Un Kruschev para Chávez, por favor…

Las noticias desde Venezuela son cantinflescas.  El presidente Nicolás Maduro afirmó que Hugo Chávez influyó en la elección del Papa Francisco, desde el Cielo.  No bromeaba: mírele usted la cara en el video.  Además, una señora de 53 años, Lourdes Alicia Ortega, quien tuiteó que “convertido en muñeco de cera está [Chávez]”, fue encarcelada por “desestabilizar el régimen”.   No sólo Lourdes sospecha que hubo engaño durante el apoteósico entierro; se especula sobre la fecha verdadera de muerte, y si yace expuesto el cadáver real.   Quizás algunas verdades permanezcan ocultas, pero la burda estrategia para crear un culto a la persona del líder de la revolución bolivariana es innegable.

 

Prometieron embalsamar su cuerpo, elevando así al autoritario latinoamericano al plano de Vladimir Lenin, Mao Zedong y  Ho Chi Minh.  Otro dictador embalsamado fue Iosif (José) Stalin, con quien curiosamente Hugo Chávez comparte la fecha de muerte oficial, 5 de marzo, aunque con 60 años de por medio.  No cabe en la cabeza que quisieran fomentar la comparación con el mandatario ruso, responsable de millones de muertes y de la represión conocida como la Gran Purga.  Pero el régimen chavista está siguiendo el guión del régimen estalinista en lo que respecta a la exaltación del caudillo.

 

El poder no cansa de repetir consignas como “yo soy Chávez”, y “viva Chávez siempre”.  Abundan los epítetos como padre del pueblo, profeta del socialismo del Siglo XXI, superhombre nietzscheano,  Robin Hood, Simón Bolívar reencarnado, benefactor, “mi comandante”, “corazón de mi patria”, huracán y más.  Escribieron canciones para él; pintaron idealistas retratos suyos.  Un bloguero dijo sentirse tan desolado como cuando murió su padre biológico y exclama: “’¡No moriste, te volviste inmortal!”, tan inmortal como el “otro” comandante Ché Guevara.  Agrega: “siempre invicto, ahora invencible”.   ¿Será que los manifestantes guatemaltecos pronto se pintarán al mitológico Ché en un cachete, y a Chávez en el otro?

 

En vida, el mismo Hugo Chávez cultivó su imagen.   Enfundado en la bandera, con Bolívar sobre su hombro, equiparó cualquier amenaza a su persona con una amenaza a la patria.  Humillaba y silenciaba a sus críticos, incluso violentamente.  Tapizó Venezuela con su retrato y sus eslóganes.  Nada era culpa suya: le achacaron al imperialismo yankee, o a otras causas externas, incluso el haberlo inoculado de cáncer.

 

Entra en escena Nikita Kruschev y su famoso “discurso secreto” de 1956.  Ya había terminado el XX congreso del partido comunista cuando Kruschev reunió a selectos gobernantes a media noche para hablarles sobre las consecuencias del culto a la personalidad de Stalin.  “Es ajeno al espíritu del Marxismo-Leninismo, e inadmisible, elevar a una persona o transformarlo en un superhombre poseído de características supernaturales como las de un dios.”  Miembros de la cúpula se enfermaron al oír sus palabras, pero ellas provocaron el proceso de des-estalinización de la Unión Soviética.  En 1961, el cuerpo embalsamado de Stalin fue enterrado.   A Venezuela le urge su Kruschev.

Publicado el 20 de marzo de 2013 en Siglo 21.

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