Confío que los cardenales se pondrán a la altura: votando con libertad y a conciencia.  Rezarán profundamente y buscarán el bien de la Iglesia.  Preferirán un sucesor que además de poseer las virtudes, la visión  y la solicitud pastoral que caracterizan a Joseph Ratzinger, goce de buena salud y sea un eficaz comunicador.

¿Qué podemos hacer nosotros?  ¿Qué nos tuitearía Benedicto XVI si pudiéramos plantearle semejante pregunta?  Así imagino la respuesta del papa emérito, en 140 caracteres:  “Dejad que Jesucristo viva en vuestros corazones.  Permaneced alegres, unidos en la fe.  Sostened a mi sucesor con vuestras cariñosas oraciones.”  Incluso desde antes que él fuera nombrado, empezamos a pedir por su pontificado.  Y el 19 de abril de 2005, se asomó a la ventana y se presentó como un “simple y humilde siervo en la viña del Señor.”

Publicado el 13 de marzo de 2013 en Siglo 21

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