Nos elude el crecimiento económico

No hay guatemalteco que no sienta pesar por las oportunidades ecónomicas perdidas en los años pasados.  Cada año pensamos que éste pudiera ser un nuevo comienzo en términos de crecimiento ecónomico, pero conforme avanzan los meses se cae nuestro ánimo.  Desde hace siglos, se sabe cómo generar prosperidad—qué factores e instituciones contribuyen al crecimiento económico.   Esas condiciones no han cuajado en Guatemala, pero tampoco estamos condenados irremediablemente a ser pobres.  Podemos timonear en la dirección correcta, no solo uno de estos años, sino en cualquier momento.

Los análisis comparativos entre países nos enseñan que el fracaso y el éxito económico es fabricado por seres humanos.  No podemos culpar a factores exógenos de nuestro retraso, pues hay ejemplos de éxito con problemas similares.  La diversidad étnica no fue obstáculo para Canadá, ser un país pequeño no frenó a Israel.  Australia está geográficamente aislada, Taiwan es geopolíticamente marginada, India y Estonia tienen vecinos inestables, Japón carece de recursos naturales y muchos países han superado turbulentos pasados. Allan Dowd (Freedom and failed states, 2012) concluye que la mayoría de estados fallidos no son libres, mientras que la mayoría de estados libres no son fallidos.   Los guatemaltecos podemos aprender la lección antes de que agreguen a nuestro país en ese listado.

Dowd refuerza la idea que es crucial escoger buenas políticas públicas comparando las dos Coreas.  Comparten una misma historia, cultura y ubicación geográfica, mas sus sistemas políticos y económicos son opuestos. El PIB de Corea del Norte es de US $ 40 mil millones, el de Corea del Sur es de $1.57 billones.  La diferencia en el PIB per cápita es abismal: $1,800 contra $32,000.  Lo mismo es cierto de la mortalidad infantil:  26.2 contra 4 muertes por cada 1,000 nacimientos.   Diesiseis de los 24 millones de habitantes de Corea del Norte dependen de raciones de comida que les da el gobierno.  Un niño norcoreano promedio de 7 años pesa 20 libras menos y mide 8 pulgadas menos que su homólogo surcoreano.  Tenderá a morir 10 años antes. Los norcoreanos no son libres, no poseen propiedad, no pueden empezar negocios, no tienen acceso a mercados y están a merced de un gobierno que antes deja podrir las toneladas de alimentos que recibe regaladas de la ONU, que descontinuar su carrera armamentista.

“Los países con instituciones y políticas públicas más consistentes con la libertad económica tienen tasas de inversión más altas, un más acelerado crecimiento económico, niveles de ingreso mayores y una reducción más veloz de las tasas de pobreza,” escribió en el 2012 James Gwartney, el economista y editor del índice de libertad económica del Instituto Fraser.  Además, “superan a las naciones no libres en sus indicadores de bienestar” como lo son el ingreso per cápita, la esperanza de vida y las libertades civiles y políticas.   ¡No perdamos más tiempo!

Publicado el 6 de abril por CEES

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