¿Podría ser nuestro futuro?

Esta es la historia de Zoila Decepción, una mujer agricultora de 55 años.  Es el año 2026.

 

“Cuando en el 2013 aprobaron una ley que supuestamente traería el desarrollo integral a mi puerta, yo, Zoila Decepción, ya tenía arrugas y mis hijos ya estaban lograditos.  Recuerdo la ilusión que sentí esos días. ¡Finalmente, los diputados volteaban a ver el área rural! ¡Finalmente,  se preocupaban porque no pasáramos hambre y abundara el maíz, los insumos…todo!   Las frases como “modelos de producción  sostenibles y culturalmente pertinentes” sonaban bellas.  El Gobierno dirigiría una vía rápida para que nuestras vidas fueran mejores que las de nuestros padres.”

 

“Casi desde el principio, traicionaron mis esperanzas.  Bueno, repartieron parcelitas a personas sencillas como yo—pero como un tercio de lo distribuido cayó en manos de políticos, ignorantes sobre la vida de campo.  Luego, repartían semillas de baja calidad y tarde,  cuando ya había empezado a llover.  No lograban hacerlo a tiempo.  Cuando sentimos, cosechábamos menos maíz aunque ocupáramos más hectáreas para la siembra, y necesitábamos importar 250 mil toneladas de los granos para comer, pero no teníamos divisas suficientes. Quienes se arriesgaban a sembrar cosas que le gustan a los extranjeros, también sufrieron, porque no podían sacar su producto debido a altos precios de combustible y porque las carreteras estaban en estado calamitoso.  ¡Qué vergüenza!  Los noticieros extranjeros dicen que fabricamos nuestras hambrunas.”

 

“Se empezó a esfumar la gente experta en agricultura y en cultivos para exportación, la que podía invertir y arriesgar…hasta abandonaron su maquinaria.  Dicen las malas lenguas que se mudaron a países donde sí protegen y respetan la propiedad.   Quién sabe.  Sólo cerrando los ojos puedo recordar cómo eran aquellas grandes plantaciones bien irrigadas y cuidadas.  El poco ganado que queda está esquelético.  También se fueron los que querían montar hidroeléctricas y proyectos grandotes. ¿Quién iba a decir que se podía destruir riqueza?  Hasta los que hacen gobierno pasan penas ahora: bajó el PIB, bajó la recaudación, aumentó el déficit.   ¡La ONU dice que la pobreza extrema aumentó en 18% en 13 años!  ¡Vaya desarrollo!”

 

“La conflictividad y la violencia tampoco se redujo al pasar la ley.   Los patojos nos dicen que ahora sólo tienen dos opciones: o compiten por entrar al gobierno donde reina la corrupción, o se suman al crimen organizado.  Mis comadres y yo rezamos a diario para que nuestros patojos se mantengan honrados, pero algo de razón llevan.  Yo me pregunto cómo se embarrancó un país que prometía despegar en cualquier momento.  Ahora entiendo aquel dicho, que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.”

 

¿Sintió exagerado este cuento?  Los datos son reales.  Corresponden a Zimbabue, cuya economía cayó en picada entre 1990 y 2003 y aún languidece.  Guatemala evitará repetir sus errores si nos centramos en garantizar el acceso a derechos de propiedad claros, definidos, transferibles, y en consolidar un verdadero Estado de Derecho.

Publicado el 30 de enero del 2013 en Siglo 21Image

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