Altruismo patológico

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¿Alguna vez ha sentido remordimiento al dar limosna a un mendigo, intuyendo que con ese acto que le hace más daño que bien?  Nos justificamos: me vio a la cara y me enjutó el corazón, peor es pasar por indiferente, no me corresponde convertirme en el buen samaritano y asumir la responsabilidad completa.  Es relevante la pregunta: ¿hay altruismos malos?

Seguramente usted recuerda por lo menos una instancia en la cual un acto bien intencionado produjo resultados negativos.  Por ejemplo, son frecuentes los informes sobre programas gubernamentales o la cooperación internacional que redundan en ineficiencias, despilfarro, corrupción o resultados deplorables.  No olvidamos las fotos de 2008 de haitianos muertos de hambre, mientras toneladas de alimentos donados se descomponían en los puertos, debido a la ineptitud de las autoridades y a regulaciones excesivas.  Según el grupo AIDMonitor, ocho de los nueve países que más fondos reciben de Estados Unidos también aparecen en el listado de los países más corruptos del mundo, incluyendo Uganda y Paquistán.   Grecia, que recién protagonizó una publicitada crisis de deuda, aún colabora en programas para ayudar a otros países.

Solamente en el 2012, los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dieron 125.6 mil millones de dólares estadounidenses en cooperación internacional.  La llamada “industria de la pobreza” emplea a alrededor de 250,000 personas directamente.  Entre el 2005 y el 2009, Guatemala recibió $495 millones en asistencia oficial para el desarrollo de 33 países donantes y 12 fuentes multilaterales.  Estas cifras revelan lo arraigada que está la noción del “gobierno altruista”, pero también invitan a reflexionar sobre la ausencia de espectaculares éxitos. ¿Dónde está la economía modelo que floreció merced a tales transferencias?  ¿Y el plan estrella que se replica por doquier?   En cambio, nos explican que la lucha contra la pobreza es entorpecida por fondos insuficientes y factores fuera del control del gestor.  Se tilda de radicales a las voces críticas, como la de Dambisa Moyo, economista de Zambia y autora de Muerte a la Ayuda.  Ella sostiene que la asistencia para el desarrollo es pésima porque alimenta la corruptela y la dependencia de los supuestos beneficiarios.

No obstante lo anterior, es impopular cuestionar el concepto de cooperación internacional.  Así mismo, es políticamente incorrecto confrontar el altruismo en general.   Los biólogos y los evolucionistas dicen que es una conducta aprendida a través de los años.   De niños nos enseñan que la generosidad es una loable virtud, y sin duda lo es.  Quizás sea el valor más exaltado por la Generación Milenio, dicen los encuestadores, pues un altísimo porcentaje de los jóvenes dona su tiempo al voluntariado en diversos esfuerzos humanitarios.  Según la investigadora Barbara Oakley, el altruismo es prácticamente una nueva religión.

Nadando contra corriente, la Dra. Oakley estudió los efectos no intencionados del altruismo en su recién publicado “Conceptos e implicaciones del prejuicio altruista y del altruismo patológico”.   Ella define una persona patológicamente altruista como alguien que sinceramente desea realizar el bien, pero que hace daño de tres formas posibles.  Puede perjudicarse a si mismo, al individuo o grupo que desea ayudar, o a terceros que no están en su mira pero que salen damnificados por su acción.   Una madre sobreprotectora que rechaza cualquier comentario crítico respecto de su hijo, o una novia que se resiste a dejar al novio abusador, son dos casos que caben dentro de esta definición.

Su trabajo está orientado a psicólogos y especialistas, pero también nos deja lecciones a nosotros.  Nos aconseja evitar el autoengaño y emplear un filtro racional en lugar de dejarnos llevar por sentimentalismos y emociones.  Tanto a nivel público como a nivel privado, aunque no sea inmediatamente obvio, podríamos hacer el mal y no el bien.

Este artículo fue publicado el 12 de julio en CEES y en la revista Contra Poder.

La foto es una porción de una gran obra escultórica por Berlinde De Bruyckere, titulada “Cripplewood”, exhibida en la Bienal de Arte de Venecia.  Es un madero hecho de cera, hierro, pintura, madera, tela y otros materiales.

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