El Papa Francisco y la Teología de la Liberación

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El Papa Francisco es fácil de querer porque es cercano, auténtico y espontáneo.  Esas cualidades son también las que provocan que sus comentarios sean tergiversados, mal interpretados o sacados de contexto.  Muchos observadores interpretan su estilo como una apertura a cambios radicales respecto del rol que juegan las mujeres dentro de la Iglesia, el matrimonio del mismo sexo y más.  Sostienen que el Papa Francisco no es tan conservador como se pensaba…pero están equivocados.  El nuevo pontífice, al igual que sus dos antecesores, defiende el depósito de la fe en su esencia inmutable, indistintamente de la corrección política de moda.

Para muestra un botón: la prensa internacional, y algunos teólogos de la liberación, anunciaron gozosos que el Vaticano ahora acoge su forma de pensar.  (Ver por ejemplo un artículo por Alessandro Speciale.)  Ello porque, merced a la solicitud del Arzobispo Gerhard Muller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Papa Francisco recibió el miércoles 11 de septiembre, en audiencia privada, al sacerdote peruano de 85 años de edad, Gustavo Gutiérrez.  Su libro Una teología de la liberación, publicado en 1971, le valió el mote de padre de esta corriente que cobró popularidad en los años setenta y ochenta.

Los hechos son los siguientes:  el Padre Gutiérrez estaba en Italia no para lanzar un nuevo libro marcado con el sello de aprobación del Vaticano, sino para relanzar un libro que escribió junto con Gerhard Muller hace nueve años, mucho antes de que Muller fuese nombrado prefecto: An der Seit der Armen—Theologie der Berfewuing.   Éste fue traducido al italiano.  A su vez, el Cardenal Muller fue nombrado prefecto por el Papa Benedicto XVI, un teólogo sin igual y un crítico de la teología de la liberación, con lo cual es difícil pensar que Muller se desvíe de la ortodoxia en materia teológica, a pesar de que se autoproclama discípulo y amigo de Gutiérrez.

La verdad es que el Vaticano no está dando marcha atrás, ni vueltas de gato, ni cosa por el estilo.  Los periodistas omiten datos importantes sobre 1) la evolución del pensamiento de Gutiérrez de 1971 para acá, y 2) la conocida postura del Cardenal Jorge Bergoglio, ahora Papa Francisco, respecto del tema.

En su época de apogeo en América Latina, los teólogos de la liberación más radicales fueron regañados y corregidos por el Papa Juan Pablo II y su sucesor.  ¿Quién puede olvidar la escena del Papa Juan Pablo II, en 1983, recriminando la desobediencia del padre Ernesto Cardenal, por no renunciar al cargo de Ministro de la Cultura con el gobierno Sandinista en Nicaragua?  Él y su hermano Fernando, Miguel D’Escoto, los hermanos Leonardo y Clodovis Boff, y otros teólogos de la liberación fueron sancionados.  Gustavo Gutiérrez fue investigado, y en 1983 el Vaticano envió a los obispos peruanos una lista conteniendo diez quejas contra sus escritos. En 1984 y 1986 vieron la luz dos documentos aclaratorios condenando los errores contenidos en la teología de la liberación. Su autor, Joseph Ratzinger, era entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y posteriormente fue nombrado Papa Benedicto XVI.  Gutiérrez fue investigado nuevamente en 1988.  En 1999, decidió hacerse dominico y en el 2001 se trasladó a la provincia francesa, distanciándose así de la polémica en América Latina.

Además, él reconoció algunos excesos en un discurso frente al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en 1996, estando presente el Cardenal Ratzinger.  Dijo: “un buen número de análisis y de propuestas enunciadas en años recientes (por la teología de la liberación) han perdido vigencia, numerosas discusiones y precisiones de ese tiempo no responden plenamente a los retos actuales. Ignorar estos cambios significaría encerrarse en el pasado, vivir de nostalgias y condenarse a vivir de espaldas a las personas de hoy”.

A mí no me satisface la anterior oración:  no representa una retracción ni una conversión.  Sí es, sin embargo, una moderación.  Gutiérrez aclara que no justifica el uso de medios violentos para alcanzar la liberación de los pobres.  Gutiérrez sigue analizando la pobreza, y mantiene interés por personajes como Bartolomé de las Casas, quien luchó por los indígenas (pobres).  Pero como evidencia la vida de Casas, la Iglesia Católica siempre se ha preocupado por el bienestar material y espiritual de sus fieles.  Cuando un incisivo reportero le preguntó a Gutiérrez cuál era la relación entre S.S. Francisco y la teología de la liberación, el dominico peruano respondió: “Vea yo no estoy tan interesado en la teología de la liberación, mas sí en el Evangelio. La Teología de la Liberación es una teología, pensada para recordar algo importante del Evangelio: la presencia de los pobres en el mundo, la opción preferencial por los pobres por parte de la Iglesia.”

No satisfecho, el reportero insistió y le preguntó si el papa está “llevando adelante algunas propuestas de la Teología de la Liberación”, a lo cual Gutiérrez nuevamente respondió: “Yo pienso, que tal vez, él esté llevando adelante el Evangelio, no exactamente una teología… Hablar de la importancia del pobre, del compromiso, de la solidaridad con los pobres… Eso viene del Evangelio. La teología de la liberación apenas recordó esto, no lo creó: ¡Está en el Evangelio! Y el papa es muy evangélico, su modo de actuar lo manifiesta.”   Algunos católicos bromean que si algo hay que objetar a la teología de la liberación, además de su faceta violenta y marxista, es que para un creyente la preocupación por el prójimo desvalido no es una opción–no es opcional–sino una actitud que define al cristiano que vive la caridad, la fe y la esperanza.

Por su parte, el papa Francisco se ha distanciado públicamente de la postura pro-Gutiérrez de Muller.   El 16 de septiembre, el pontífice se reunió con sacerdotes de la diócesis de Roma.  Un sacerdote le preguntó al papa sobre Gerhard Muller, la teología de la liberación y la “centralidad de los pobres en el ministerio pastoral”.  Al escuchar el nombre del prefecto, el papa lo interrumpió y le dijo severamente: “Eso es lo que piensa Muller, eso es lo que él piensa.”  Es decir, S.S. Francisco no comparte su forma de pensar.

Su antiguo profesor, Juan Carlos Scannone, confirma lo anterior.  También padre jesuita y director del Instituto de investigación filosófica en la Facultad de Teología y Filosofía de San Miguel, Scannone dijo en una entrevista recientemente que Bergoglio nunca endosó la teología de liberación de base marxista.  Su tendencia teológica no acepta categorías marxistas; sí concierne la forma en que gente corriente vive conforme al Evangelio.  “De hecho, la problemática de la piedad popular y de la evangelización de la cultura, e inculturación del Evangelio, es clave en esta línea teológica”, afirma Scannone.

Bergoglio era provincial de la Compañía de Jesús entre 1973 y 1980, cuando llamó al orden a unos hermanos implicados en la teología de la liberación.  Su firmeza fue correspondida con un “destierro” a Córdoba, sin competencias pastorales.  Sin embargo, no es cierto que él mantuvo vínculos con los militares y que fuera, de una manera u otra, cómplice del secuestro que padecieron dos sacerdotes teólogos de la liberación.  Al contrario, intentó ayudarlos discretamente.

Refresquemos la memoria, entonces, en torno a la posición oficial del Vaticano.  El Cardenal Juan Luis Cipriani de Lima dijo el 14 de septiembre que “la Iglesia no acepta la lucha de clases marxista” y agregó que en su última conversación con Gutiérrez, antes de que éste abandonara el Perú, le pidió rectificar algunas posturas de su juventud.  “Las escrituras de Gutiérrez aún necesitan ser corregidas,” opinó.

Según el Dr. Gustavo Sánchez Rojas, debemos esforzarnos por aplicar las enseñanzas de la Revelación a la vida diaria.  Sin embargo, la teología de liberación marxista pretende transformar la realidad social mediante la lucha revolucionaria, incluso con violencia.   La teología debe ser una reflexión sobre la Revelación y a partir de ella, y no desde la praxis de la lucha obrera o de los pobres en concreto.

“El asumir el análisis marxista…es el tema central y lo que trae esas desviaciones y riesgos de desviación “ruinosos para la fe y la vida cristiana” que también señalaba en su momento la “Libertatis nuntius”. Desde la asimilación del análisis marxista se reinterpreta todo lo cristiano y desde allí aparecen otra serie de problemas,” opina Sánchez Rojas.

Si se enfoca la salvación como un proceso político, social o económico, se deja de lado su dimensión divina. Jesús es visto como mero hombre, no Dios y hombre verdadero.  Y la Iglesia se ve reducida a un pueblo oprimido en busca de liberación terrenal.  La Eucaristía deja de ser sacramento para convertirse en un “momento de concientización ideológica”.   Adicionalmente, se redefine “pobre” para significar el proletariado, mientras en la Biblia el pobre es una persona humilde que confía en Dios.  La ideología marxista llevó a sacerdotes y religiosos a obviar su ministerio y a apoyar la lucha armada, en algunos casos empuñando fusiles.  Sánchez concluye que falta mucho por corregir y rectificar, y detecta un doble discurso en algunos teólogos de la liberación pues sus escritos originales siguen circulando sin haberse revisado, inclusive los de Gutiérrez.

En resumidas cuentas, el Vaticano dictaminó y mantiene que el católico no puede ser marxista, que no puede abonar a una lucha de clases violenta, que los religiosos no deben participar en la política partidista y que es preciso dotar al término “liberación” de una comprensión sobrenatural más que mundana.  Tanto el pecado como la salvación son asuntos pertinentes a la persona, no fenómenos colectivos.   Lo mejor será releer detenidamente las instrucciones de 1984 y 1986.

Todo lo anterior parece no bastar a quienes defendemos la libertad personal a capa y espada.  Quisiéramos que con el mismo plumazo con que el Vaticano condena el materialismo, el ateísmo, el totalitarismo y el colectivismo implícito en el marxismo, asuma el capitalismo o el sistema de libre mercado como la única alternativa para dignificar a la persona y vivir cristianamente.  Es decir, que trueque una ideología por su antítesis.  Muchos pensamos dicotomicamente: si no estás con los oprimidos, eres opresor; si no te defines como un liberal clásico, eres socialista (o comunista).  S.S. Francisco intenta a toda costa evitar ser ideológico.  Quiere colocarse por encima de esta batalla ancestral.  Y es que la temática socio-económica y política es para la Iglesia un terreno opinable. Dios nos hizo libres, también para seguir el dictamen de nuestra conciencia cuando nos debatimos entre sistemas socio-económicos y políticos, elegimos nuestra afiliación partidista, y deliberamos los méritos y desventajas de políticas públicas concretas.   Eso sí, debemos partir del principio que la persona humana, única e irrepetible, investida de dignidad sencillamente por ser hija de Dios, es el eje y centro de cualquier arreglo social.

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